El tiempo consume a todos, pero con Novak Djokovic todo parece ir más despacio. El tenista serbio debutó como profesional en 2003. Este lunes, en el Open de Australia, inicia su 24º temporada con el mismo hambre que ha mantenido encendida su llama durante las dos últimas décadas.
En la previa del torneo reconoció que "mi principal motor es la pasión por el juego, la conexión con la gente y la energía que sientes al saltar a la pista. Y esa adrenalina es adictiva, casi como una droga". La ilusión sigue intacta.
En el horizonte está el 25º Grand Slam. Su objetivo final. El hito que le elevaría en solitario al Olimpo del tenis como el jugador más laureado. Un título que se le resiste desde 2023 y que espera lograr tres años después. El tiempo juega en su contra y ahora comienza la primera de sus cuatro oportunidades.
Y no puede existir mejor torneo para romper la sequía. Nadie mejor que él conoce el Open de Australia. Nunca un tenista se ha alzado con el título más veces que él (10) y tan solo Federer ha ganado tantos partidos como él en Melbourne. El de Belgrado suma 99 y ante Pedro Martínez puede llegar su centenario.
Un triunfo que le serviría a Djokovic para alcanzar un hito sin precedentes: convertirse en el primer jugador de la historia en ganar al menos 100 partidos en tres Grand Slams distintos. Suma 101 en Roland Garros y en Wimbledon ha ganado 102 encuentros.
Djokovic, con el título de campeón del Abierto de Australia.
El Open de Australia puede servirle también para seguir acercándose a Rafa Nadal como el jugador con más victorias en un 'major'. El balear ganó 112 en Roland Garros y Federer 105 en Wimbledon y 102 en Australia. Al suizo le puede superar este torneo, pero para igualar al español deberá esperar al menos hasta París.
Sus enemigos
En los últimos años, Djokovic ha demostrado que su nivel tenístico sigue estando al alcance de muy pocos. Sin embargo, su longevidad (38 años) lleva ya un tiempo haciéndole mella, especialmente en los torneos de cinco sets. Ahí la gasolina no le dura todo lo que le gustaría y le cuesta sobrevivir en los partidos más de lo que debería.
"La verdad es que me falta un poco de energía en las piernas para competir con estos chicos en las últimas rondas de un Grand Slam", apuntó recientemente. "Pero sigo dando lo mejor de mí. La temporada pasada les desafié en varios torneos importantes y ahora sigo intentando estar ahí", añadió el balcánico.
"Estoy agradecido de tener otra oportunidad, especialmente aquí, donde he ganado 10 títulos. Cuando estoy sano y todo encaja, siento que puedo ganarle a cualquiera. Y si no creyera eso, no estaría aquí", apuntó Djokovic sobre su papel en el Open de Australia.
Nadie duda de sus posibilidades de conquistar su 25º Grand Slam, pero el muro a escalar para conseguirlo es cada vez más alto. No solo por su edad, también por la irrupción de Alcaraz y Sinner como los grandes dominadores del circuito.
Dos máquinas perfectas que únicamente se pueden dañar la una a la otra. Ambos están a años luz del resto e imponerse a ellos en un partido a cinco sets es prácticamente una utopía. Fruto de ello es que han ganado los últimos 8 grandes de forma consecutiva.
Los números son abrumadores. En estos dos últimos años entre Alcaraz y Sinner suman 94 victorias entre los en Grand Slams y tan solo ocho derrotas. De todas ellas, cinco han sido en un enfrentamiento entre el español y el italiano.
Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, en la ceremonia de trofeos del Masters 1.000 de Roma
Djokovic tendrá que lidiar con ellos si quiere ganar el título. Se podría ver las caras con Sinner en las semifinales y en la final es probable que espere Alcaraz. Dos huesos muy duros de roer, pero que si alguien es capaz de hacerlo es el tenista de Belgrado.
De hecho, él ha sido el último en lograr ganar a cinco sets a Alcaraz y Sinner. Fue precisamente hace un año, en los cuartos de final del Open de Australia. Superó con contundencia al murciano con una actuación sobresaliente, pero se quedó a las puertas de la final tras sucumbir posteriormente ante Zverev.
Este año, en Melbourne, Djokovic vuelve a situarse ante el espejo del tiempo: con menos margen físico que nunca, pero con la misma fe inquebrantable de siempre. Rodeado por dos colosos en plenitud como Alcaraz y Sinner, su figura se mide en la capacidad de seguir desafiando a una generación que juega a otro ritmo.
Cada partido puede acercarle al 25º Grand Slam o empujarle un poco más hacia el final. En un circuito que ya mira al futuro, Novak Djokovic aún se reserva el derecho a escribir, en Australia, un último gran capítulo.
