El Real Madrid volvió a hacer historia en Europa por tercera vez consecutiva -la cuarta en cinco años-. Y lo hizo, en buena parte, gracias a la aportación de dos futbolistas que han sido decisivos en múltiples encuentros. Dos croatas: Luka Modric y Mateo Kovacic. El primero ha sido un indiscutible durante todo el curso. Tan solo se perdió el encuentro de vuelta ante el PSG, en el Parque de los Príncipes, por lesión. Kovacic, por su parte, fue el elegido de Zinedine Zidane en partidos clave como el del Bayern Múnich, que se disputó en el Santiago Bernabéu, y dio acceso a la gran final de Kiev.

Uno y otro han sido reconocidos convenientemente por la selección croata, que ya está concentrada para preparar el Mundial de Rusia, donde se medirán a Nigeria, Argentina e Islandia, en fase de grupos. A modo de homenaje, han recibido una enorme tarta, donde se podía ver el logo de la Champions League. No obstante, no han sido los madridistas los únicos que han recibido un obsequio de este tipo. También lo ha recibido Sime Vrsaljko, aunque con una peculiaridad que no le ha gustado nada a los atléticos.

A LA SOMBRA DE LA CHAMPIONS

El lateral ha recibido una tarta mucho más pequeña, por ser campeón de la Europa League con el cuadro colchonero. Esto no hace más que poner de manifiesto la distancia sideral que existe entre ambas competiciones -algo que no se le ha escapado a los promotores de esta iniciativa-, pese a que los rojiblancos insistan día tras día en tratar de magnificar la figura de un torneo de segunda fila.

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