Castellón

Es martes. Día de vuelo en el aeropuerto de Castellón. Son las 10.50 horas y la instalación está en su ‘hora punta’. Hace unos minutos que ha aterrizado el vuelo (el único del día) procedente de Londres y en apenas veinte minutos despega para regresar, así que los viajeros apuran el tiempo en las ventanillas de facturación mientras unas decenas de personas esperan a que salgan los recién llegados en una terminal medio vacía donde irrumpe un inmenso cartel publicitario de Marina d’Or.

Es víspera de Reyes y la inmensa mayoría son jóvenes de la provincia, nada de turistas, los que utilizan la infraestructura. “Estos días apenas vienen ingleses, se han ido a pasar las fiestas con sus familias”, dice Anna Fox, que regenta uno de los pocos negocios que han abierto en el aeropuerto: una agencia de apartamentos en Alcossebre, un pueblo costero a unos veinte kilómetros que cuenta con una importante colonia de ingleses.

Es una de las paradojas de la obra ideada por el expresidente de la Diputación de Castellón, Carlos Fabra, –ahora en prisión por defraudar a Hacienda-, para impulsar el turismo local porque, de momento, los únicos extranjeros que lo utilizan son estos ingleses residentes en la provincia.

La ‘hora punta’ es exactamente eso, una hora de cierto ajetreo. Porque no son ni las doce de la mañana cuando la terminal pasa a ser un espacio sin gente, los negocios y la oficina de información turística (que hoy no ha tenido clientes) bajan la persiana y aparece la limpiadora, una vecina de un pueblo cercano. Se acabó el trabajo hasta el próximo vuelo. Ryanair opera los martes, jueves y sábado a la misma hora. “Ojalá hubiera más vuelos”, comenta un joven de la empresa de alquiler de coches.

Más vuelos significarían ampliar su contrato por horas. También es la hora de retratar el momento. Manuel Baena es un vecino de Castellón que aprovecha para hacer vídeos de la obra tras dejar a su hija. “Lo hemos estrenado hoy, porque ella trabaja en Londres y he venido a traerla”, dice. Admite que la forma en la que se ha gestionado estos años no es la correcta, pero está convencido de que al final todo se quedará en una anécdota.

Primer aniversario del ‘aeropuerto sin aviones’

A estas horas el aparcamiento está casi vacío. A pocos metros, un grupo de agentes de seguridad privada conversa fuera del recinto. El conocido como ‘aeropuerto sin aviones’ ha dejado de serlo para pasar a ser, como lo rebautizó recientemente el director de la empresa que lo gestiona, Alain Russel, un aeropuerto “sin estrés”.

Se ha cumplido un año desde que unos jubilados inauguraron las pistas del aeropuerto. Lo hicieron aterrizando con su helicóptero a las pocas horas de que la controvertida infraestructura recibiera del Gobierno los permisos que necesitaba para operar y que llegaron tres años y medio después de que Carlos Fabra lo inaugurara por todo lo alto, pese a estar inacabado. “Dicen que estamos locos por inaugurar un aeropuerto sin aviones”, dijo entonces.

Camps y Fabra asistieron a la bendición eclesiática Aerocas

El 14 de enero de 2015 llegaría el primer avión: un vuelo privado fletado por el Villarreal CF, uno de los equipos que más dinero recibió de las arcas públicas por publicitarlo en sus camisetas durante años. Y en septiembre los primeros vuelos comerciales.

GOTERAS EN UNA TERMINAL NUEVA

En la teoría, la instalación lleva un año de vida útil. En la práctica, el aeropuerto ha dejado de ser ‘fantasma’ para ser ‘semifantasma’. Y todavía con deficiencias: la terminal tiene goteras pese a estar recién estrenada. Varios cubos, conos de precaución y un techo desconchado es lo que se ve al subir a la primera planta para embarcar. Los nuevos dirigentes valencianos tienen entre sus retos el de borrar la imagen del aeropuerto “del abuelo” –en referencia a Fabra- que puso la obra como ejemplo mundial de despilfarro y mala gestión.

Francesc Colomer es el secretario autonómico de turismo de la Generalitat Valenciana y como tal el máximo responsable del aeropuerto. Durante años fue el azote de Fabra como portavoz socialista en la Diputación y uno de los mayores críticos a la gestión que este hizo del proyecto. Tiene el empeño de que desaparezca la concepción del “aeropuerto del abuelito” y para ello ha abierto Aerocas, la empresa pública de la Generalitat que ejecutó el proyecto, a la sociedad civil.

Ya no es el coto privado de un político. “Con esta metamorfosis del consejo de administración, a las nuevas prácticas, eso pasará, la propia sociedad pasa página”, dice al ser preguntado por los esfuerzos para cambiar la mala imagen.

La gestión de Fabra al frente de Aerocas dejó ejemplos de despilfarro como el gasto de 30 millones en publicidad y patrocinios a equipos deportivos como el Villarreal CF cuando la obra no estaba acabada. El tribunal de Cuentas valenciano estuvo durante años criticando esta práctica y denunciando la inexistencia de informes que valoraran ese gasto.

También fue Fabra el que decidió personalmente contratar a dedo al artista local Juan Ripollés para la escultura que se erige en la rotonda de entrada, que costó 300.000 euros a las arcas públicas y de la que el escultor dijo ser un homenaje al cacique castellonense. Hoy es parada casi obligatoria para fotografiar el coloso.

También en este día de vuelos hay coches que se han parado en plena rotonda para la instantánea.

UNA DEUDA DE 215 MILLONES

El último informe del tribunal de cuentas valenciano recoge las cifras de esta herencia. Aerocas ha tenido pérdidas de unos 70 millones desde que se puso en marcha y tenía una deuda de 215 millones al cierre de 2014, entre ellos 144 millones que debe a la propia Generalitat por haber asumido sus pagos a través de los mecanismos extraordinarios como el FLA y el plan de pago a proveedores.

Además, Aerocas pagará a Lavalin 24,5 millones en nueve años para que gestione el aeródromo hasta 2033. Unos pagos investigados por la Comisión Europea por si pudieran constituir ayudas ilegales. A todo ello se suman los gastos ‘sorpresa’ como el más del millón de euros por unas obras de canalización que no se hicieron correctamente y que la empresa pública debe abordar.

El nuevo director general de esta empresa pública es Joan Serafí, un profesor universitario de economía. “Cualquier inversión en infraestructuras puede ser cuestionable pero hoy la decisión que se puede tomar no es qué se podía haber hecho hace veinte años (cuando se ideó la obra), sino qué hago con lo que me encuentro”, dice.

“Fue terrible inaugurarlo y no ponerlo en actividad, pero eso es el pasado”

Lo que se ha encontrado es un aeropuerto que ha sido expuesto en la prensa internacional como ejemplo de la mala praxis política y el despilfarro. “Uno de los retos es que pueda tener una imagen positiva y un nivel de turistas equiparable a los aeropuertos regionales”, dice Serafí.

Es consciente de que hay “fotos terribles” como la de la inauguración. “Fue terrible inaugurarlo y no ponerlo en actividad, pero eso es el pasado”, defiende. El nuevo dirigente de Aerocas sostiene no obstante que el aeropuerto puede ser positivo para el turismo y confía que quede en nada la investigación que Bruselas ha abierto para dilucidar si el contrato de 24,4 millones con Lavalin suponen ayudas encubiertas.

A LA ESPERA DE TURISTAS

El aeropuerto de Castellón ha recibido 22.867 viajeros (sumando ida y vuelta) durante 2015. Esto contando los vuelos privados y los regulares. La aerolínea de bajo coste recuperará en abril los vuelos a Bristol y en junio estrena vuelos a Rumanía con Blue Air. Con Ryanair llegan ingleses que ya tienen residencia en Alcossebre, principalmente. Lo mismo con Blue Air. Castellón tiene una alta concentración de ciudadanos rumanos. Aerocas está ultimando una encuesta para conocer realmente el perfil de los visitantes.

Desde la empresa de autobuses que opera en el aeropuerto constatan la falta de turistas. “De momento los que llegan son residentes o estudiantes y gente joven que trabajan en Inglaterra”, dicen. De hecho, asegura que el día que más han llenado el autobús solo iban 9 personas. “De momento, el servicio es ruinoso”.

Los datos de la Agencia Valenciana de Turismo reflejan que la ocupación hotelera de turistas extranjeros ha bajado en los meses en los que se puso en marcha la conexión con Reino Unido. En Alcossebre lo constatan. “No se ha notado nada, tenemos la misma gente que hace un año”, dice Lola Marí, una vecina que regenta un restaurante en primera línea de playa de esta localidad. Tampoco ha servido para reactivar la venta de apartamentos.

Revista turística redactada por ex asesores del PP

“No se nota nada”, aseguran desde una inmobiliaria del mismo municipio. En saco roto ha quedado el plan de Carlos Fabra para reconvertir el turismo porque el aeropuerto se ideó como pretexto para llenar la provincia de PAI de golf (hasta doce proyectados y ninguno ejecutado) y facilitar el ‘boom’ del ladrillo.

Y mientras, los esfuerzos presupuestarios prosiguen. La Diputación de Castellón gastó 300.000 euros en una campaña publicitaria en Bristol y Londres. Recientemente ha colaborado económicamente con 9.000 euros en la edición de una revista turística que se distribuye gratuitamente en el aeropuerto y en puntos turísticos, que está redactada por ex asesores de gobiernos del PP y que está plagada de faltas y erratas.