“Sería irresponsable por nuestra parte apoyar esta Candidatura, los Juegos Olímpicos no son sostenibles”. Con esta sonora bofetada pública ha puesto punto y final la recientemente elegida alcaldesa de Roma, Virginia Raggi, a la apuesta de la ciudad eterna por acoger los Juegos de 2024. Y probablemente cierra también la puerta que el Comité Olímpico Internacional vea con buenos ojos a Italia durante al menos unos cuantos años.

 

La decisión de la alcaldesa de Roma era esperada hace meses, después de que hiciera del “no” a los Juegos uno de los puntos fuertes de su candidatura a la alcaldía de la capital italiana. En el Comité Olímpico del país (CONI) esperaban hasta hace unos días, sin embargo, que el no contar con el apoyo local no supusiera que tendrían que poner punto y final al sueño olímpico de la ciudad.

 

Y es que no por menos esperada el anuncio ha sentado menos como un jarro de agua fría en las oficinas del Comité Olímpico Italiano, donde llevan meses, y muy especialmente durante los Juegos Olímpicos y Paralímpicos de Río, trabajando en sumar votos para su candidatura. La propia Raggi dio plantón durante casi una hora al presidente del CONI, Giovanni Malago, al que había prometido que informaría en persona de su decisión antes de hacerla pública. La alcaldesa no se presentó.

El presidente del Comité Olímpico Italiano, Giovanni Malagò EFE

 

En rueda de prensa, la alcaldesa explicó que en realidad no consideró necesario informar personalmente al CONI antes: “Mi decisión es la misma que la que tenía en junio de 2015 cuando lo dije por primera vez. No he cambiado de opinión sobre los Juegos”, explicó.

 

Su opinión es que los Juegos Olímpicos son “un dispendio que no significan más que deuda para los países y ciudades que los organizan”, señaló, recalcando que hasta el 70% de los romanos se mostraba en diferentes encuestas contrario a la organización de los Juegos. La alcaldesa argumenta también que estos “Juegos del ladrillo” sólo traen “construcción sin sentido y deuda para nuestra ciudad, que no es precisamente lo que nuestros ciudadanos necesitan ahora”.

 

Desde que Raggi llegó al poder, en mayo de 2016, la Candidatura de Roma 2024 estaba en la cuerda floja, pero tanto el CONI como el comité de la Candidatura han trabajado sin descanso para intentar convencer a la alcaldesa de mano dura. La última reunión prevista entre la alcaldesa y Malago era horas antes de que se anunciara la decisión de Raggi.

 

“Hemos estado esperando 35 minutos, pero no ha venido nadie”, se lamentaba un defraudado Malago, que ha advertido de que Italia no sólo pierde con esta decisión credibilidad internacional, sino que también “pareceremos idiotas” por abandonar esta candidatura.

Una candidatura que también ha tratado de defender en la medida que ha podido el primer ministro italiano, Matteo Renzi, que ya anunció la semana pasada, quizá sabedor de lo que se avecinaba, que el país volvería a intentarlo en 2028.

Virginia Raggi con su jefe de gabinete, Daniele Frongia. EFE

No parece muy probable que sea así, o al menos, no parece muy probable que puedan conseguir muchos votos del Comité Olímpico Internacional, dado que es la segunda vez consecutiva que Roma abandona una candidatura olímpica a medio camino. En 2012, el entonces primer ministro Mario Monti puso fin a la candidatura de Roma 2020 en plena crisis económica mundial, ante “los costes inciertos y los desconocidos beneficios financieros que tendrían los Juegos para el país”.

 

Precisamente para reducir esos riesgos financieros, y para cumplir los requisitos impuestos por el COI en la Agenda 2020, el coste de la Candidatura de Roma 2024 era sensiblemente inferior que la anterior, de un total de 5.300 millones de euros, frente a los 13.000 presupuestados para la candidatura de 2020. Además, a candidatura de Roma, presidida por Luca Di Montezemolo, contaba con un 70% de las instalaciones ya construidas.

 

La renuncia de Roma deja sólo a tres ciudades aspirando a albergar los Juegos de 2024: Los Ángeles, París y Budapest. La decisión sobre cuál de las tres será elegida se tomará en la Asamblea del COI de Lima en noviembre de 2017.

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