Hay muchas formas de ver un premio de Fórmula 1: en una de las gradas, buscando un rincón de sombra fuera de la valla que rodea el circuito, en casa con una cerveza o en el paddock, donde cientos de privilegiados comen, beben y cierran negocios mientras los coches dan vueltas y más vueltas.

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La mayoría de quienes acceden a esta atalaya vienen de la mano de las empresas patrocinadoras. Son clientes, o mejor dicho, grandes clientes, a los que se le premia con una aventura premium que puede costar hasta 1.500 euros por persona.

En los tornos de entrada, unos tapones y la revista de la Fórmula 1 dan la bienvenida a los asistentes. Pero es algo simbólico, porque en los corrillos que se forman en las mesas junto a una botella de los mejores vinos, champán o un cinco jotas, se oyen muy bien las cifras millonarias con las que se cierran los negocios.

La novedad de este año es que en el paddock ha corrido mucha cerveza. Heineken se ha hecho con el patrocinio del Gran Premio de Barcelona, después de lanzar hace unos días su primera 0.0. y ha teñido de azul, que no de verde, el circuito. Hará lo mismo con el Premio de Mónaco.

Nadie quiere hablar de cifras oficiales. Ni siquiera la cervecera holandesa. Pero los últimos estudios calculaban un retorno de beneficio de hasta 4 euros por cada uno invertido. Millones y millones ganados en imagen, publicidad y relaciones públicas.

Pero detrás de los puestos de comida asiática, la heladería italiana, el burger bar o una barra de vinos, whiskies y cerveza, se esconde la cara B del premio: trabajadores haciendo jornadas maratonianas por menos de 10 euros la hora.

El paddock desde dentro. Ángel Carbonell


Gran parte del personal viaja "enganchado" a los coches de Fórmula 1 de premio en premio. Este es el caso de un joven húngaro de 26 años que se ha propuesto recorrerse el mundo sirviendo como camarero en los premios de Fórmula 1.


"El primero en el que trabajé fue en Budapest. Después, el jefe me dijo que lo había hecho bien y que si quería seguir trabajando con ellos y éste es mi tercer premio", reconoce.

La empresa les paga el hotel, "es bastante agradable", y el viaje; y aunque el sueldo no es lo mejor, "merece la pena porque viajo al tiempo que trabajo".

La otra parte del personal se contrata en el país de origen. El sueldo de un camarero normal en Montmeló es de 135 euros cada uno de los días por una jornada que va desde las seis de la mañana hasta las 10 de la noche el sábado y algo más el domingo.

Haciendo cuentas, en una fuente de negocios millonarios, los camareros no llegan a cobrar 10 euros por hora y trabajan 16 horas al día.

El salario del servicio de limpieza de los baños es aún peor: "Cobramos un poco menos de siete euros la hora por una jornada que va de seis de la mañana a siete u ocho de la tarde".

Por lo menos, los de Heineken han decidido traerse a sus servidores de cerveza desde Holanda para garantizarse dos cosas: la sostenibilidad de la espuma de sus cañas y la calidad del pago por los servicios prestados.


Entre medias, la tecnología permite poder descubrir cómo se siente un piloto de verdad y experimentar la fuerza que se necesita sólo para controlar el volante al tiempo que un fotógrafo realiza miles de instantáneas para que el visitante pueda llevarse el recuerdo al momento en el bolso. Todo bajo el sol de Barcelona.

El paddock desde dentro. Ángel Carbonell