Dios sabe cuantas horas he pasado con mi Android en la mano. Y digo Dios sabe, porque yo no lo quiero saber. Usamos nuestros teléfonos y tablets con tantas finalidades distintas que hemos comenzado a desarrollar una serie de hábitos -llámale hábitos, llámale síntomas- que otros seres humanos podrían calificar de preocupantes. Pero, eh, nosotros somos felices así.

Hace unos días Phandroid publicó una lista de indicios de que podrías ser un adicto a Android, pero resulta que a nosotros nos ha parecido que se han quedado un poco cortos. Aquí van los inquietantes síndromes que hemos comenzado a manifestar el equipo de El Androide Libre.

Buscar instintivamente el botón de compartir, aunque estés usando la tostadora

Es la hora de desayunar y estás preparando unas maravillosas tostadas para untarles bien de mantequilla y mermelada. Y qué bien huelen, creo que es algo que debería compartir con todo el mundo. Y entonces buscas instintivamente ese botón que corona todas las aplicaciones de tu Android, esos tres puntos unidos en forma de triángulo unidos por una línea: compartir. Y claro, es una tostadora, no un Android, y no tiene compartir. Y allá vuelan por la ventana, la tostadora y las tostadas. Menuda castaña de aparato.

Double tap para abrir la cartera

Entras en el metro con algo de prisa, sacas la cartera y… no se abre. Vuelves a tratar de abrirla, pero nada, esta no respira. Vuelves a dar un double tap sin resultado alguno. Entonces te das cuenta. Es la cartera, no tu teléfono, la tienes que abrir como esos objetos de museo anteriores al mundo tecnológico. Tirarías la cartera a la vía, pero llevas dinero y el dinero no se tira a menos que seas el dueño de un iPhone unas Google Glass. No, en serio deberían inventar una cartera que se abriese con un double tap. Kickstarter, tú puedes

Te olvidas de las llaves de casa pero no de la batería externa

Estás a punto de salir de casa cuando tu sentido arácnido te avisa: te estás olvidando algo. Inmediatamente tus manos cachean tus bolsillos. Efectivamente, te olvidas de la batería externa. La coges, cierras la puerta de casa y entonces te das cuenta de que lo que te olvidabas eran las llaves. Bah, ¿qué más da? tengo mi batería externa, puedo recargar el móvil, estoy listo para cualquier cosa. El mismo Darwin se sorprendería de lo rápido que podría evolucionar el instinto de supervivencia de una especie: eres capaz de detectar un enchufe a kilómetro y medio. ¿Y lo útil que sería esa habilidad para los chicos de The Walking Dead?

Intentas ampliar fotos en las revistas de papel con los dedos

Hay veces que, por azares de la vida, cae en tus manos una reliquia de un pasado remoto, un extraño artefacto que Los Que Vinieron Antes llamaban revistas ¡hechas de papel! Entonces una foto de la boda de Chavelita te llama la atención y quieres ampliarla, pellizcas con tus dedos y nada pasa. Tras unos intentos descubres que en papel no hay forma de ampliar las fotos. Estos Antiguos, tenían una calidad de vida realmente denigrante. Y alguna vez has intentado hacer scroll en un texto con el dedo sólo para notar la rugosa superficie de estos papiros, y lo sabes.

Te sabes de memoria las especificaciones de todos los teléfonos

Acabas de conocer a una chica y estáis hablando animosamente en el bar, ella te toca el brazo, juguetea con su pelo… y entonces saca su teléfono, y a ti se te van los ojos. «¡Anda! ¡Si es el Muiya 73U, con cámara de 16,87678 píxeles, 5,32 pulgadas 1924p y una batería de 2301 mAh -menos en el mercado de Borduria, que lo lanzaron con 2303 mAh-, qué buen móvil!». Entonces ella te lanza una mirada de cartón piedra y te confiesa que es lesbiana. Qué mala suerte, siempre das con lesbianas o casadas con un capo mafioso, y siempre te lo confiesan después de sacar su teléfono. De verdad, no lo entiendes. Eso o todavía peor: tienen un iPhone ¡puag!

Buscar un cajero en Google Maps para descubrir que tienes uno justo delante

Bien, lo admito: esta es una historia real y tuvo lugar en la esquina de Gran Vía y Rocafort, en Barcelona. Andaba yo tuiteando y buscando un lugar donde sacar dinero -en serio, comerciantes, Google Wallet ¡Ya!- por lo que decidí hacer lo más obvio: buscar una oficina con Google Maps. Este me indicó que había una justo donde yo estaba, y maldije que la información estuviese desactualizada. Entonces, por casualidad, levanté la vista de mi teléfono y descubrí que, efectivamente, tenía un cajero delante de mi NFC. Ahora os escribo desde el asilo de Arkham.

Rastrear hasta el último rincón de Internet buscando las APK

Lees que Google va a lanzar una actualización de Gmail en el que suben medio pixel la altura de las comas, y en ese momento tú te das cuenta de que necesitas urgentemente esa actualización, te acabas de dar cuenta de que en algún lugar -al fondo del subconsciente, pasado el superyo, a la izquierda- siempre deseaste que subieran las comas ese medio pixel, y aún tardará unas horas en salir en Google Play. Entonces rastreas toda la blogosfera en búsqueda del APK, sin éxito. Pulsas obsesivamente la tecla negra que hay entre el F4 y el F6 que en otra época tuvo su propia grafía. ¿Estará en la web de Mercadona? Nada. ¿En Pornotube? Pasas un buen rato, pero tampoco. ¿En la Deep web? Un tipo te ofrece asesinar a tu jefe por 1000 bitcoins -atractivo- pero nada de la APK. ¿Quizá en 2girls1cup? En esta vida hay que arriesgarse.

Descargar compulsivamente todas las actualizaciones sólo para ver si vienen con Material Design

Un aviso en el centro de notificaciones te alerta: tres actualizaciones disponibles. Y comienzas a descargar, hay que vivir el momento, que le den a la tarifa de datos: tú quieres saber si esas aplicaciones incluyen Material Design. Lo amas y quieres que todo lo tenga: aplicaciones, webs, tu casa, tu novia… «cariño, tienes unos botones flotantes preciosos». No, ahora en serio, señores de Whatsapp, ya os vale. Tanta web y tanta llamada ya, hombre.

Instalas ROMs experimentales que no funciona ni la WIFI

Oye, pues esa ROM experimental tiene características interesantes, habrá que probarla cuando haya una versión estable. Y nada, acabas probando la beta 0.0.0.0.001, en la que no funciona ni la wifi y cuando tratas de abrir el correo se te enciende la vitrocerámica, pero oye, ahora tienes el centro de notificaciones verde fosforito, y lo puedes poner rosita. Vale, tienes que admitirlo, ahora tu teléfono es inutilizable pero… ¿no es esa una gran excusa para comprarte ese Android que has visto que tiene una pantalla táctil en el cargador?

¿Y vosotros? ¿Qué otros síntomas de adicción a Android habéis desarrollado?