Grândola

Todo gran superhéroe necesita un escudero. Esa extensión que llega hasta donde la estrella no puede hacerlo. La persona que sabe moverse en la sombra y estar detrás de los focos para ser una parte indispensable en la simbiosis que alcanza el éxito. En definitiva, un guardián. 

Es por eso que Isidre Esteve, uno de los héroes más especiales del motorsport a nivel mundial, tiene a Txema Villalobos, su media naranja dentro del coche y su compañero de batallas fuera de él. Tanto Lidia Guerrero, su mujer, como el propio Txema, acompañan a Isidre en casi todas sus aventuras, formando un equipo invencible, capaz de superar las pruebas más difíciles. Y es que el desierto no entiende de amigos. 

Txema es la otra cara de una de las historias más bonitas del universo de los rallys y del Dakar. Es el silencio. Es el control. Es la pulcritud y es un apoyo indispensable para Isidre desde que forman pareja. Sus inicios, que se remontan a finales de la primera década del siglo, fraguaron sin que ninguno lo supiera una amistad de esas que dan envidia sana. 

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Ambos, inseparables, son el apoyo el uno del otro, pero siempre respetando su espacio y desde su personalidad. Y juntos han formado una unión irrompible que tuvo que aprender desde la nada cómo era eso de ir dentro de un coche a toda velocidad dándose voces para no perderse entre las dunas y las piedras. Y 15 años más tarde, ahí siguen, demostrando que saben ir muy rápido como demostraron en el último Dakar, ese en el que vivieron su aventura más compleja, hundidos en el mar de arena del Empty Quarter sin poder salir. 

Ahora, Txema Villalobos atiende a EL ESPAÑOL en Grândola, donde terminó la última etapa del Rally Transibérico, para hablar sobre su vida al lado de Isidre y para reivindicar la siempre minusvalorada figura del copiloto, ese que no se lleva titulares. Después de volver a sentir buenas sensaciones y de terminar en el Top10 de su categoría, Txema se confiesa y sueña con un 2024 esperanzador y con un 2025 en el que esperan su gran resultado. 

Isidre Esteve y Txema Villalobos tras el Rally Transibérico en Portugal Repsol Toyota Rally Team / Mediagé Comunicación

Si hace 20 o 30 años te hubieran dicho que ibas a ser copiloto de una leyenda del Dakar y de los rallys, ¿te lo hubieras creído?

Ni en mis mejores sueños me lo hubiera creído. Era como una ilusión que tenía de pequeño. Yo veía por la tele el Dakar y a mis ídolos, con Ari Vatanen y compañía... Y estar allí ahora con Isidre para mí es un sueño hecho realidad.

¿Cómo definirías ser copiloto?

Ser copiloto es ser una persona meticulosa y paciente. Muy estricta con todo, con los horarios, con los papeles, con saber dónde están las cosas y cómo hay que hacerlas. Bueno, en definitiva, muy detallista con todo.

¿Cómo fue el principio de todo? ¿Cómo recuerdas aquella llamada de Isidre que te cambió la vida?

Yo fui al Dakar con Isidre. Yo le fabriqué el coche con el que fue en 2009, un SsangYong, y ahí es donde nos conocimos. Yo era el jefe de mecánicos e hicimos una buena amistad. Él allí se hizo daño y entonces yo pensé que ya estaba, que no había nada más. Pero un día recibí su llamada, era Isidre. Me decía que si quería ser su copiloto. Y yo dije ¿cómo? No entendía nada. Me decía que necesitaba un copiloto. Y yo respondía "pero yo no sé mucho de eso". Lo había hecho alguna vez, pero nada más. Y él me decía "no te preocupes, ya aprenderemos". Lo importante es que él quería una persona que si se le paraba el coche le pudiera solucionar los problemas. Entonces le dije, "cuenta conmigo".

Claro, él confiaba en ti.

Eso es. Y ahí empezamos a aprender a ser pareja y yo a ser copiloto. Cada vez fuimos a más y siempre solucionando los problemas. Antes que llevábamos un coche más malillo y que se iba rompiendo había muchos más inconvenientes.

Vivir con Isidre es muy fácil. Es mi amigo principalmente, antes que mi piloto.

Y ahora ya han pasado de aquello 15 años. ¿Cómo ha sido vivir con Isidre tanto tiempo?

Pues mira, vivir con él es muy fácil. Es un tío plano, sin dos caras quiero decir. Es mi amigo principalmente antes que mi piloto. Nos llevamos súper bien. Es muy paciente. Nos entendemos súper bien en el coche. Bueno, la mejor prueba está en todo lo que ha pasado este año en el Dakar. No tuvimos ni un momento de pelea ni nada. Cero. Decíamos, vamos a hacer esto o lo otro, ¿te parece bien? Pues venga. Sin parar. Siempre mirando hacia delante. La verdad es que siempre mirando adelante, así es como se consiguen las cosas.

¿Qué es lo que más te gusta de esta vida para continuar tantos años con ella? Porque es un denominador común que la carrera de los pilotos de rally y sobre todo los del Dakar sea muy longeva. Entonces, ¿qué es lo que os mantiene vivos en este mundo?

Esto es una enfermedad que no tiene cura, no tiene cura porque es algo que llevas dentro y que necesitas hacer siempre que puedas. Es una desconexión, es adrenalina, pasarlo bien, pasarlo mal... Y la verdad es que cuando estamos ahí, por ejemplo, en el Dakar, y lo estás pasando fatal, piensas yo no vuelvo aquí nunca más. Y al día siguiente o cuando llegas al aeropuerto tras una carrera ya estás pensando que el año que viene quieres volver. Y tú mismo te preguntas que cómo puede ser. Yo lo interpreto como una enfermedad que tenemos y que es incurable.

Me decías que al principio de vuestro camino Isidre te decía que fueras con él y que ya aprenderías. ¿Cómo ha cambiado Txema Villalobos desde ese momento hasta ahora?

He ido aprendiendo un poco todo lo que hay que hacer durante una carrera. Antes no sabía tener el control de todo, de los horarios... Y vas aprendiendo. Con el paso del tiempo nos vamos haciendo un poco mejores. Luego, a nivel de piloto y copiloto, una cosa que hemos aprendido es a estar juntos y a cómo tratarnos, a cómo decirnos las cosas para que las entendamos mejor, en qué momento decírnoslas también... Y hemos ido variando y variando hasta llegar a donde estamos ahora. Siempre hay algún error, es normal, pero como nos entendemos bastante bien, cuando le digo una cosa, él sabe lo que es exactamente y al revés.

Todos conocemos más o menos cómo es la vida de un piloto y cómo se prepara, pero ¿cómo se prepara un copiloto?

Es un tema complicado porque yo no soy el copiloto profesional. Nosotros hacemos unas tres carreras al año. Entonces yo soy mecánico, tengo un taller y yo me preparo arreglando coches. Yo siempre intento hacer un poco de deporte, pero al final no tengo mucha preparación. Sí me gustaría poder hacer muchas carreras y dedicarme a esto en exclusiva, prepararme físicamente bien y entrenar más con roadbooks, pero de momento no podemos.

Txema Villalobos durante una presentación del Repsol Toyota Rally Team Repsol

A pesar de no poder dedicarte 100% profesionalmente a ello, tienes la oportunidad de participar en una carrera como el Dakar. ¿Qué significa para ti el Dakar y saber que estás peleando contra estrellas cuando os metéis en el Top20 de una clasificación?

Para mí es un sueño hecho realidad. Cuando estoy ahí detrás de pilotos que yo veía por la televisión como Peterhansel, que están ahí delante de mí y hablo con ellos... Es un sueño hecho realidad y piensas, ellos son unos ídolos y al final yo también estoy ahí. Llevo ocho años estando en esta carrera y sigo con la misma ilusión y la misma alegría.

¿Crees que a veces se minusvalora la función y la figura del copiloto?

Sí, la verdad es que bastante. Además, pasa una cosa muy típica con los copilotos. Cuando se pierde un coche, se pierde el copiloto y cuando pasa algo, la culpa es del copiloto. Y luego a veces no se ve que el piloto no te ha escuchado o no te ha hecho caso. Muchas veces es verdad que no se da valor al copiloto. Sí que es verdad que desde hace unos años en el Dakar el copiloto se ha convertido en una figura esencial. O sea, si quitaras al copiloto de al lado sería muy, pero que muy difícil.

Yo, por ejemplo, valoro a las motos una barbaridad porque pilotar y llevar el rumbo es algo dificilísimo. Yo tengo un trabajo impresionante con todo el roadbook, los waypoints y es un lío tremendo. Los motoristas son un ejemplo. Pero sí, se valora poco el trabajo del copiloto. Que es mucho, que no es solo izquierda o derecha, es decidir las ruedas, decidir las presiones, mirarlas bien, apretar las ruedas antes de salir, comprobar los tiempos, el cartón, entrar en el control del parque cerrado, cuánta gasolina lleva el coche al día siguiente y mil millones de cosas que no se saben.

Dentro del Dakar habéis vivido muchas aventuras, seguramente una de las más duras la habéis vivido este año cuando os quedasteis atrapados en el desierto del Empty Quarter. Me contaba Isidre un poco cómo fue todo aquello nada más terminar el Dakar, pero quería también conocer cómo lo viviste tú que tienes un punto de vista algo diferente.

Al final lo hemos vivido un poco igual los dos. Íbamos muy bien, contentos, seguros de lo que estábamos haciendo. Todo bien, hasta que de pronto se rompió el diferencial y entonces ahí sí que piensas que tenemos un problema y que nos quedan 100 kilómetros. ¿Cómo lo solucionamos? Nada más romperse ya nos quedamos hundidos en un sitio y tardamos dos horas en sacarlo. En ese momento ya sabes que te va a costar. Entonces empiezas a pensar. Bueno, ¿qué tenemos que hacer? Desinflar las ruedas, ir con cuidado por aquí, intentar no quedarnos parados, que no se rompa algo más... Hay que desmontar el coche o no hay que tocar nada...

La visión es de qué tenemos que hacer para conseguir llegar. Porque lo primero, tras romper el diferencial, llamamos a la asistencia y nos dijeron que el camión había volcado y que no venía nadie a recogernos y eso ya te deja fuera de juego. Entonces la visión es esa, que estoy solo porque él no puede bajar del coche. Y piensas ¿qué hacemos ahora? Pero siempre buscando soluciones. Poco a poco y mirando siempre hacia delante.

Yo me acuerdo que él me contaba que por dentro pensaba, cuando tú ya llevabas cinco o seis horas intentando quitar arena, que por favor no se pare, porque si se para es que no le puedo decir nada porque esto es una odisea. Entonces, ¿tú llegas a normalizar que eres un copiloto que vive una situación un poco diferente a la mayoría?

Sí, totalmente. Para mí que se rompa el coche, bajarme y arreglarlo yo solo no me importa. Es una cosa normal, no hay nada. Lo único que yo tengo diferente con los otros copilotos es si se para el coche o si nos hundimos en la arena. Ahí estoy yo solo. ¿Qué repercusión tiene eso? Más tiempo. En cambiar una rueda tardas un poco más. Pero yo lo tengo asumido totalmente. Pero cuando el coche funciona somos iguales que los demás. No hay ninguna diferencia.

Isidre es una persona que te contagia su positividad.

Vivir al lado de Isidre me imagino que también será un aprendizaje continuo por esa vitalidad y esas ganas de tirar hacia delante que él tiene siempre.

Sí, eso sobre todo. Es muy contagioso. Un tío muy contagioso, porque mira, te explico. Supongo que él también lo ha contado, pero cuando estábamos ahí, después de romper, nos encallamos en otro sitio y ahí estuve como cuatro o cinco horas quitando arena en un sitio muy, muy complicado. Y hubo un momento que ya dije yo no puedo más. Y él me dijo tranquilo, respira. Y luego al cabo de un momento, cuando estaba debajo del coche con la pala ahí, muy desanimado, muy bajo de moral, coge y me dice Txema ven, bebe agua y come algo. Y empezamos a hablar. A decirme cosas positivas.

Teníamos que hacer algo, pero me decía "ya lo sacaremos un poco más tranquilos". Y yo ya empecé a tener ganas de sacarlo. Me estaba contagiando su positividad. Y efectivamente, me puse otra vez, comí un poco, bebí y para delante y para detrás desenterrando el coche hasta que salió. Y luego otra vez y otra vez porque eso no se vio, pero después de esa nos hundimos como tres o cuatro veces más hasta que conseguimos llegar.

¿Cómo recuerdas ese momento de la llegada?

El momento de llegar al final de la etapa fue un poco raro porque no había nadie del control, ya no estaban, no había absolutamente nadie. El GPS me indicó que la llegada estaba bien y entonces empezamos a llorar un poco. Nos emocionamos juntos. Y cuando conseguimos estar más tranquilos salimos de nuevo a la carretera. Pero eso sí, fue muy emocionante.

¿Qué previsión tenéis para este 2024? ¿Qué objetivos os ponéis?

Bueno, el objetivo siempre es el mismo. Hacerlo lo mejor posible e intentar estar lo más adelante posible. Ya sabemos que no vamos a poder ganar porque hay unos pilotos impresionantes, pero los pilotos que no son tan profesionales y que tienen coches similares al nuestro... Pues estar ahí, intentar pelear con ellos. Al final, no es un tema ya de piloto, de pilotar más rápido, de pilotar bien, para mí es un tema de no cometer errores en la navegación, no cometer errores en el pilotaje, no dar un vuelco, no fallar, no penalizar en algún control o cosas así.

Todo eso es lo que te va llevando hacia atrás, no solo no correr más. Al final se puede conducir muy rápido, pero a Isidre le faltan manos para poder llevar el coche más rápido. Es mucho trabajo. Entonces al final no es pilotar más rápido y correr mucho, es no hacer ningún error, no perdernos, llevar el coche bien, llevar las ruedas bien. Entonces ahí es cuando si otros fallan, tenemos que estar nosotros.

Me comentaba Isidre que en los pocos momentos que tuvisteis en el Dakar de poder dar gas a fondo, que él disfrutaba con el coche, que notaba mucho la diferencia de llevar un coche potente de verdad respecto al modelo anterior. Entonces, ¿qué previsión tenéis de cara al año que viene si volvéis a tener este ritmo que vimos en 2024?

Eso lo comenzamos a ver en la Baja Aragón. Habíamos entrenado un poco antes, Isidre estaba mucho más seguro con los frenos, hicimos unas modificaciones y en la Baja vimos que podíamos atacar un poco más. Luego hicimos Marruecos y ya en el Dakar vimos que podíamos estar ahí entre los 20 primeros. Se puede, pero lo que te decía, no hay que hacer ningún error.

No puedes cometer ningún error ningún día, porque antes en un Dakar si habías perdido dos horas, bajabas un puesto. Ahora, si pierdes 15 minutos, bajas 20 posiciones. Entonces, al final se trata de mantener el pilotaje que llevamos y que ha conseguido frenando más tarde, acelerando antes, apurando el coche, haciéndolo derrapar y sin cometer ningún error. El año pasado lo vimos en el Dakar que a la mitad, estábamos dentro del Top20. Creo que por ahí podría estar la cosa.

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Por último, ya para terminar, ¿qué tal os habéis sentido ahora en este Rally de Portugal? Sobre todo el cambio de venir de las dunas del desierto a aquí con tanto agua y barro.

Charcos, barro... Pero bien. La verdad es que es muy diferente. El rally en sí es una baja, es todo muy estrecho, con árboles, pero técnicamente te hace aprender mucho para decidir rápido. Por ejemplo, a la hora de esquivar y de mover el coche para no chocar con nada, elegir los sitios de frenada, todo es un aprendizaje bastante bueno. Y para mí para coger un poco más de velocidad al decir las notas.

En el Dakar todo es un poco más tranquilo entre comillas. Aquí es más como un rally. Derecha, izquierda, derecha, 100 metros, viene un bache (risas)... Es mucho más rápido. Para mí también me viene bien como entreno y la verdad nos hemos sentido muy bien, excepto alguna parte que era un poco difícil de conducir porque había arena, con unos agujeros grandes y eso. Que lo que pensábamos es "no hace falta romper el coche tampoco". Entonces solo queríamos acabar bien. Fue un buen entreno. La carrera me ha gustado mucho. Está muy bien organizada.