Barcelona

Bajo el cielo plomizo de Barcelona, Fabio Fognini se dedicó a pasearse con la mirada clavada en el suelo viendo cómo los pelotazos de Rafael Nadal escoltaban al mallorquín (6-2, 7-6) hacia las semifinales del Conde de Godó. En una tarde cambiante (ganó la primera manga cómodamente, pero sufrió en la segunda, donde llegó a restar con 4-5 para no tener que disputar la tercera), el triunfo confirmó que el campeón de 14 grandes vive sus días más dulces en mucho tiempo después de celebrar el título en el Masters 1.000 de Montecarlo, su primer gran trofeo en casi dos años.

Nadal, que no sumaba tantas victorias consecutivas (ocho) desde mayo de 2014 (Madrid y Roma), llega ahora al tramo final del torneo de Barcelona mejor que nunca, después de recuperar el tiro sobre el que ha forjado una leyenda brillante: su derecha está lista para todo, incluso para pensar en asaltar lo que le queda de gira de tierra (dos partidos en el Godó, Madrid y luego Roma) y mirar con deseo a Roland Garros, que arranca el próximo 16 de mayo. Nada es imposible tras rescatar la mejor versión de ese golpe, que ha sufrido una transformación total en las últimas semanas.

“La bola viene más directa cuando Nadal juega con la derecha suelta”, explica Álex Martín, sparring del Mutua Madrid Open, habitual compañero de entrenamientos del mallorquín en los últimos años. “Al pegarla profunda y con peso, consigue una pelota que salta mucho y que te impide jugar cerca de la línea, echándote hacia atrás”, prosigue, fotografiando los problemas que han sufrido tantos y tantos rivales.

Nadal, durante su encuentro con Fognini. Efe

¿Cuál es la sensación que tiene un jugador al encontrarse con la cara más afilada de la derecha del número cinco? “No puedes atacarle, sólo puedes defenderte”, responde Martín, que compartió pista con Nadal en la gira de tierra de 2014, cuando el balear levantó su último Roland Garros. “Cualquier tenista intenta ir a ganar el punto y el problema con su bola es que en ningún momento tienes la opción de ir hacia delante porque la pelota te come y no puedes ir hacia ella”, desgrana. “Una pelota corta es como otra cualquiera, que puedes atacarla, al igual que una derecha normal. Obviamente, ni viene con el peso ni salta tanto. Es una bola sencilla, fácil de atacar. Ahora mismo, Nadal está jugando largo y profundo. Así, con ese nivel, es muy complicado hacerle daño o desbordarle”.

Un golpe histórico

La derecha ha marcado la carrera de Nadal como La Mona Lisa la de Leonardo da Vinci. Desde que apareció en el circuito, el balear ha martirizado con ese golpe a todos sus rivales gracias al efecto combado (liftado) que catapulta su pelota hacia las alturas, rozando las 6.000 revoluciones por minuto (moviéndose habitualmente en la franja de las 3.000 a las 4.000). Con un peculiar gesto, pasando la raqueta por encima de la cabeza para conseguir envolver la bola y que salga disparada diabólicamente, Nadal se fabricó una vitrina impresionante.

Luego, y coincidiendo con su crisis de juego (finales de 2014 y todo 2015), el drive perdió todo los rasgos que lo habían hecho único. La bola de Nadal, que subía como una ola gigante ahogando a los contrarios, se convirtió en blanda y previsible. En consecuencia, los contrarios pasaron de huir despavoridos a cargar las embestidas en esa diana. Hoy, cuando esos días han quedado atrás, el español ha vuelto a disparar como en el pasado.

Los técnicos coinciden en señalar tres argumentos para explicar la completa recuperación de la derecha de Nadal. Primero, que las victorias de Indian Wells (llegó a semifinales y perdió con Novak Djokovic, al que plantó cara por primera vez en mucho tiempo) y Montecarlo (ganó el título) le han dado la confianza necesaria para volver a creer en ese golpe. Segundo, que su buen momento físico le permite moverse con la frescura que requiere un tiro tan exigente. Y tercero, que con fuerza en las piernas todo es diferente: bien apoyado, Nadal consigue clavar el cuerpo y dejar que el brazo circule hasta completar el movimiento completo, esperando para ver el resultado final.

El mallorquín, sin embargo, lo resumió de otra forma tras llegar a las semifinales en Barcelona, recurriendo a un discurso que va más allá de la técnica. “La realidad es que no es la derecha, es la mente lo que te permite hacer algo más”, argumentó el número cinco al deshacerse del italiano Fognini. Filosofía Nadal, filosofía del jugador que olfatea su noveno título en el Conde de Godó.

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