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Juan Espino, referencia de las artes marciales mixtas en España, es mucho más que "El Guapo" -su apodo-, el luchador canario que llegó a pelear en la UFC tras una vida deportiva que arrancó en la lucha canaria y pasó por experiencias tan singulares como el kabaddi en Londres.

Su trayectoria está llena de éxitos, pero también de renuncias, y él mismo utiliza el dinero como hilo conductor para explicar el precio real de esa carrera.

"He ganado dinero pero sacrificando otros aspectos de mi vida". La frase resume el peaje de un deportista que ha encadenado etapas, viajes, cambios de país y lesiones para mantenerse en la élite.

Espino añadió que tuvo "buenas pagas pero dejé de ganar mucho dinero por mi arraigo con Gran Canaria y el club Almogarén", admitiendo que su fidelidad a la isla le costó contratos más suculentos en otros lugares.

En la llamada "época dorada" de la lucha canaria, el propio Espino recuerda que "la lucha canaria mueve dinero, en especial los puntales A. Estamos hablando de que hoy en día hay sueldos de 50, 60 u 80.000 euros, pero se llegaban a pagar hasta más de 100.000".

Juan Espino, exluchador de la UFC.

Él formaba parte de ese grupo de nombres que concentraban las mejores fichas, pero aun así eligió cobrar menos por competir en Gran Canaria, asumiendo conscientemente esa merma de ingresos.

La dimensión económica de su carrera se ve también en sus incursiones en Londres, donde participa en veladas organizadas por la comunidad hindú: "En una ocasión me dijo que se pagaban muy bien esos combates. Y es cierto. Tanto, que me sacrificaba en irme a Londres en el primer vuelo del sábado, después de luchar en Canarias el viernes; dormía esa noche allí, peleaba el domingo y me regresaba el lunes a Gran Canaria".

La venta del material deportivo

Ese ritmo de viajes exprés, solo justificado por las bolsas, muestra hasta qué punto el dinero condiciona la agenda de un luchador.

Allí, además, encontró una forma de multiplicar ingresos: "Recuerdo que me pagaban en libras y yo, con mi olfato de negociante, iba a una tienda de material deportivo, compraba guantes, canilleras y no sé cuántas cosas más, los traía a Gran Canaria y los vendía. Así, además de tener cambiadas las libras a euros, me ganaba un dinero extra". 

Su salto a la MMA y a la UFC llega tras vender sus gimnasios y marcharse a Estados Unidos "sin sueldo", tirando del dinero obtenido por esa venta.

El gran punto de inflexión económico es el reality The Ultimate Fighter 28: "Gracias a ganar el reality televisivo de The Ultimate Fighters 28…, pude firmar un contrato de seis cifras pero mi caso no refleja la realidad".

Espino contrasta su situación con las grandes estrellas del negocio: "Es verdad que McGregor se lleva millones pero únicamente hay un Conor McGregor. Me atrevo a decir que él sólo se embolsa lo mismo que reciben todo el resto de luchadores de MMA juntos". 

La gestión de su patrimonio

El canario también apunta al papel de la imagen y los patrocinios: "La publicidad supone para los deportistas una importante fuente extra de ingresos. En algunos casos duplica o triplica lo recibido por los clubes. Son sumas millonarias dependiendo de la proyección y popularidad del deportista".

Pero advierte del reverso: "¿Cuántos deportistas se han arruinado por meterse en proyectos empresariales? ¡Montones! Yo mismo tomé decisiones equivocadas con las cuales perdí dinero".

De ahí su insistencia en rebajar las expectativas económicas de los jóvenes: "En serio: ganar 2.000 o 3.000 euros con una actividad deportiva es todo un éxito pero se ha extendido la idea de que no eres nadie si no facturas una fortuna".

En la voz de Juan Espino, las cifras dejan de ser solo un marcador de éxito para convertirse en una advertencia sobre el coste, las renuncias y la fragilidad económica que se esconden detrás de una carrera en los combates