Las negociaciones in extremis duraron hasta la madrugada del domingo, cuando apenas faltaban unas horas para el inicio del Mobile World Congress (MWC), el gran evento tecnológico que centra todas las miradas esta semana en Barcelona.

La alcaldesa, Ada Colau, tomó las riendas y se puso al frente de la mesa de diálogo para evitarse una situación incómoda en una semana crucial para los intereses de la ciudad. Tras múltiples rondas de contactos durante el fin de semana, la alcaldesa afirmó que había hecho todo lo posible para frenar una huelga "desproporcionada". El ayuntamiento defendió que había hecho ofertas razonables para desconvocarla. Los representantes sindicales se levantaron finalmente de la mesa alegando que no había motivos para llegar a un acuerdo.

Este lunes empezó con nervios por los efectos que tendría la huelga en el transporte urbano. Lo cierto es que a parte de los casi 100.000 asistentes del MWC la crisis les resulta ajena: el centro de la ciudad y los aledaños del evento -ubicado en la periférica Feria de Congresos- están plagados de furgonetas de alta gama con logos de empresa que transportan a los participantes desde el hall de sus hoteles a la convención. Además, se habilitó un servicio de autobuses lanzadera desde el centro y refuerzos en las líneas de taxis. Muchos usuarios de metro se quejaban de que ellos, y no los visitantes foráneos, eran los verdaderos afectados por la huelga.

El metro de Barcelona abría sus puertas garantizando servicios mínimos del 50% durante las horas puntas –de 6:30 a 9:30 y de 16 a 20 horas- y del 30% durante el resto de la jornada.

Al entrar a la estación neurálgica de Plaza Cataluña, los efectos de la huelga se hacían visibles: las taquillas estaban cerradas, la afluencia de pasajeros era escasa, y letreros luminosos y mensajes de voz alertaban constantemente que “Transportes Metropolitanos de Barcelona (TMB) recomienda no utilizar el metro y optar por otras alternativas de transporte”. El enorme despliegue de efectivos de Mossos d’Esquadra, algunos ataviados con rifles pesados, daba fe de la relevancia que dan las autoridades al encuentro tecnológico.

Más allá de aglomeraciones a primera hora en algunas estaciones, la situación se ha mantenido en relativa calma en el transporte suburbano. No sucedía lo mismo en las vías de acceso terrestre: las dos rondas y las autopistas que conectan la ciudad estuvieron colapsadas debido al gran tráfico de vehículos privados.

El tráfico en Barcelona. Quique García Efe

"Se nota mucho la huelga, aunque mucha gente también ha optado por el coche particular. Entre el Mobile, la huelga y la lluvia de la mañana, esto ha sido una locura a primera hora", comentaba un taxista. A su vez, los buses urbanos circulaban más llenos de lo habitual. La recién estrenada L9 del metro, que conecta la zona universitaria con el aeropuerto, tiene parada ante la sede del MWC, y la frecuencia de paso de los convoyes fue superior a los 20 minutos. Según informó TMB, este lunes se registraron un 64% menos de validaciones que el lunes de la semana anterior.

“VERGÜENZA Y PROVOCACIÓN”

“Nos querían llevar a la una de la madrugada a negociar un convenio colectivo de tres años”, aseguró Óscar Sánchez, portavoz del comité de huelga de los trabajadores del metro. “Es una vergüenza y una provocación”, espetó el domingo refiriéndose a la última oferta que les hizo llegar el ayuntamiento y la dirección de TMB.

Los sindicatos que representan a los empleados de la red de transporte pedían un aumento salarial de 360 euros anuales y reclamaban que la descongelación de salarios sea lineal para no aumentar las diferencias entre lo que cobran los directivos y la plantilla. Pero la gota que colmó el vaso fue la sorprendente jugada de última hora de Colau: el ayuntamiento reveló los salarios de los trabajadores como medida de presión para que frenaran la huelga.

La Confederación General de Trabajadores (CGT), uno de los principales sindicatos del suburbano barcelonés, rechazó las cifras hechas públicas por el ayuntamiento, en que se apuntaba que el salario mínimo de los trabajadores del metro era de 29.000 euros brutos al año y que la media era de unos 33.000. Según los cálculos de la CGT, el personal adscrito al convenio colectivo ha sufrido un recorte del 0,26% del salario, mientras que los directivos de TMB han incrementado su nómina en un 14,27%. “Es el ejemplo perfecto de saqueo financiero, por parte de la alta dirección, de una empresa con capital público”, aseguraban desde el ente sindical.

Cerca de un millar de manifestantes marcharon por la tarde en la ciudad condal al grito de “Colau, escucha, el metro está en lucha”. A pesar de la tensión escenificada durante el fin de semana, el portavoz del comité de huelga Oscar Sánchez afirmó durante la marcha que han hecho llegar una nueva propuesta para llegar a un acuerdo y suspender el próximo parón previsto para el miércoles. “Nuestra voluntad total y absoluta es firmar un convenio”, sentenció.

EL VIRAJE DE COLAU

“TMB: empresa municipal opaca que en lugar de reducir sueldos de directivos sube las tarifas a los usuarios”, señalaba la alcaldesa de Barcelona en un tuit cuando aún militaba en movimientos sociales. Ahora, muchos la acusan en las redes sociales de usar mecanismo de la “vieja política” para poner fin al conflicto laboral con los empleados del metro. Como alcaldesa, defiende ahora a TMB y considera que la empresa pública ofreció mejoras sustanciales al comité de trabajadores.

Al término de la infructuosa reunión, Colau aseveró que le habían aconsejado mantenerse al margen de la disputa, pero que ella se metió de lleno de forma excepcional. “Estoy aquí para dar la cara”, afirmó la alcaldesa. A su vez, evidenció su apoyo a TMB al considerar que no se había producido el conflicto porque la empresa hubiera planteado recortes ni despidos. “Si fuéramos más allá de la propuesta de los trabajadores, deberíamos empeorar el servicio o subir las tarifas a los usuarios”, alertó. En el pasado, Colau definía las huelgas como algo “imprevisible y divertido”. Ahora, exige frenarlas para poder reconducir las negociaciones.

La marcha. Quique García Efe

LA PRESIDENTA “ROJA” DE TMB

“Ambientóloga, activista de barrio, cantante y roja”. Así se define la jóven Mercedes Vidal, concejal del gobierno de Colau y presidenta de la empresa de transporte público TMB. Vidal ha estado en el punto de mira de la crisis con los trabajadores del metro tras la filtración de una carta que envió a los trabajadores. “Quiero hacer un llamamiento a la responsabilidad de los trabajadores del metro para que reflexionen sobre esta huelga que no beneficia a nadie”, afirmaba la presidenta del organismo público.

En el texto, Vidal desgrana algunas de las ofertas que hicieron a los trabajadores: incremento de un 1% del salario; cobertura de todas las bajas; ampliación de la contratación a tiempo completo; o ampliación de la contratación indefinida. Eso sí: remarcando siempre que su predisposición para alcanzar un acuerdo ha sido “total”. Durante el tenso fin de semana de negociaciones con los representantes sindicales, la presidenta de TMB apuntó que “las nuevas formas de hacer política también significan nuevas formas de entender los conflictos laborales”. La CUP de Barcelona, acusaron a Vidal de faltar a la verdad. “Expresamos nuestra preocupación por el continuismo del ayuntamiento con la política de dirección de TMB”, dijo el partido que se define como anticapitalista.

Al cierre de la jornada, la huelga terminó sin mayores incidencias, salvo algunas aglomeraciones en la hora punta de la tarde. Pese a los llamamientos a la responsabilidad que hizo Vidal, la CGT confirmó que entre el 96 y el 98% de los trabajadores del metro secundaron el parón.

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