En sus dos primeras horas de interrogatorio en el juicio por el 'caso Noos', Iñaki Urdangarin estableció sus bases de defensa. Lo primero de todo, proteger a su mujer, Cristina de Borbón. Por él, ella está sentada también en el banquillo de los acusados y es su turno de intentar que salga indemne de la vista oral. Lo segundo, salvarse él. La pregunta obligada es: ¿Pondrá de escudo a su suegro, el rey Juan Carlos I, para intentar demostrar su inocencia?

A pesar de los acercamientos previos del fiscal con los abogados de los dos cabecilla de la trama Noos para intentar conseguir un pacto, tanto el cuñado del Rey Felipe VI como su ex socio, Diego Torres, han optado por no reconocer ninguna de las acusaciones que hay contra ellos y defenderse para intentar no ir a la cárcel.

El ofrecimiento que tenían encima de la mesa era reconocer que habían maniobrado, junto con la ayuda de cargos políticos, para obtener dinero público de manera irregular, haber desviado gran parte de ese dinero a empresas suyas sin justificación real alguna, haber defraudado a Hacienda con su ocultación y haber blanqueado el dinero. Además debían devolver los 6,2 millones de euros de fondos públicos distraídos y haber asumido una pena de cárcel de entre seis y ocho años. Ante este escenario, han preferido arriesgarse a que la Audiencia Provincial de Palma o en última instancia en Tribunal Supremo crea su versión.

Los socios se reconcilian

Para buscar su salvación, el ex jugador olímpico de balonmano no puede jugar la partida solo. Así que a pesar de que Diego Torres ha sido quien se ha dedicado a airear todos sus correos electrónicos para intentar demostrar que Cristina de Borbón sabía las andanzas empresariales poco ejemplarizantes -dejando de lado, además, los correos que demostrarían las supuestas infidelidades del ex duque de Palma-, ha optado por hacer piña con él.

Los dos focos de Torres son, por un lado, sus cuñados Miguel y Marco Antonio Tejeiro, a quienes acusa de ser los artífices de toda la facturación falsa y tretas fiscales, y por otro lado la Casa Real. El ex vicepresidente del Instituto Noos lo dijo de manera reiterada: “La Casa Real ejercía un control total del Instituto Noos”. Varios trabajadores de la Casa, bajo mandato del entonces rey y padre de Cristina de Borbón, controlaban, supervisaban y colaboraran para que todos los trabajos y negocios de Urdangarin y, por tanto, de su socio fueran impolutas.

¿Estaba Juan Carlos I al corriente?

Durante el interrogatorio del yerno de Juan Carlos I, que continúa el próximo miércoles, bien a preguntas del fiscal, o bien del abogado de Torres, de la acusación popular Manos Limpias, o de su propio letrado defensor, tendrá que pronunciarse al respecto. ¿Dio su suegro la orden de controlar todo lo que hacían en Noos?; ¿Estaba en el día a día del Instituto el secretario de la infanta, Carlos García Revenga?; ¿Tenían que pasar todas sus decisiones por autorización de la Casa?; ¿El asesor del Rey supervisaba hasta el más mínimo detalle de sus agendas, reuniones y clientes?

Cuando responda a estas preguntas se acabará de visualizar hasta dónde llega el acuerdo entre los socios para salir a flote en el juicio. Están solos. La mayoría de los acusados les han responsabilizado de las fechorías realizadas en los gobiernos de Baleares y Valencia y Urdangarin debe tomar la decisión de si utiliza a la familia de su mujer como escudo.



Los tres escalones de control de la Casa Real

Torres fue muy preciso en sus afirmaciones sobre el papel de la Casa Real. El control era “total”. Lo dividió en tres escalafones. El primero, el que llevaba García Revenga. Su papel era estar en el día a día del Instituto. Todo debía pasar por sus manos. Nadie en el Instituto movía un dedo hasta que no recibían el visto bueno de la Casa.



Desde la impresora, que les decían cuál tenían que comprar, a fijar las citas, las reunionesy las comidas. Es más, en muchas de ellas el propio secretario de las infantas iba él personalmente. También tenía que analizar los clientes del Instituto y desde la Casa Real se decidía si se daba vía libre a esa toma de contacto.



En el segundo nivel estaba José Manuel Moreno Romero, conde de Fontao, y asesor y abogado de Juan Carlos I. Él era quien estaba por encima de García Revenga y ejercía labores de supervisión. En su caso, el contacto a pesar de ser constante no era diario como el anterior. Con la mano derecha del monarca se reunían periódicamente para ver los avances del Instituto. Él era la figura más próxima al Rey. El propio Torres lo dejó muy claro durante su interrogatorio. No se hacía nada si el conde de Fontao no lo autorizaba. Y si él decía que había que hacer algo se hacía sin cuestionarlo. Es por ejemplo, cuando en 2006 Moreno Romero viene con el mensaje de que Urdangarin ya no puede ser en el Instituto Noos porque habían comenzado a publicarse noticias negativas por la gestión sospechosa de dinero público por parte de un miembro de la familia real.

Cambio de versión

En la época, durante la fase de instrucción con el juez José Castro, cuando a Torres no le parecía tan bien buscar puntos de encuentro con su ex socio, aseguró al magistrado que la salida de Urdangarin fue solo “apariencia” porque en realidad siguió formando parte de Noos.



Ahora en el juicio, y con otro escenario distinto encima de la mesa, aseguró que entre todo decidieron que era la mejor idea que Urdangarín abandonara y así se hizo.

En el tercer escalón de supervisión de la Casa Real estaba Federico Rubio Carvajal, el asesor fiscal de la familia real, la persona encargada de hacer las declaraciones de la renta y controlar fiscalmente a todos los miembros de la familia del Rey. Según Torres, se trataba de la tercera pata del control. Todos los junios se reunía con Miguel Tejeiro, asesor de los socios, para revisar los datos fiscales del Instituto Noos y las sociedades del entramado. ¿Confirmará Urdangarin los tres niveles?

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