Turín

Para empezar, una derrota. Rafael Nadal se estrenó en la Copa de Maestros de Turín cayendo ante Taylor Fritz (6-7, 1-6) en un partido que el estadounidense dominó desde el inicio, retratando las carencias del campeón de 22 grandes y obligándole a ganar el próximo martes a Felix Auger-Aliassime (6-7, 4-6 ante Casper Ruud en el primer encuentro del Grupo Verde) para tener opciones de alcanzar las semifinales y poder aspirar a conquistar el único gran título que le falta en su carrera. Eso, claro, está ahora un poco más lejos. [Narración y estadísticas]

“Estoy en una posición peor que hace unas horas, se ha perdido todo el margen, una victoria para mí hoy era importante”, se arrancó Nadal después de caer con el número nueve del mundo. "Eso no quita que tenga otra opción, voy a dar todo pese a la derrota. Toca aceptarla, digerirla, entrenar bien mañana e intentar estar listo para jugar el martes con determinación”.

Después de marcharse a la primera en el Masters 1000 de París ante Tommy Paul, con unos problemas estomacales que le dejaron sin una gota de energía, Nadal descansó unos días e inmediatamente puso rumbo a Turín, donde desde el miércoles se entrenó con Fritz, Stefanos Tsitsipas, Felix Auger-Aliassime y Andrey Rublev para ganar rodaje sobre la superficie y ajustar detalles que le ayudasen a ser competitivo en la última cita del calendario.

Sin embargo, la diferencia entre lo que sucedió en esos entrenamientos y en la pista fue tremendamente grande.

"Muchas veces, aunque uno esté entrenando bien, las cosas en la competición no salen igual”, se lamentó Nadal. “Yo he jugado muy poquito estos últimos meses. Hoy todo ha ido muy rápido. No he tenido mucho tiempo para pensar ni para intentar cambiar la dinámica del partido. La confianza es básica para jugar los puntos de la manera adecuada porque en estas pistas no hay muchas oportunidades”, prosiguió el mallorquín. “Él ha jugado muy bien, con una gran determinación, y pocos errores, casi nulos. Podría haber fallado alguna bola menos en esos momentos claves, intentar que mi bola sea un poco más dañina en esos instantes. Necesitaba que mi cabeza estuviese con más pausa. En cualquier deporte, el tiempo es la clave del éxito. Cuando todo pasa muy rápido es difícil que uno pueda tomar las decisiones adecuadas”.

Durante toda la primera manga, Fritz se amparó en dos armas para vivir sin agobios: el saque y la derecha. A través de esos dos golpes, el estadounidense consiguió amurallarse, impidiendo que Nadal se fabricase ninguna pelota de break, y llevó la iniciativa en los peloteos, castigando la bola con un drive gigantesco, arrollador y destructivo. De bofetada en bofetada, el aspirante puso a correr al español y se llevó el primer set en el tie-break.

Eso fue gasolina emocional para Fritz. Creyendo en su propuesta, continuando por la misma vía que le había servido para ponerse por delante, el estadonidense celebró un break que le despejó el camino de la victoria ante un Nadal que acabó cediendo otro saque con otra doble falta y se despidió con la imperiosa necesidad de mejorar para poder aspirar a cosas importantes.

“Me falta la lectura de los puntos, ver la bola un poco antes”, avisó Nadal. “En los entrenamientos lo estoy haciendo bastante bien, y eso es algo positivo. Es la primera base para intentar recuperar el nivel para luchar por las cosas que me ilusionan a estas alturas de mi carrera”, insistió. "Necesito moverme mejor, ser más ágil, pero es lo mismo. Cuando llegué a Australia también estaba así, pero tuve la opción de ganar algunos partidos al principio para retroalimentar la confianza y dar lo máximo en partidos de mucha exigencia. No queda otra que seguir trabajando. No conozco otra manera que estar con la actitud adecuada”.