Garbiñe Muguruza (Caracas, Venezuela; 1993) vuelve a Australia, el lugar que marcó el inicio de su particular reconquista de 2021. Es una tenista completamente renovada, con la ambición recargada y con la intención de volver a ganar un Grand Slam y, a poder ser, uno de los que no tiene. El Open de Australia, donde fue finalista en 2020, es una piedra que no ha conseguido levantar. La española quiere prolongar las buenas sensaciones con las que cerró el año.

La Copa de Maestras fue el colofón de un 2021 en el que conquistó también el WTA 1.000 de Dubái y el WTA 500 de Chicago. Tres victorias en superficie dura a las que hay que sumar otras dos finales disputadas, las del Yarra Valley Classic y el Qatar Total Open. Su triunfo en Guadalajara no solo fue histórico por ser la primera española en erigirse maestra de maestras, sino que, además, supuso para la tenista el autoconvencimiento de que todavía está entre las más grandes del circuito.

Esa energía es la que necesita para plantarse en este Open de Australia rodeado de polémica por la Covid-19. Hacía más de tres años que no estaba en el top3 del ránking WTA, un motivo más para pensar en que es una de las favoritas al triunfo. La pupila de Conchita Martínez, uno de los grandes motivos de su vuelta a la senda del éxito, tiene muy claros los pasos que tiene que dar este año, con un calendario lleno de competiciones que pueden demostrar esa faceta que siempre le ha faltado.

Conchita Martínez entrenando con Garbiñe Muguruza. AFP7 / Europa Press

Muguruza no ha podido mantenerse en la cresta de la ola. Problemas físicos, la falta de fortaleza mental y otras circunstancias han impedido ver a una Garbiñe regular, con opciones siempre de ganar. Ese es el principal objetivo que se ha puesto en un 2022 en el que la española deja claro que quiere "ganar" por encima de todo. Esta semana comienza este camino para demostrar que es una de las mejores tenistas de todo el mundo.

Confianza

"No siento que todos los años que empiezo tenga metas distintas o que empiece de cero. Una carrera es una continuación y una progresión. Siento que tengo los mismos grandes objetivos que tenía desde que empecé a jugar en la WTA, que es ganar los grandes títulos, conseguir los títulos que todavía no tengo", exponía este domingo Garbiñe desde Sídney. Sin que nada cambie con respecto a su hambre habitual, sí que hay novedades en su vida.

Ella misma daba una clave en sus últimas palabras: "Sentí que sí, jugué mi estilo de juego. Siento que también me adapté mejor a los momentos en los que no podía hacer mi estilo de juego, encontré la manera de mantenerme en los partidos en cada momento y nunca sentí que no iba como yo lo quería". La nueva Muguruza es capaz de adaptarse a diferentes situaciones. Ha dejado atrás la frustración que le acompañaba cuando no le salían las cosas.

Muguruza, durante el partido ante Pliskova. Henry Romero REUTERS

Aunque todo radica de una cuestión muy sencilla: la confianza. Muguruza tiene este factor por las nubes. La ruptura con Sam Sumyk, después de perder en la primera ronda de Wimbledon de 2019 y los episodios venideros, fue el punto de inflexión. La llegada definitiva a su banquillo de Conchita Martínez, quien, como interina, había guiado a Garbiñe hasta la victoria en Wimbledon, ha tardado en surtir efecto, pero el objetivo ahora es mantener este nivel como nunca antes ha hecho.

El siguiente paso

Muguruza ha ganado Roland Garros en el 2016 y Wimbledon en el 2017, pero es imprevisible y en ocasiones furibunda, y solo ha encontrado paz en estos últimos tiempos. Conchita Martínez y Muguruza centraron la preparación en la fortaleza mental que había mermado en las últimas temporadas a la tenista. No es una obsesión recuperar el número uno del mundo que un día ostentó, pero estar entre las mejores del mundo será una prueba factible para comprobar que la mejor Garbiñe está de vuelta.

Han pasado cuatro años desde su última victoria en un 'Grande' y Muguruza se enfoca en acabar con la sequía. Tachar de la lista el Open de Australia sería la mejor forma de decirle al mundo que es una grande del tenis. El primer paso lo dará en el WTA 500 Sídney que le servirá de preparación para el primer Grand Slam. Ashleigh Barty, número uno del mundo, llega tras triunfar en Adelaida, donde no estuvo Garbiñe, que ha tomado un camino diferente para preparar el torneo.

Garbiñe Muguruza celebra una victoria en Chicago Europa Press

Después de la gira australiana jugará en Dubái para disputar tres WTA 1.000 seguidos, el de Doha, el de Indian Wells y el de Miami. Los aficionados españoles podrán disfrutar del tenis de Muguruza en el torneo de Madrid. El WTA 1.000 Roma será la última gran cita antes del segundo Grand Slam de la temporada, Roland Garros. También ha confirmado que disputará el WTA 500 Berlín sobre hierba y será el único torneo sobre esta superficie antes del tercer Grand Slam de la temporada, el histórico Wimbledon.

La mentalidad del paso a paso se ha instalado en la tenista y parece que le está saliendo bien. La española tiene mucho que decir este año y los grandes torneos ya esperan su comparecencia. "Garbiñe ha vuelto. Será peligrosa en 2022", vaticinaba el gran Mats Wilander. En manos de Muguruza está demostrarlo. Tiene hambre de títulos, sobre todo de los dos Grand Slams que le faltan en sus vitrinas.

[Más información: Garbiñe Muguruza reconquista el tenis mundial: cuatro años de sequía y un cambio a fondo]

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