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El 4 de abril de 2020, en un hipódromo Royal Randwick completamente vacío por la pandemia, un jinete de 25 años volvió a la báscula llorando sin control.

James Innes Jr acababa de ganar el Doncaster Mile, una de las carreras más prestigiosas de Australia, montando a una yegua temperamental de 40 a 1 que comía pizza y bebía cerveza.

Las cámaras captaron el momento en que se derrumbaba emocionalmente, incapaz de contener las lágrimas mientras las tribunas permanecían silenciosas, sin público que celebrara su triunfo.

Cinco años después, ese mismo hombre ha sido expulsado del deporte hípico durante 25 años. La sanción, una de las más severas en la historia de las carreras, llegó tras una investigación que confirmó que Innes Jr cometió conducta sexual inapropiada —acoso y abuso sexual— contra cinco mujeres en múltiples incidentes que ocurrieron en un establo y en locales con licencia.

El jinete que una vez fue héroe nacional se ha convertido en un paria del deporte que amaba.

Para entender la magnitud de la caída de Innes Jr, hay que volver a ese día surrealista de abril de 2020. Las restricciones por Covid habían convertido una de las jornadas más importantes del calendario hípico australiano en un evento fantasmal.

Solo jockeys, entrenadores y un puñado de empleados de cuadra podían asistir al Derby, el Doncaster, el T.J. Smith y el Sires Produce Stakes.

Innes Jr, un jinete de provincias que habitualmente competía en circuitos menores, solo estaba allí porque las estrictas normas sanitarias obligaban a los jockeys a elegir entre norte, sur o metropolitano. Él eligió la ciudad, una decisión que cambiaría su vida.

La entrenadora Wendy Roche, una outsider del mundo de los grandes establos, buscaba desesperadamente un jinete para Nettoyer. Había llamado a varios, pero nadie quería montar a la yegua.

Su reputación la precedía: temperamento imposible, resistencia a ir a las barreras, conducta agresiva. Esa misma semana, Nettoyer había mordido en la cabeza a un mozo, que tuvo que recibir puntos de sutura.

Innes Jr nunca había montado a Nettoyer. Cuando subió a su lomo ese sábado, no sabía lo que le esperaba. "Honestamente pensé que nunca la llevaría hasta las barreras", recordaría más tarde.

James Innes Jr con Wendy Roche, la entrenadora de la yegua Nettoyer Bradley Photographers

La yegua se encabritó repetidamente, dio vueltas en círculos, se quedó completamente quieta mirando al horizonte durante dos minutos. Solo cuando Innes Jr sacó los pies de los estribos y la 'hackeó' hasta la salida, Nettoyer accedió a moverse.

En carrera, todo cambió. Desde el último lugar, Nettoyer comenzó a acortar distancias de forma espectacular. "En los 600 metros pude sentir cómo empezaba a alargar la zancada. Cuando llegué al extremo exterior, realmente empezó a alcanzar su velocidad máxima", relató Innes Jr.

A 200 metros de la meta, la yegua desató un motor imparable. Cruzaron la línea en primer lugar con más de medio millón de dólares en premios.

Las lágrimas brotaron cuando volvía hacia la báscula. Era su primera victoria de Grupo 1, el momento más grande de su carrera. Pero no había público que lo ovacionara, ni amigos que lo abrazaran, solo el silencio inquietante de un estadio vacío y las cámaras de televisión capturando su vulnerabilidad.

La construcción de una carrera

James Innes Jr creció en el mundo de las carreras. Su padre, James Innes Sr, fue jinete profesional hasta su retiro en 2007, y transmitió a su hijo el amor por el deporte. El joven James cumplió su aprendizaje con entrenadores como Keith Dryden, una experiencia que describiría como "un cambio de vida".

Pero su carrera nunca fue fácil. Una grave caída en Bathurst lo dejó fuera durante un período prolongado. "Me llevó mucho tiempo superarlo", confesaría años después. También luchó contra episodios de depresión, una batalla que pocos conocían pero que marcó su vida profesional.

A pesar de los obstáculos, Innes Jr se construyó una reputación sólida en los circuitos provinciales de Nueva Gales del Sur y Canberra.

Con 331 victorias en su carrera y más de 13 millones de dólares en premios acumulados, se había establecido como un jinete confiable, aunque nunca alcanzó el estrellato de los grandes nombres metropolitanos.

Su victoria en el Doncaster 2020 cambió todo eso. De repente, era un nombre reconocido nacionalmente. Ganó dos carreras más de Grupo 3 —incluido el Magic Millions B.J. McLachlan Stakes en diciembre de 2022— y se convirtió en una figura respetada en el circuito.

Pero detrás de esa fachada de éxito, algo más oscuro estaba ocurriendo.

Las sombras en el establo

El pasado 30 de agosto, James Innes Jr montó por última vez. Dos carreras en Kembla Grange marcaron el final de su trayectoria, aunque él todavía no lo sabía. Doce días después, el 11 de septiembre, Racing NSW lo suspendió y le presentó ocho cargos bajo las normas del deporte hípico.

La Unidad de Integridad de Racing NSW había estado investigando durante meses. Cinco mujeres del mundo de las carreras se habían presentado con denuncias contra él.

Los incidentes habían ocurrido en múltiples ocasiones, en un establo y en locales con licencia, espacios que deberían haber sido entornos profesionales pero que Innes Jr había convertido en lugares de conducta sexual inapropiada.

La naturaleza exacta de los cargos no fue revelada públicamente por Racing NSW, pero las víctimas proporcionaron testimonios detallados durante una audiencia celebrada en los días previos al Caulfield Guineas Day de octubre.

Innes Jr tuvo que enfrentar a sus acusadoras, que relataron cómo habían sido objeto de acoso y abuso sexual por parte del jinete.

El jinete compareció vía Zoom, sin representación legal a su lado. Cuando se anunció el veredicto —culpable de los ocho cargos— y la sanción —25 años de descalificación, hasta 2050— Innes Jr, que ahora tiene 30 años, no apeló. No hubo lágrimas esta vez. No hubo drama. Solo silencio.

Una sanción que cierra una vida

Veinticinco años. Para un deportista de 30 años, es una sentencia de muerte profesional. Innes Jr tendrá 55 cuando expire la prohibición, una edad en la que ningún jinete puede competir al más alto nivel. Efectivamente, su carrera ha terminado.

La sanción es una de las más largas en la historia del hipismo australiano. Un funcionario de Racing NSW confirmó que era "la sanción más larga en la que había estado involucrado". El mensaje era claro: la conducta sexual inapropiada no tiene lugar en las carreras, sin importar cuán exitoso seas.

Se entiende que Racing NSW compartió el caso con la Policía de Nueva Gales del Sur, pero no está claro si lanzarán una investigación criminal separada. Los medios locales apuntan que ninguna de las denunciantes quería continuar con el asunto o hacer declaraciones en esta etapa, y hasta ahora no se han presentado cargos criminales.

James Innes Jr, en competición Bradley Photographers

La ironía es cruel. James Innes Jr será recordado por dos cosas: por ganar el Doncaster más extraño de la historia en un hipódromo vacío durante una pandemia, y por ser uno de los jinetes con la sanción más severa por conducta sexual en Australia.

Su victoria en 2020 fue un cuento de hadas: el jinete provinciano, la yegua temperamental, el triunfo contra todo pronóstico en circunstancias sin precedentes.

Apenas cinco meses antes de su expulsión, en marzo, Innes Jr había sido invitado a un podcast para rememorar el quinto aniversario de ese día mágico. Habló con nostalgia de Nettoyer, del surrealismo del momento, de su padre viendo desde casa, de cómo aquel triunfo había sido "un sueño".

No mencionó, porque nadie lo sabía, que la investigación de Racing NSW ya estaba en marcha. Que cinco mujeres ya habían presentado denuncias. Que su carrera estaba a meses de desmoronarse por completo.

Nettoyer, la yegua que le dio gloria, fue retirada de las carreras y vendida como yegua de cría. Su temperamento imposible y su dieta de pizza y cerveza se convirtieron en leyenda. Innes Jr, el jinete que la domó por una tarde en un estadio vacío, será recordado por un legado muy diferente.

Hoy, con 30 años, su vida profesional ha terminado. El hipismo australiano lo ha expulsado hasta 2050. Las cinco mujeres que denunciaron su conducta finalmente obtuvieron justicia. Y el jinete que lloró de alegría en 2020 enfrenta ahora 25 años en la oscuridad, sin público, sin carreras, sin redención.

Las lágrimas de Randwick parecen hoy una vida atrás. El héroe del Covid se ha convertido en el villano del deporte hípico, y esta vez, no hay cuento de hadas que lo salve.