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¿Por qué te equivocas si te inventas los orgasmos?

4 junio, 2018 19:48

Quizá en algún momento de tu amplia o corta experiencia en las relaciones sexuales hayas sentido que “debes tener un orgasmo” y no puedes, que parece que no vas a tenerlo, pero "debes"; que si no lo alcanzas serás un fracasado, que a ver cómo logras ese “obligado” orgasmo si no llegas a sentirlo.

 

Y es cuando, sobre la marcha, un gran porcentaje de “anorgásmicos puntuales" deciden fingirlo. Son varias las causas de que no tengamos ese ansiado orgasmo durante una relación sexual, y la mayoría de origen psicológico.

Hay factores físicos que dificultan o hacen imposible esa explosión de placer subjetivo e indescriptible tan deseado, entre ellos la medicación antidepresiva y anomalías que comprometen la sensibilidad del clítoris o del pene (principalmente del glande) y que en este caso producirían además una pérdida de erección. El porcentaje de anorgasmia es mayor en mujeres que en hombres, hablamos de casi el doble de casos, y la decisión de fingir es también mucho mayor en nosotras, ya que en los hombre es más difícil inventárselo porque normalmente va acompañado de eyaculación.

No eyacular durante el orgasmo no quiere decir que no lo haya habido porque a veces la eyaculación es retrógrada, es decir, que sí se produce pero que va hacia atrás, no sale; el placer es el mismo, pero el semen no sale externamente, lo que en ocasiones hace pensar a una mujer que su pareja está fingiendo. También es posible tener una orgasmo y eyacular sin tener erección; aquí la ansiedad es la causante de esta situación tan temida por los hombre, la falta o pérdida de erección. Que en el momento de máxima emoción sexual aparente haya manifestación corporal, gestual, verbal o gemidos no significa que se esté produciendo un orgasmo; no, solo es una expresión del placer del momento, de la costumbre de esa persona o de, efectivamente, estar fingiendo un orgasmo -por presiones propias o de la pareja- para tenerlo.

Sentimos erróneamente que hay un tiempo determinado para tenerlo y que se han producido unas prácticas y una estimulación que debería habernos llevado al orgasmo. Ahí es cuando nuestros esquemas mentales sobre el desarrollo del acto sexual, y en concreto sobre  el cuándo y cómo tener un orgasmo, nos dicen que “algo no es" como pensábamos, como se ve en las películas, como me cuenta mi amiga; y  en vez de ser sinceros y decir que hemos disfrutado mucho, pero sin orgasmo, es cuando decidimos fingirlo, confundiendo a nuestra pareja sobre qué tipo de prácticas nos gustan tanto, tanto que nos llevan a ver el cielo del placer, falso en ese momento. Nos preocupa muchísimo lo que pueda pensar de nosotros el otro.

Se lo escucho muchísimas veces a los hombres: “Quiero que ella disfrute”, y que ella disfrute siempre significa, en mi experiencia, que tenga un orgasmo. Centrándome en nosotras, es muy importante que primero tengamos “ganas”, que anticipemos el placer además de tenerlo, que estemos concentradas en la estimulación que recibe el clítoris y por supuesto también la habilidad de él para tocar. Los complejos físicos, la falta de experiencia subjetiva o real y la inseguridad (creer que somos torpes en el sexo), tanto en unos como en otros, hace imposible disfrutar y a veces hasta evitar tener relaciones. No hay esquemas sobre lo que hay que hacer, a cada uno lo que le guste, lo que salga y siempre con respeto hacia el otro.

La pena es que la falta de comunicación en estos casos mantiene el no saber qué es lo que realmente nos gusta en el sexo. No decir por vergüenza lo que te apetece es casi obligar al otro a adivinarlo y hay veces que, os lo aseguro, es tarea imposible. Así ocurre que muchas más mujeres de lo que imaginamos no han experimentado nunca el placer del orgasmo. La timidez decide quién es capaz de expresarse en mayor o menor medida durante el sexo, y el aprendizaje y educación también. Objetivo: disfrutar.

Ana M. Ángel Esteban. Psicóloga Clínica, Sexóloga.

Clínica del Rosario. Toledo. 615224680

 

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