La madrugada de este 4 de diciembre comenzaron a descontar los 17 días que quedan hasta que los ciudadanos depositen su voto en las urnas. Arranca la campaña electoral. Y, con ella, la tradicional pegada de carteles. El ritual al dar la medianoche se repitió: voluntarios y simpatizantes se ponen manos a la obra y los candidatos ya pueden pedir el voto para su partido.

Una tradición que se inauguró con la democracia, con los comicios del 15 de junio de 1977, y que se ha mantenido invariable en su fondo pero no en su forma. Lejos quedan hoy en día las brochas, los cepillos de barrer y los paquetes de cola. Ya no se ven coches lanzando por las ventanillas propaganda y las calles no amanecen empapeladas. Aunque unos pocos se mantienen firmes al ceremonial, los políticos han renovado la escena y han introducido avances tecnológicos para llevar a cabo la famosa pegada, un elemento casi anacrónico en las campañas.

“Entonces era la novedad. La pegada tenía una especial emoción”, comenta Carlos Barrera, profesor de Medios y Política y de Comunicación Electoral de la Universidad de Navarra. Con el paso de los años, esa ilusión se ha ido perdiendo y “ahora es un acto protocolario”: “Se ha convertido en un elemento más de la liturgia electoral, y no precisamente en el más importante”.

En las campañas anteriores, como la de las generales de 1977 o 1979, el ritual tenía más peso. “Se trataba de visibilizar a los candidatos en un momento donde no existían los recursos audiovisuales que hay ahora”, explica David Redoli, sociólogo y presidente de la Asociación de Comunicación Política (ACOP). En la actualidad, con la constante presencia de los aspirantes a la Moncloa en los platós de televisión, la pegada “se ha quedado un poco obsoleta”, según este experto.

IMPORTA EL MENSAJE

Para Redoli, más que la pegada en sí misma, lo destacable es el mensaje que quiere transmitir cada candidato con el lugar escogido para iniciar la campaña: “Utilizan el arranque para introducir elementos en los medios”.

La elección del lugar, por tanto, no es algo improvisado ni casual: está muy pensado. No es casualidad que el equipo de Pablo Iglesias se trasladara hasta Villaralbo -un pueblo que no llega a los 2.000 habitantes situado en la provincia de Zamora- para su arranque electoral. ¿Los motivos? Podemos quiere poner el foco en el medio rural y el padre de Iglesias reside en Zamora. Además, tanto Villaralbo como la ciudad de Zamora están gobernadas por Izquierda Unida.

Iglesias durante la pegada de carteles de las autonómicas de mayo. Efe

PP, PSOE y Ciudadanos, en cambio, eligieron Madrid para el pistoletazo de salida de la campaña. Getafe para los socialistas de Pedro Sánchez y Génova para el PP de Mariano Rajoy. Los de Albert Rivera optaron por NH Eurobuilding, el hotel preferido de la formación naranja en la capital. Allí pasaron la noche electoral de las europeas de 2014 y la de las autonómicas y municipales de este año.

Y otro detalle: en ese mismo lugar, en la calle Padre Damián número 23, era donde vivía los recuentos Adolfo Suárez. “Se busca enviar un mensaje original. Antes era un acto más llamativo y ahora más simbólico y creativo”, señala Jordi Rodríguez Virgili, director del Máster de Comunicación Política y Corporativa de la Universidad de Navarra.

EL AUGE DE LAS REDES SOCIALES

El engrudo y la pared han dado paso a pegadas de carteles virtuales difundidos a través de las redes sociales. Esta pegada 2.0 consiste en que los simpatizantes de cada partido publiquen en sus perfiles de Facebook y Twitter la imagen del cartel de campaña.

La lucha por el voto se concentra cada vez más en internet. El declive de la pegada responde también a motivos medioambientales: los partidos políticos, en su intento por mantener una coherencia con su discurso a favor de la ecología, evitan ensuciar las vía pública inundándola con papeles.

En Ciudadanos utilizaron spray adhesivo en la pegada del 24-M. Efe

“UNA ACTIVIDAD RESIDUAL”

Los propios partidos reconocen que la pegada de carteles ya no es lo que era. “Ha perdido mucha potencia”, afirma a este diario José Manuel Villegas, vicesecretario general de Ciudadanos y jefe de gabinete de Albert Rivera. “Se sigue llamando así pero es más bien inicio de campaña”.

Esa escasa significación que en este caso Ciudadanos concede a la cartelería se refleja bien en sus presupuestos. De los cuatro millones que la formación naranja va a desembolsar durante la campaña, “los gastos de cartelería están entre un 1 y un 2%. Estamos hablando de 50.000 euros”, detalla Villegas. “Es una actividad residual”.

En Podemos aprovechan la excusa de la pegada de carteles para abordar una determinada propuesta. "Explicamos nuestras iniciativas para mejorar el medio rural", indican desde la formación morada.

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