Río de Janeiro

Irak no tenía abrazos suficientes para tanta felicidad, pero aparecen en el titular de rebote. La selección olímpica brasileña, la que debía hacer olvidar los fiascos de los últimos 2 años, está gravemente enferma y las previsiones no tienen buena pinta. Ni en lo físico –varios jugadores no están listos para este reto–, ni en lo táctico ni en la puntería demuestran representar al país del fútbol.

Como era previsible, la extrema presión a la que están siendo sometidos está dejando huella. En los pases, en los remates, en los gestos y en la grada, que no perdona una a los locales. Y eso que el partido frente a los iraquíes comenzó con ritmo. En los cinco primeros minutos ya había habido dos ocasiones claras de gol y dos jugadores habían necesitado atención médica. Siempre con Neymar, Gabigol y Gabriel Jesús al frente de las operaciones.

Aunque el primer tiempo, a pesar de la falta de gol, fue aceptable, la hinchada local dudó de su equipo desde el minuto 11. Mohanad Abdulraheem enviaba el balón a la cruceta en un remate de cabeza que dejó al descubierto las impurezas del guardameta brasileño Weverton, y de paso las de toda la defensa.

Gabriel Jesús, omnipresente pero sin puntería, trabaja permanentemente por el pan de sus nietos, ganándose las llamadas telefónicas de los gurús que le quieren a su lado en la vieja Europa. Todo lo contrario que Renato Augusto, que parece jubilado por adelantado, y el público le busca y casi siempre le encuentra. Aún así, un misil suyo que impactó en el larguero mandó a los equipos al vestuario.

A partir de entonces estallaron las dudas de Rogélio Micale en el banquillo, trasladadas al césped y a la tribuna. Felipe Anderson, encargado de dirigir el juego, se quedó en la caseta y en su lugar el seleccionador brasileño alistó a un cuarto delantero, Luan. Demasiado pronto, tal vez, y demasiado vacío en el centro del campo. El resultado fue el aburrimiento absoluto. El silencio.

Lo intentó arreglar Micale y lo empeoró. Para poner en liza a un nuevo director de juego, retiró a Gabriel Jesús, el que más lo intentaba. Le tocó el turno a Rafinha Alcántara, que además parece no estar al cien por cien todavía, después de la lesión que le apartó de la Copa América, y los silbidos se lo recordaron a ambas partes. Solo en el enorme descuento de siete minutos llegó la emoción, pero ni por esas. El abucheo, tímido en el partido inaugural, esta vez fue atronador en Brasilia. Ahora Brasil necesitará vencer a Dinamarca en la última jornada si no quiere que la diferencia de goles le mande a casa, que de nuevo le pilla muy cerca.

En el Estadio Olímpico, Argentina se conectó a la competición, y se la jugará ante Honduras en la última jornada, toda vez que Portugal volvió a ganar y es líder. Apostó en esta ocasión Olarticoechea por Giovani Lo Celso como mediapunta titular –sinónimo de fútbol superlativo–, con Correa y Calleri, dejando a Gio Simeone en el banquillo. También entró Pavón por la derecha en lugar de Espinoza.

El resultado de los cambios fue una Argentina más creíble, más imprevisible y más apetecible. No fue para tirar cohetes durante la primera parte, pero a la larga trajo beneficios. A resaltar la revancha que se tomó Rulli, tras su cantada en la primera jornada ante Portugal. Salvó, con la cara y el alma, un mano a mano en el minuto 44 que pudo partir en dos a la albiceleste. El destino era ese, no obstante, porque minutos después, en el descuento de este primer tiempo, llegó lo que de verdad pudo quebrar a su equipo: la expulsión por doble amarilla de Víctor Cuesta.

Argentina tuvo entonces que afrontar el segundo periodo con un hombre menos y con unas necesidades que nadie esperaba a estas alturas del torneo. Y reaccionó. Y no tardó ni un minuto. Ángel Correa aprovechó a la perfección una prolongación de cabeza de Calleri. Balón cruzado lejos del alcance de Chaal, primer gol del partido.

Locura a partir de entonces. Gigantesco susto primero para Argentina en el minuto 55 –remate solo dentro del área de Benkablia–, gol de Bendebka en el 63, fallo clamoroso de Calleri solo ante el portero tras internada de Pavón y, finalmente, expulsión del argelino Abdellaoui por doble amarilla en el 66´. Fueron, en definitiva, 20 minutos en inferioridad numérica para Argentina.

Un feliz encuentro de Lo Celso con Calleri y Correa, en el minuto 69, cerró la noche. Se resarció de su anterior fallo Jonathan Calleri, el ex de Boca y São Paulo, que terminó anotando de rebote pero con justicia, resucitando a su país, que se temía lo peor. Acabó la noche con carrusel de cambios. Uno de ellos, el Cholito Simeone por Correa, las dos grandes estrellas del Sudamericano Sub-20 que ganó Argentina en 2015 y que les condujo hasta estos Juegos.

En el resto de los partidos que completaron la segunda jornada del torneo masculino de fútbol fueron:

GRUPO A:

Dinamarca 1-0 Sudáfrica

Dinamarca 4 puntos, Irak 1, Brasil 1, Sudáfrica 1.

GRUPO B: Suecia 0-1 Nigeria; Japón 2-2 Colombia

Nigeria 6 puntos, Colombia 2, Suecia 1, Japón 1.

GRUPO C: Alemania 3-3 Corea del Sur; Fiyi 1-5 México

Corea del Sur 4 puntos, México 4, Alemania 2, Fiyi 0.

GRUPO D: Honduras 1-2 Portugal

Portugal 6 puntos, Honduras 3, Argentina 3 y Argelia 0.

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