Dubai

“Es la victoria más importante de mi carrera y posiblemente uno de los mejores días de mi vida”. A los 17 años, Catherine CiCi Bellis superó 6-4, 2-6 y 6-2 a Agnieszka Radwanska en octavos de final del torneo de Dubái, consiguió su primer triunfo contra una de las 10 mejores del mundo y se clasificó para disputar este jueves los cuartos de final ante Caroline Wozniacki, vencedora 3-6, 6-2 y 6-3 de la ucraniana Bondarenko.

Al margen de confirmar el esperanzador futuro que tiene por delante, el partido le dio la razón: a finales de la temporada pasada, y tras un tiempo desojando la margarita, Bellis decidió abandonar su condición de amateur, convertirse en profesional y romper su pacto verbal para estudiar y jugar por el equipo de la Universidad de Stanford con todos los gastos cubiertos, perdiendo así su elegibilidad a una beca universitaria tras superar las pruebas de acceso con una nota brillante. No se equivocó.

En 2014, y con 15 años, Bellis apareció en el Abierto de los Estados Unidos y derrotó a Dominika Cibulkova en la primera ronda del torneo. La victoria llegó a todos los rincones del planeta porque en las últimas dos décadas ninguna jugadora tan joven había conseguido ganar un partido en el último grande de la temporada. Los 60.000 dólares del premio que obtuvo, sin embargo, nunca llegaron a su cuenta bancaria.

Las reglas de la NCAA (Asociación Nacional Atlética Universitaria, por sus siglas en inglés) impiden que cualquier deportista que quiera acudir a la universidad con la ayuda de una beca pase de ser amateur a profesional, percibiendo ingresos como recompensa. El trato es claro: si eso ocurre, si el atleta logra premios por sus méritos deportivos, el dinero no puede caer en sus manos.

El plan que la Universidad de Stanford tenía reservado para la estadounidense era así de interesante: cubrir la mayor parte de sus gastos, incluyendo residencia, entrenamientos, viajes y materiales para poder entrenar y competir, permitiéndole además formarse académicamente durante los cuatro años que dura la carrera. Bellis, que habría jugado por el equipo de Stanford para medirse en competiciones regionales y nacionales con otras universidades, podría haber tenido a su disposición un equipo de técnicos, nutricionistas, fisioterapeutas y psicólogos en unas instalaciones que ya querrían algunas de las mejores academias del mundo. Con esa oferta, la estadounidense se pasó un buen tiempo dándole vueltas y utilizó un coherente termómetro para elegir los libros y la raqueta o la raqueta en exclusividad: sus resultados en los próximos meses.

Así, en 2016, Bellis volvió a romper su techo al llegar a la tercera ronda del Abierto de los Estados Unidos, donde cayó con Angelique Kerber tras pasar la fase previa del torneo y ganar dos partidos del cuadro final (debía renunciar de nuevo a 140.000 dólares, algo que no terminó sucediendo). Llegados a ese punto, y tras meses de dudas y indecisiones, la estadounidense se sentó con los suyos y dio un paso trascendental en su carrera: adiós a la universidad, hola al mundo profesional, bienvenidos a la aventura de verdad.

“Sinceramente”, se arrancó Bellis en Dubái tras inclinar a Radwanska, “he tenido un par de meses de ensueño desde que me he convertido en profesional, pero lógicamente no siempre voy a ser tan afortunada. He tenido mucha suerte hasta ahora”, prosiguió la estadounidense, que aunque pierda en cuartos estrenará su mejor ranking de siempre (56 mundial) el próximo lunes. “Es como una especie de locura. Estoy disfrutando de todo lo que me está pasando y aprendiendo de la experiencia para lo que venga el día de mañana”, insistió. “Creo que ha sido la decisión correcta. Incluso si no hubiese ido tan bien como el año pasado, era lo mejor para mí, para mi futuro y para poder seguir creciendo como jugadora”.

Ahora, meses después, la apuesta de Bellis le sonríe: la estadounidense, que es la más joven del top-100, va volando hacia lo más alto.

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