Los caminos de la madrileña Casa de Campo no perdonan. No pasan ni una. Y no se hacen amigos de nadie. Y eso que Alessandra Aguilar lanza versos optimistas cuando se quita las zapatillas de tacos. Según la maratoniana lucense, “el cuerpo no se olvida, tiene memoria”. Pero la cosa es que duele. Esta vida duele.

Este dolor se plasma el domingo en la primera gran cita internacional de la temporada atlética: el Campeonato de Europa de campo a través, el Europeo de Cross: domingo por la mañana en Chia (Italia), televisado por Teledeporte. La Selección Española femenina está compuesta por Aguilar, Trihas Gebre, Irene Sánchez-Escribano, María José Pérez, Blanca Fernández y Gema Martín. Las promesas Sub23 son Claudia Estévez, Cristina Espejo, Paula González Blanco y Victoria Salvadores. En categoría masculina los representantes españoles serán Toni Abadía, José España, Ilias Fifa, Ayad Lamdassem, Adel Mechaal y Javier García.

EL ESPAÑOL ha acompañado en los entrenamientos a las atletas del entrenador Antonio Serrano –Alessandra Aguilar, Irene Sánchez-Escribano, María José Pérez y Claudia Estévez– y ha hablado con ellas sobre el sacrificio de preparar cada carrera, donde se juegan la supervivencia, su puesto en el ranking, una convocatoria para la Selección, una beca o un mayor caché fijo en las próximas competiciones. Es decir, se lo juegan todo.

Lo primero es conocer los métodos de preparación. Eso es territorio de Antonio Serrano, un clásico del atletismo español. Precisamente fue el primer medallista español en el Europeo de Cross. En la primera edición, la de 1994. “Las etapas de preparación son tres. La primera es general, trabajo más aeróbico y de fuerza, con cuestas, con gimnasio. Eso sería un mes”, explica Serrano. “En el siguiente mes ya tenemos que empezar a hacer cambios de ritmo, hacer fartlek, metemos series. Este es el específico, el más importante, donde ya tienes que buscar el ritmo de competición. Y luego ya nos metemos en el último mes, cuando viene el Cross de Atapuerca, las últimas cinco semanas. Es el periodo competitivo. Aquí se compite. Buscamos el entrenamiento de calidad, la puesta a punto para diciembre.”

El sacrificio de las atletas españolas comienza por compatibilizar estos severos entrenamientos en la pista o en el bosque con los estudios o el empleo que afronta cualquier otro ciudadano. Por lo tanto, se suda el doble. Claudia Estévez (Motril, 1995), estudia INEF. “Compatibilizar el atletismo con la carrera es duro, pero es lo que hay. Por la mañana tengo clase, por la tarde entreno, y por la noche estudio". Claudia es muy joven, pero, debido a sus constantes problemas físicos, hay que protegerla con el mismo cuidado con el que se conserva un recuerdo de una bisabuela. Una reliquia. Que el atletismo español perdiera este tesoro sería algo imperdonable.

De izquierda a derecha: Claudia, Maria José e Irene.

Cada atleta tiene su propia historia. María José Pérez (Carrión de Calatrava, Ciudad Real, 1992) está en cuarto de Medicina. Esa misma carrera ya la ha terminado Irene Sánchez-Escribano (Toledo, 1992), mientras que Alessandra Aguilar (Lugo, 1978) es profesora de inglés. “A domicilio, o en mi casa”, comenta Aguilar. “Quería un trabajo fuera del atletismo y volví a lo que había estudiado y a lo que me gusta. Me acomodo los horarios con los entrenamientos. Ahora ya estoy pensando en encontrar un colegio". Pérez lo tiene todo controlado porque “desde pequeña siempre he estudiado mejor por la noche, está entrenado, y además es cuando me sobra algo de tiempo". 



La toledana Sánchez-Escribano está en otra etapa: “De momento no me voy a presentar al MIR, porque me está yendo bien entrenando, y el examen sale todos los años. Voy a dejarlo en stand by, lo puedo hacer cuando quiera. Ahora que he terminado la carrera, lo estoy notando en las horas de descanso, el atletismo es ahora mismo mi actividad principal. Me siento más descansada y eso se nota entrenando".

En España, las pruebas de Cross de Atapuerca, Itálica y Alcobendas son fundamentales para la confección de la lista de cara al Campeonato de Europa. “En el cross el tiempo es lo de menos, lo importante es el puesto”, advierte Serrano. “El entrenamiento de un atleta no es solamente rodar todos los días. Es algo mucho más complicado. Con eso, la genética, la fuerza de voluntad, el trabajo de la atleta, más un pelín de suerte en la competición, tendremos el resultado final". De todas las que comienzan a prepararlo en septiembre, solo lo consiguen unas pocas.

DIFERENTES EXIGENCIAS

Cada cuerpo sufre de manera diferente las exigencias. Aguilar, la más veterana, reconoce que “no es lo mismo que antes. El cuerpo tarda un poquito más en recuperar que cuando eres joven. Pero también tienes la ventaja de que con entrenamientos quizá no tan buenos, lo sacas más partido. El fondo físico es como una hucha. No puedo alcanzar ritmos tan rápidos como las jóvenes, pero no tardo mucho tiempo en conseguir un buen ritmo de competición". Pérez, con 14 años menos, saborea las complicaciones de cada mañana: “La pretemporada es divertida, pero es muy dura, al día siguiente no te puedes mover, tienes muchas agujetas. Es más entretenido, trabajas con balones, subes gradas. La acumulación de kilómetros también cuesta".

El espectador que cada verano se sienta delante del televisor para ver la competición atlética de turno –Juegos Olímpicos, Mundiales, Europeos– no es consciente de las horas y el kilometraje que hay detrás de esa puesta en escena. Y los cuidados detalles de mantenimiento. La alimentación es uno de ellos. Una atleta vive con hambre. “Tienes que llevar una dieta variada. Yo como de todo. Y también me doy mis caprichos. Pero hay que cuidarse porque un kilo y medio o dos se notan muchísimo”, recalca Sánchez-Escribano. “Si como por la mañana pescado, por la noche intento comer carne y al revés. Y luego también en el mismo plato algo de arroz, ensalada o algo de pasta, pero no mucho, más que nada como guarnición. Un plato con un poco de todo". Pérez lo ratifica: “Hacer kilómetros desgasta, y adelgazas sí o sí, pero en casa tienes que cuidarte. Bajar luego de repente x kilos, es imposible".

El completo Centro de Alto Rendimiento del Consejo Superior de Deportes es el corazón de todo el esfuerzo de las atletas españolas. Pero la infraestructura no acaba ahí. En las profundidades de la Casa de Campo, cerca de uno de los extremos del llamado “Circuito de la Tapia” –tradicional entre los atletas profesionales, e institucionalizado mediante la “Vuelta a la Casa de Campo” que se disputa durante 16km cada mes de mayo–, se encuentra el segundo centro de operaciones. El inmenso bosque urbano madrileño colinda con el C.A.R. y es un bendito regalo de la naturaleza para el atletismo español. Utilizando todas las herramientas posibles se hará frente este domingo a las atletas inglesas, irlandesas o las que se pongan por delante.

Al margen de toda esta labor física, o tal vez entre medias, mezclado por todas partes y salpicando todo, está, desgraciadamente el tema de las trampas. Sí, puedes pasarte todo el año entrenando y que te gane alguien que hace trampas. ¿Cómo está ahora mismo la problemática de las redes de dopaje en el atletismo español? “En primera persona no lo he vivido. Nunca he tenido una rival directa a la que se le haya pillado haciendo trampas”, nos cuenta Sánchez-Escribano. “Pero es una injusticia enorme. Tú estás sacrificando muchas cosas y llega alguien, que no está en igualdad de condiciones contigo, y te está quitando becas, te está quitando puestos para los campeonatos".

María José Pérez va más allá. “A lo mejor lo hacen, pero no tan descaradamente como en otros tiempos. Sí que es verdad que sienta muy mal que te hagan trampas. No ya solo con respecto a la persona, a la que tachas y la haces una cruz, sino a todo lo que le acompaña: los medios, las federaciones. Pero no podemos hacer nada contra eso". Preguntada sobre si ha tachado o ha puesto una cruz a alguna atleta española, confirma que “sí, alguna por ahí, sí. No de nuestra edad". Y preguntada sobre si se trata de alguna de las que han estado en esa misma pista del C.A.R. esa misma mañana, responde “no sé, no las he visto… Tal vez".



“Entre la gente joven que yo conozco hay bastante lucha en contra del dopaje”, remata con rotundidad Sánchez-Escribano. “Ahora mismo yo aquí no veo nada. Supongo que lo habrá, como en todos los sitios, pero así, directamente, no lo veo".

El relato, así pues, se compone de los buenos y los malos momentos. Todo forma parte de la crónica. Y sí, como decíamos, detrás de cada atleta hay una historia. Mientras Aguilar está terminando, Estévez aún está empezando, dentro de la categoría Sub23. “Veo cada vez más cerca el final de mi carrera deportiva”, anuncia la maratoniana. “Este Europeo de Cross no era un objetivo, por ejemplo, por eso estoy tan feliz. Ahora veo cómo va reaccionando mi cuerpo y voy reto a reto. De momento solo sé que después de Italia voy a correr en Venta de Baños y la San Silvestre Vallecana. ”

Hasta ahora, la juventud de Estévez es un calvario de consultas médicas. “Llevo cuatro años con lesiones, que no me dejan. Decidí arriesgar y correr el Cross de Alcobendas. Al final me ha salido bien. Sin entrenar me he metido en el Europeo. Con estar aquí me conformo, porque me he perdido tantos campeonatos que me da igual ya". Estévez, cada vez que corre gana y regala espectáculo, pero ya acumula ocho fracturas de estrés, por fatiga: fémur, cadera, tibia. “Como ya me conozco, cuando siento un dolor, paro. Tengo los huesos un poco más débiles de normal, y en cuanto meto un poquito de caña, me parto". Tiene muy claro, eso sí, que la vida de una atleta es larga –su compañera Aguilar es el ejemplo perfecto– y la suerte puede cambiar.

Recomendación especial para el lector: disfrutar cada minuto de competición de Alessandra Aguilar, porque quedan muy pocos; de Claudia Estévez, porque en el futuro hablaremos orgullosos de sus inicios, y de Irene Sánchez-Escribano y María José Pérez, porque van a ser las próximas en llegar a la cima.



Todas ellas están a punto de tomar la salida en el Europeo de Cross. Tienen, como los girasoles, más historia bajo sus pies, en las raíces, que por afuera. Todo un mundo para correr por delante, y una larga lista de renuncias y privaciones –familiares, sociales– dejadas atrás.

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