Dubái

“¿De verdad Roger Federer se va a sentar en ese sillón? No puede ser verdad, no puedo creerlo. ¡Nunca en mi vida he visto a Federer en persona! Estoy muy nervioso, no sé si voy a poder enfocar bien”. El domingo por la mañana, mientras una lluvia inesperada cae sobre Dubái encharcando las calles y cancelando los partidos de la fase previa del torneo, un fotógrafo se frota las manos en la octava plana del hotel Jumeirah Creekside, donde también hay una multitud de periodistas esperando a que aparezca el genio suizo.

Tras ganar el Abierto de Australia hace unas semanas, protagonizando uno de los episodios históricos del deporte moderno, Federer regresa a la competición desde mañana lunes en Dubái (se mide a Benoit Paire en la primera ronda) a caballo entre la resaca de su grande número 18 y la incógnita de saber cómo le reaccionará el cuerpo según avance el año.

“Cuando estaba aquí entrenando el pasado mes de diciembre y hablaba sobre mis opciones para el Abierto Australia no esperaba ningún resultado”, se arrancó Federer, que la última semana llevó la copa de campeón del torneo a lo más alto de las montañas suizas y se fotografió con ella mientras grababa un programa especial de televisión con el famoso aventurero Bear Grylls. “Todo fue una gran sorpresa. Viví muchas emociones, de las mayores que he tenido como jugador”, reconoció el número nueve. “2016 fue muy complicado a varios niveles. Solo pude jugar sano en Melbourne”, recordó Federer, que cayó en semifinales con Novak Djokovic y días después se rompió el menisco de la rodilla derecha, iniciando un calvario que le alejó de las pistas durante seis meses, desde Wimbledon hasta que reapareció en Perth para jugar la Copa Hopman. “El resto de la temporada estuve lesionado o enfermo. Volver de esta forma ha sido inmejorable e increíble”.

Ahora, y tras ganar con 35 años un Grand Slam que parecía imposible, Federer tiene más claro que nunca que una meditada selección de su calendario es la llave que le va a poder permitir mantenerse con opciones de pelear por más títulos, porque con esa edad debe escuchar a su cuerpo por encima de todo, aunque no tenga un juego que le exija el desgaste de otros jugadores.

“Tengo que tener cuidado. Me va a llevar algún tiempo sentirme lo mejor posible, quizás hasta abril”, avisó el suizo. “En ese momento habré jugado partidos al mejor de cinco sets como los del Abierto de Australia, partidos consecutivos en Dubái y quizás algunos en Indian Wells y Miami”, continuó Federer, que tiene previsto disputar los dos primeros Masters 1000 del año y luego decidir qué hacer. “Después de Miami podré saber dónde estoy y conocer cómo va a reaccionar mi cuerpo, la cantidad de partidos que puede soportar”, añadió el campeón de 18 grandes, antes de explicar por qué aumentar su récord no es ninguna locura.

“Sé que Roland Garros sería duro porque tendría que trabajar muchísimo durante la temporada de tierra batida para estar realmente preparado, e incluso haciendo eso no tendría garantías. Tengo que hacerme una pregunta: ¿Cuánto voy a dar de mí en Roland Garros?”, prosiguió, dejando la puerta abierta a no competir en la gira de arcilla, una opción que no sería descabellada. “En Wimbledon y en el Abierto de los Estados Unidos siempre voy a tener oportunidades mientras siga jugando sano porque la pista es muy favorable para mí, la velocidad, todo.… Así que si me atrevo a soñar, seguro. ¿Por qué no?”, se preguntó. “Igualmente, necesito un poco de tiempo. Todo esto ha sido increíble y sigo en una nube. Claramente, el objetivo será Wimbledon porque sé que allí voy a tener mi mejor oportunidad y es donde espero estar al 100%”.

Como en los últimos años, ya no es Federer contra el tiempo porque en Melbourne Federer venció al tiempo. Ahora es una historia distinta. El suizo juega libre de cargas, responsabilidades y objetivos fallidos. Posiblemente, y con la tranquilidad de jugar cuando y donde quiere, Federer es aún más peligroso.

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