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Carlos Alcaraz y Jannik Sinner se enfrentarán este sábado 10 de enero en el Incheon Inspire Arena de Corea del Sur en una exhibición que condensa las paradojas del tenis moderno.

Es un duelo entre los dos mejores jugadores del planeta que no suma puntos al ranking, que generará millones en ingresos y que representa la única preparación competitiva del murciano antes del Open de Australia, el único Grand Slam ausente en su palmarés.

El denominado 'Supermatch', patrocinado por Hyundai Card y disputado ante 15.000 espectadores, llega apenas ocho días antes del arranque del cuadro principal en Melbourne Park el 18 de enero.

Alcaraz aterrizó el miércoles en Corea tras cuatro semanas de preparación intensa en Murcia bajo la supervisión de su nuevo entrenador Samuel López, después de la ruptura con Juan Carlos Ferrero en diciembre.

La estrategia del rodaje mínimo

La decisión de Alcaraz de afrontar el Open de Australia con un par de exhibiciones como preparación competitiva responde a una estrategia deliberada que mantiene desde hace años, aunque hasta ahora no le ha dado resultados en suelo australiano.

El tenista de El Palmar nunca ha superado los cuartos de final en Melbourne, cayendo precisamente ante Sinner en 2024 y 2025.

Carlos Alcaraz, en las últimas ATP Finals Europa Press

Esta aproximación contrasta radicalmente con la mayoría del top diez mundial. Jugadores como Daniil Medvedev, Lorenzo Musetti, Jiri Lehecka, Andrey Rublev y Alexander Bublik iniciaron su temporada en torneos ATP 250 de Brisbane y Hong Kong durante la primera semana de enero.

Sin embargo, Alcaraz no está solo en su apuesta minimalista. Novak Djokovic también llegará al Open de Australia sin haber disputado ningún torneo oficial, tras anunciarse su baja del ATP 250 de Adelaida por no sentirse "lo suficientemente preparado físicamente".

El serbio de 38 años, cada vez más selectivo con su calendario, no ha competido desde principios de noviembre y afrontará Melbourne con dos meses de inactividad competitiva.

Curiosamente, Sinner sigue exactamente el mismo plan que Alcaraz: solo la exhibición coreana antes de defender su título en Australia, donde ha conquistado los dos últimos años. Para el italiano, la estrategia ha funcionado a la perfección, validando un enfoque que prioriza la frescura física sobre el rodaje en torneos menores.

Además del duelo coreano, Alcaraz disputará otra exhibición en Australia antes del Grand Slam, enfrentándose a Alex de Miñaur el jueves 15 de enero en lo que constituirá su ajuste final.

Esta combinación de exhibiciones como rodaje estratégico representa una tendencia creciente entre las figuras del circuito.

El negocio millonario de las exhibiciones

El fenómeno de las exhibiciones premium ha experimentado un crecimiento exponencial, consolidándose como una fuente de ingresos que en ocasiones supera los premios de torneos oficiales.

El caso más emblemático es el Six Kings Slam, disputado en octubre pasado en Riad, Arabia Saudí, que ofreció seis millones de dólares al campeón -Sinner- y pagó un millón y medio de dólares a cada participante simplemente por comparecer.

Estas cifras eclipsan los premios de los propios Grand Slams. El US Open 2025, con la bolsa más generosa de la historia del tenis, repartió cinco millones de dólares al campeón.

Wimbledon otorga 3,78 millones dólares, Roland Garros; 2,73 milloness y el propio Open de Australia 2,24 millones. Un solo fin de semana en Riad valió más que ganar dos majors.

Carlos Alcaraz y Jannik Sinner, en el Six Kings Slam de Arabia Saudí Reuters

En 2025, Carlos Alcaraz lideró el ranking de ganancias oficiales con 21,35 millones, superando los 19,12 de Sinner. Sin embargo, cuando se incluyen exhibiciones, patrocinios y contratos comerciales, las cifras se disparan: Alcaraz acumuló cerca de 48 millones de dólares en ingresos totales durante el año, casi el doble de sus premios puramente deportivos.

Este modelo económico paralelo ha generado críticas recurrentes. Cuando Alcaraz se ausentó del Masters 1.000 de Shanghái en octubre por molestias en el tobillo pero apareció días después en el Six Kings Slam, sectores de la prensa y aficionados cuestionaron la coherencia entre sus quejas sobre la sobrecarga del calendario y su disposición a participar en eventos lucrativos no oficiales.

La polémica con Ferrero y el entorno

Las exhibiciones fueron uno de los puntos de fricción en la relación entre Alcaraz y Juan Carlos Ferrero, según reveló el documental de Netflix sobre el tenista murciano estrenado en mayo pasado.

En el filme se aprecian tensiones cuando Ferrero cuestiona abiertamente la estrategia de Alcaraz: "No sé si la manera que se tiene ahora es la que va a hacer de Carlos Alcaraz el mejor del mundo. Lo dudo", declaró el técnico de Ontinyent.

El periodista Steve Flink fue más contundente: "A Ferrero no le entusiasma" la participación en exhibiciones, sugiriendo que el entrenador preferiría que su pupilo se centrara exclusivamente en "preparar el primer Grand Slam de la temporada al máximo".

La presión del entorno familiar de Alcaraz, particularmente de su padre Carlos Alcaraz González, habría pesado en la ruptura con Ferrero anunciada en diciembre.

Las exhibiciones millonarias y los contratos publicitarios -que representan más del 50% de los ingresos del murciano- habrían estado en el centro de desacuerdos sobre la dirección de la carrera del número uno mundial.

¿Dinero o preparación óptima?

El debate sobre las exhibiciones como preparación divide opiniones. Para algunos, constituyen una oportunidad de ajustar detalles tácticos sin la presión de puntos ATP, permitiendo experimentar y llegar fresco a los grandes torneos.

Sinner es la prueba viviente de que funciona: ganó Australia 2024 y 2025 con rodaje mínimo.

Jannik Sinner besa el trofeo del Open de Australia Reuters

Para otros, especialmente entrenadores de la vieja escuela, sustituir torneos oficiales por exhibiciones compromete la intensidad competitiva necesaria para rendir al máximo nivel desde la primera ronda de un Grand Slam.

La rebaja de competitividad inherente a un partido sin consecuencias para el ranking no replica la presión de un encuentro donde cada punto cuenta para la clasificación.

Este sábado en Incheon, Alcaraz y Sinner escribirán el duodécimo capítulo oficial de su rivalidad -con balance de diez a cinco favorable al español- en un escenario que simboliza las contradicciones del tenis contemporáneo.

Jugarán por millones de dólares en un partido que no contará para sus estadísticas oficiales, ocho días antes de disputarse el título que ambos codician en Melbourne.

Para Alcaraz, Australia representa la última pieza del rompecabezas del Career Grand Slam a sus 22 años. Para Sinner, defender la corona que le ha convertido en dominador de la superficie dura.

El Open de Australia 2026 revelará si el modelo de exhibiciones premium como preparación es una evolución inteligente del tenis profesional o una distracción lucrativa que compromete el rendimiento cuando más importa.

La respuesta determinará si el negocio de las exhibiciones seguirá creciendo o si, finalmente, los Grand Slams obligarán a las estrellas a elegir entre el dinero fácil y la gloria duradera.