Sin grandes alardes, con algunos fallos y otros aciertos, Rafael Nadal debutó en el Masters 1000 de Indian Wells venciendo 6-3 y 6-2 a Guido Pella y se citó por el pase a octavos de final con Fernando Verdasco, vencedor 7-6 y 6-1 del francés Herbert. El partido, que se jugó a más de 40 grados de temperatura, escondió una peligrosa trampa para el español, sin importar la clasificación de su rival (145 del mundo) o su propia inercia ganadora en el arranque de 2017.

Después de caer en la final de Acapulco con el estadounidense Querrey, Nadal llegó a Indian Wells y pasó dos días sin poder entrenarse como consecuencia de una enfermedad (un resfriado) que le impidió coger la raqueta. Mientras sus rivales se preparaban para el torneo, el mallorquín esperaba el momento de recuperar algo de energía para intentar adaptarse a la pista, lo que pudo hacer por primera vez el jueves, antes de repetirlo el viernes (también se estrenó en dobles con Bernard Tomic, venciendo a Pablo Carreño y Joao Sousa) y el sábado, a horas de jugar su primer encuentro individual.

“Fue un partido sólido en el que no traté de hacer cosas increíbles”, explicó Nadal ante los periodistas. “Traté de jugar sólido, de encontrar el ritmo, y creo que lo hice. Por momentos he jugado bien y por momentos un poco menos bien, pero lo importante es que gané, y en sets seguidos”, prosiguió el balear. “No he jugado ningún partido malo esta temporada. En Abu Dhabi, en Brisbane, en Melbourne, en Acapulco… vamos a ver aquí”. 



Pella, que en el pasado Abierto de Australia reconoció que las heridas provocadas por la conquista de la primera Copa Davis en la historia de Argentina todavía no estaban cerradas (“Me despedazó mentalmente. Ahora lo estoy pagando”, dijo tras perder con Roberto Bautista en la ronda inaugural), aterrizó en el cruce con Nadal después de cortar una racha de cinco derrotas seguidas (cuartos de final en el torneo de Sao Paulo) y tras ganar a Guillermo García-López en la primera ronda de Indian Wells en un meritorio partido al que sobrevivió milagrosamente, pese a estar a un juego (4-6 y 3-5) de caer eliminado.



De arranque, y enfrentado a un rival recién salido de una enfermedad, el argentino aprovechó para tomar ventaja (2-1 y saque), pero fue incapaz de mantener la distancia cuando le llegó el momento de hacerlo. Un minuto más tarde, Pella estaba entregando ese break inicial con tres inofensivas subidas a la red que le sirvieron a Nadal para saber que el vértigo había llegado a la cabeza de su contrario, porque solo la precipitación puede llevar a un jugador a irse hacia delante sin que ese sea su estilo de juego o sin que la situación lo exija.



Desde entonces, el mallorquín le propinó un 5-1 de parcial (de 1-2 a 6-3), amarró la primera manga y se echó a la yugular del argentino, que entregó de entrada el servicio en el segundo parcial y acabó inclinándose, aunque tuvo una reacción digna (recuperó la rotura en la segunda manga, que volvió a perder para dejar al español con 3-2, y se fabricó después un 0-40 que no aprovechó). Nadal, que se enredó a veces con errores inusuales y nunca se exigió demasiado, pasó a la tercera ronda controlando el encuentro con una maestría que solo da la experiencia, pero sin perderle nunca la cara a la realidad.



El campeón de 14 grandes, que la noche anterior vio cómo Vasek Pospisil descabalgaba sorprendentemente a Andy Murray en el estreno del número uno del mundo en el torneo, redobló las precauciones por dos motivos igual de importantes: que Pella es un rival zurdo y batallador al que nunca antes se había medido (con todo lo que eso conlleva) y que su cuerpo necesitaba un pequeño período de adaptación a la competición, lo habitual tras estar malo y sufrir los latigazos de cualquier enfermedad.



Así, la victoria fue una buenísima noticia para el mallorquín, porque le permitió seguir vivo en el torneo y le concedió un día más para entrenar (no jugará otra vez hasta el martes). Falta le hará si quiere estar listo para lo que se le viene encima. Formar parte de uno de los cuadros más duros que se recuerdan el vestuario le deja ante un hipotético camino que ni su peor enemigo le podría haber diseñado: Roger Federer en octavos de final y Novak Djokovic en cuartos, antes de empezar a pensar en las semifinales que defiende. Vienen curvas.

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