“Él tenía un coche pequeñito y le gustaba correr mucho. Entonces, le decíamos que no fuera tan rápido. Hasta que un día, tuvo un pequeño choque saliendo de entrenar. Y nosotros, en vez de ayudarlo, nos pusimos a echar fotos con el móvil para que no corriera tanto”. En ese incidente anecdótico contado por Aitor Ariño, jugador del Barcelona, nace la primera acepción de la ‘Bala’, esa que dice que a David Balaguer (Barcelona, 1991) le va el vértigo al volante -como a cualquiera de su edad-. La otra tiene que ver con su forma de jugar al balonmano. El extremo internacional, hoy por hoy, es un bólido dentro de la pista, el máximo goleador de la selección española en este Mundial (15 tantos) y el tercer jugador con mayor porcentaje de acierto (79%), sólo por detrás de Gedeón Guardiola (8 de 8) y Alejandro Costoya (4 de 5, 80%). Una estadística que puede ampliar este miércoles ante Macedonia (20:45 horas, TDP). 



A sus 25 años, David ha pasado de ser un desconocido para el común de los mortales -aunque no, obviamente, para los seguidores al balonmano- a ser la revelación de los ‘Hispanos’. Sin hacer mucho ruido, sumando aciertos y penalizando malos augurios, como casi siempre a lo largo de su carrera. Desde bien pequeñito, cuando decidió abandonar el fútbol, al que jugó su padre, para ingresar en el SAFA Horta, su primer equipo de balonmano. Después, vendrían el Barcelona, el Liberbank Ciudad Encantada de Cuenca y ahora el Nantes, donde brilla esta temporada: el conjunto de Thierry Anti es segundo en la liga francesa, está en octavos de la Champions League y en la Final Four de la Copa. Y él, mientras tanto, a lo suyo: es el segundo máximo realizador de su equipo por detrás de Nicolas Claire y el décimo del campeonato (con un 75% de efectividad).

David Balaguer celebra un gol.



Su progresión, en cambio, no es una sorpresa para los que han compartido días con él. Aitor Ariño, jugador del Barcelona, que coincidió con él en las categorías inferiores del club y fue compañero suyo de habitación en muchas ocasiones, ha visto su progresión como algo natural: “Ya destacaba entonces y ha conseguido mantenerse con el tiempo”. Pero, donde más ha evolucionado, sin duda, ha sido en el Nantes: “Estos dos años y medio allí le han venido muy bien. Se ha convertido en un extremo muy fuerte, con una muñeca espectacular y una buena salida al contraataque. Además, aprovecha su físico para finalizar con lanzamientos duros”.



Todas esas virtudes llamaron la atención de Jordi Ribera, nuevo seleccionador español, que lo convocó a pesar de que jamás hubiera disputado un Mundial. “Tenía muchas ganas de recibir esa llamada. El míster le dio confianza y él ha respondido con buenas actuaciones”, añade Aitor. Y David Mendoza, compañero suyo en el Liberbank Ciudad Encantada, lo ratifica: “Para ser su primera vez, los nervios no le están haciendo mella. Está jugando con los mejores y se está saliendo”.



‘Indie’, valentía y trabajo



En 2014, David Balaguer tomó la que hasta ahora ha sido una de las decisiones más difíciles de su carrera: dejar el Barcelona y fichar por el Liberbank Ciudad Encantada. Hizo la maleta y llegó, con sus “particularidades raras”, a la Mancha. “Siempre le ha gustado poner indie, folk-rock, música latina… siempre venía con algo que no conocía”, bromea Aitor. Pero en Cuenca, todo eso les dio igual y aquel “desconocido” se metió pronto a los aficionados en el bolsillo, como reconoce el hoy capitán del equipo, David Mendoza: “Él estaba en División de Honor B y ahí despuntaba. Jugó contra nosotros con el Barcelona alguna vez en Asobal, pero no es lo mismo. Vino como una incógnita, pero por su forma de ser, su entrega, sus goles… se ganó a la afición y es de las personas que han pasado por aquí a las que más se quiere”.



Antes de viajar a la Mancha, Balaguer ya conocía a David Mendoza, con el que había coincidido en la selección de balonmano playa que había quedado quinta en el Mundial de Brasil. Pero, en realidad, no sabía mucho más de Cuenca. Eso sí, se adaptó enseguida. “En el campo tiene valores de líder, pero en el vestuario es muy normal. Al principio, como todos, se juntó con los que conocía, pero luego se soltó. Es el típico que va a su bola, pero que siempre está haciendo bromas. Y con la comida no tenía muchos problemas, le gustaba lo típico de aquí, los Morteruelos, los Zarajos… y de vez en cuando nos traía butifarras y calços”, bromea el capitán.



Y, entre comida y comida, David Balaguer se fue convirtiendo en la ‘Bala’. Sumó minutos, buenas actuaciones y consiguió deslumbrar. “Es un crack, un talento por pulir. Poco a poco se está viendo cómo es en realidad: una persona trabajadora, humilde y que lo da todo en cada partido”. Y, con esas virtudes, fichó por el Nantes. “Yo ya me había enterado y me dio pena, pero hizo bien porque se fue a uno de los equipos punteros de Europa”, sentencia Mendoza. Y de ahí la llamada de Jordi Ribera y su buen momento en la selección, compartiendo vestuario con el que siempre fue su ídolo, Víctor Tomás, amigo, compañero y ejemplo.



La culminación a una carrera que acaba de empezar. A sus 25 años, David lo tiene todo para seguir creciendo. Ahora, lejos de Barcelona, triunfando doblemente en Francia (con la selección y el Nantes), donde no sabemos si sus padres le seguirán llevando Calços. “Son como cebolletas, y una vez le encargó a su padre que trajera a Cuenca. Me acuerdo que vinieron sus padres en el AVE con el olor a cebolla. Luego nos los comimos, con sus baberos. Fue un momento muy divertido”, sentencia Mendoza, que le augura todo el futuro del mundo. En primera instancia, con una actuación memorable en los tres primeros partidos del Mundial. Y que siga, con calços, indie o como sea. En cualquier caso, si esa es su receta, bienvenida sea para el futuro de la selección.

David Balaguer celebra un gol. EFE

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