Rebeka Masarova (Basilea, 1999) es la gran sorpresa del US Open hasta la fecha. La jugadora española realizaba su estreno en un Grand Slam tras superar la fase previa. En la madrugada de la península, superaba a Ana Bogdan en tres horas y 44 minutos de partido. Tuvo que salvar hasta dos bolas de partido en un último parcial de infarto, donde se impuso en el 'tie break' como en los otros dos sets. Las lágrimas de emoción son el preludio de su enfrentamiento en segunda ronda contra Elina Svitolina, a la que también quiere sorprender.

Residente en Basilea, donde nació, y de padre eslovaco y madre española, Masarova compite bajo la bandera de España desde 2018. Fue cuando decidió ponerse a las órdenes de Pipo Maresma en Barcelona, que está sacando el potencial de una jugadora alta (1,86 m.), con un fuerte saque y un tenis muy contundente. Ya había estado antes en la península, compitiendo entre los nueve y los 15 años hasta que se fue a Suiza.

Ahí fue cuando se convirtió en campeona junior de Roland Garros, así como fue finalista del Abierto de Australia. En Francia venció a la estadounidense Amanda Anisimova por 7-5 y 7-5 en 2016, mientras que un año después estuvo a punto de superar a Marta Kostyuk en Oceanía por 7-5, 1-6 y 6-4. Cuando volvió a España después de estos dos éxitos, tuvo varios problemas físicos que lastraron la progresión que parecía tener.

Primero fue un ligamento de su rodilla y después el pie. Prácticamente hasta 2020 no pudo volver a competir con regularidad y fue entonces cuando llegó la pandemia. Masarova nació y se crio en Basilea, la misma ciudad en la que lo hizo Roger Federer. Ha crecido bajo su influencia y es su gran modelo a seguir. Allí sigue residiendo y es su base de operaciones. Estando allí y con los problemas que tienen las tenistas que están por debajo del número 150 del ránking también ha tenido que buscar más allá del tenis para hacer su carrera.

Medicina

Aprovechando las cuarentenas que impidieron competir en 2020, Masarova cambió la pista de tenis por una clínica de neurorrehabilitación, tal y como explicó en una entrevista en el diario Hoy: "Hasta julio los tenistas no podemos jugar, así que me puse a buscar diferentes trabajos. Cualquier cosa, en un supermercado o así, pero también pensé que podría aprovechar y hacer algo que me interesase, porque ahora tengo tiempo. Mandé un email a esta clínica, que conocía por mi hermana que había trabajado ahí ya. Yo no tengo ningún título de enfermería, así que pregunté si podía ayudar a los enfermeros o lo que fuera".

Una vocación que le viene de familia, porque su padre es médico, su madre es enfermera y su hermana está terminando los estudios de medicina. Rebeka Masarova, a sus 22 años, está dando pasos firmes para asentarse de forma definitiva en el tenis profesional. Una nueva raqueta femenina más para la gran escuela que tiene actualmente el país.

[Más información: Muguruza se arremanga para empezar el US Open]

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