José Luis Cordeiro, profesor y asesor de la Singularity University, en junio de 2014, en una conferencia en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo (UIMP), aseguró que en 2045 el hombre podría ser inmortal. Si su tesis se probará como cierta o no; eso no corresponde juzgarlo en este momento. Pero lo cierto es que hay un tipo que sabe bastante sobre el fenómeno: Peyton Manning, quarterback de los Broncos de Denver.

Él será el jugador más veterano en salir de inicio en una Super Bowl a sus 39 años, en su cuarta final (ha ganado una con los Indianapolis Colts) y, posiblemente, su último partido como profesional. Y espera, además, hacerlo con un nuevo título de campeón. Eso, naturalmente, siempre que se lo permitan los Panthers de Cam Newton (00:30 horas, lunes).

Peyton Williams Manning (New Orleans, Louisiana, 1976) agarró el balón desde bien pequeñito. Su padre, Archie, también fue jugador de fútbol americano (New Orleans, Houston Oilers y Minesota Vikings). Y él siguió sus pasos. Probó con el béisbol, pero finalmente se colocó el casco, se ató las botas y se puso a lanzar balones. Fue elegido número uno en la Universidad de Tennessee, ganó la Super Bowl XLI con los Indianapolis Colts y apura sus días con los Broncos de Denver. A lo grande, como siempre soñó y como nunca se pudo imaginar.

El ‘Sheriff’, como gustan de llamarlo en el gremio, le dio la vuelta al dorsal ‘81’ de su hermano mayor, Cooper, que se tuvo que retirar prematuramente por una enfermedad, y ha hecho de su ‘18’ un número de leyenda. Ha recibido cinco veces el premio de MVP de la NFL y comparte días de gloria con su otro hermano menor, Eli, jugador de los New York Giants. Siempre, según dice, gracias a Dios, al que visita cada domingo y reza cada mañana. Quién sabe si en busca de la inmortalidad o del santoral que le atribuyen dentro del fútbol americano.

Peyton Manning en la rueda de prensa previa a la Superbowl. Marc J. Rebilas Reuters

Sin embargo, Peyton Manning no ha construido su leyenda sin magulladuras de por medio. En 2011, todavía como jugador de los Colts, sufrió una lesión que lo mantuvo de baja durante toda la temporada. Se sometió a varias operaciones para paliar sus molestias en el cuello y su equipo, la temporada siguiente, decidió prescindir de él. ¿Los motivos? Su avanzada edad y su alta ficha.

Su salida le permitió fichar por los Broncos, que disputarán su octava final y que tienen el récord de derrotas de la Super Bowl con cinco. Con el mariscal Peyton a los mandos, a pesar de que los médicos, como aseguró en la rueda de prensa previa, le adviertan de los peligros que conlleva su deporte. “El doctor, algunas veces, te va a mencionar cosas, aunque no las hayas preguntado. A mí me dijo: ‘Oye, probablemente vas a necesitar una prótesis de cadera’. Y yo le contesté: ‘Gracias por compartirlo conmigo, estaré atento cuando tenga 52 años”.

DUELO GENERACIONAL

Para alcanzar la inmortalidad, al fin y al cabo, es necesario exhortar el miedo, apartarlo del camino. Y así lo hará Peyton en la que puede ser su última gran final. En ella se medirá a Cam Newton, el quarterback de los Panthers, 13 años y 48 días más joven que él. El mismo adolescente que debutó con la Universidad de Florida el año en que Manning acarició su primera y única Super Bowl (2007). Y el ahora ‘adulto’ (26 años) que intentará arrebatarle su último minuto de gloria para heredar su legado y ser, como reconoció el propio ‘Sheriff’, el futuro de los próximos 10 años en la NFL.

¿Terminará aquí finalmente el viaje de Peyton? Eso está por ver. Lo cierto es que ya ha hecho todo lo que tenía que hacer: ha ganado una Super Bowl (y puede levantar otra), ha ingresado en salarios más que ningún otro jugador de la NFL (algo más de 230 millones de euros), ha hecho un cameo en The Simpsons –sin duda, lo más relevante– y ha dejado un legado eterno, perenne e inmortal. Aunque, como bien escribía José Saramago en ‘Las intermitencias de la muerte’: “Si no volvemos a morir, no tenemos futuro”. Y, eso, precisamente, le tocará sondearlo al joven Cam Newton.