Mark Brunell, histórico quarterback de la NFL con pasos destacados por Jacksonville Jaguars, Washington, New York Jets y New Orleans, se ha convertido en uno de los ejemplos más sonados de cómo una carrera millonaria puede desvanecerse por malas inversiones inmobiliarias.
A pesar de haber acumulado alrededor de 50 millones de dólares en ingresos durante sus 17 temporadas como profesional, el exjugador terminó atrapado en una maraña de deudas ligadas a proyectos inmobiliarios y negocios asociados que lo llevaron a declararse en bancarrota.
Durante los años de bonanza, Brunell destinó buena parte de sus ganancias a sociedades como Champion LLC y JWB Owner LLC, dedicadas a la compra y desarrollo de propiedades en distintos estados, además de invertir en una cadena de franquicias de Whataburger en Florida.
El negocio pareció sólido hasta el estallido de la burbuja inmobiliaria y la crisis de crédito, que dejaron estas operaciones sin capacidad de generar ingresos suficientes para cubrir los préstamos multimillonarios que había avalado personalmente.
Cuando el mercado se desplomó, el exmariscal de campo se encontró con garantías personales por más de 9 millones de dólares en préstamos ligados a sus empresas, además de hipotecas y otras obligaciones que dispararon su pasivo total hasta cerca de 25 millones.
Mark Brunell, exjugador de la NFL.
"Me metí en algo que estaba por encima de mis posibilidades y la deuda se volvió insuperable", reconoció Brunell al Jacksonville Daily Record al explicar por qué optó por el procedimiento de bancarrota.
Con los años, Brunell ha hablado con una franqueza poco habitual sobre la magnitud del desastre. Diversos análisis financieros recogen que sus pérdidas en inversiones inmobiliarias y negocios asociados prácticamente evaporaron los más de 50 millones de dólares que ganó en la NFL.
Riesgos innecesarios
En conferencias y charlas sobre educación financiera para deportistas, el exquarterback ha admitido que confió en exceso en el auge del ladrillo y asumió riesgos que no comprendía del todo.
"Tomé algunas muy malas decisiones empresariales", ha dicho al rememorar esa etapa, subrayando que el problema no fue solo el colapso del mercado, sino su propia falta de prudencia y supervisión.
En otro momento, al referirse al impacto emocional del proceso, ha señalado que "ver cómo se va todo lo que has trabajado durante una vida es devastador, pero también una llamada de atención".
Estas palabras, recogidas por medios locales de Jacksonville durante su proceso de reorganización financiera, han servido de advertencia a generaciones más jóvenes de atletas.
En 2010, abrumado por las garantías personales sobre préstamos comerciales y el desplome de sus proyectos, Brunell presentó una solicitud de bancarrota bajo el Capítulo 11, una figura más habitual en empresas que en individuos, pero que encajaba con su particular entramado de sociedades inmobiliarias. "Era la única vía viable", explicó sobre aquella decisión, que le permitió reestructurar deudas que superaban ampliamente sus activos.
En la documentación judicial se detallaban activos por unos 5,5 millones de dólares frente a casi 25 millones en pasivos, gran parte derivados de desarrollos inmobiliarios malogrados y de las franquicias de comida rápida.
Lejos de culpar únicamente al contexto económico, Brunell ha repetido en entrevistas que "la responsabilidad es mía; firmé los documentos, avalé los préstamos y no entendí plenamente los riesgos".
En la ruina económica
Tras salir del proceso de bancarrota, confirmado por un juez en 2011, Brunell comenzó a reconstruir su vida con un perfil económico mucho más modesto.
Pasó a trabajar en empleos alejados de los grandes salarios de la NFL, al tiempo que ofrecía charlas sobre planificación financiera y la importancia de la diversificación y la asesoría independiente para los deportistas profesionales.
Mark Brunell, durante un partido.
En esos foros, el exquarterback insiste en tres ideas que resumen su caída: no invertir en negocios que no se entienden, no concentrar la riqueza en un solo sector y desconfiar de los retornos "demasiado buenos para ser verdad".
"Si mi historia sirve para que otro jugador no repita mis errores, algo bueno habrá salido de todo esto", ha comentado Brunell al reflexionar sobre unos años en los que, entre ladrillos, préstamos y promesas de rentabilidad, vio desvanecerse la fortuna construida a base de golpes y pases sobre el emparrillado.
