Jesús España (Valdemoro, Madrid, 1978) fue de oro (Gotemburgo, 2006) y de plata (Barcelona, 2010) en 5.000, pero tras pasar por lo más alto, también sabe lo que es caer. Una lesión en el talón de Aquiles evitó que tocara el cielo de Londres en aquellos Juegos de 2012 y lo mantuvo retirado durante un tiempo, postrado en una silla de ruedas, casi al borde de culminar su retirada. Pero se levantó, volvió a correr y se fijó como objetivo ir a Río. Y así lo hará. Consiguió la mínima (dos horas, 11 minutos y 57 segundos) en el maratón de Sevilla, donde abrazó a su hijo en la meta antes de alzar de nuevo los brazos. Ahora, y antes de coger el avión a Brasil, se para a hablar con EL ESPAÑOL. 



Ya ha llovido desde que empezó a correr…



La verdad es que sí. Empecé de pequeño en el Club Amigos de Valdemoro porque había un grupo muy bueno y muy sano. Y con el tiempo sigo teniendo amistad con muchos de aquellos compañeros. Incluso conocí a mi mujer allí. Lo pasaba muy bien. Había un gran ambiente.



Desde entonces ha destrozado muchas zapatillas… ¿Recuerda las primeras que se puso?



Pues mira, las primeras zapatillas de clavos para competir me las dio una chica de Valdemoro que decidió dejarlo. Fueron de segunda mano.



Dicen que correr aburre. ¿Qué le enganchó a usted?



Pues que me lo pasaba muy bien. Íbamos a las competiciones populares a intentar hacerlo lo mejor posible, y luego nuestro entrenador nos iba haciendo test. Al final, te enganchabas porque querías superarte.



Habrá visto quedarse a mucha gente por el camino desde entonces…



Mucha, mucha. En cadetes, en infantiles… Hay gente que tenía más talento que yo, pero a lo mejor no estaban tan enamorados de esto. A mí es que me gusta mucho. Pero luego también hay otros factores. Es importante tener constancia y otras virtudes. Ya digo, sin talento no se llega, pero sin constancia y determinación tampoco, por mucho talento que tengas…



¿Lo normal es fracasar?



Hombre, la verdad es que hay mucha gente que se queda por el camino porque tiene otras prioridades. Para conseguir algo importante tienes que estar muy centrado y vivir, en muchas ocasiones, por y para el atletismo. Para dedicarte a esto tienes que dejar muchas otras cosas: amistades, estudios y esas cosas. Y hay determinadas personas que se acaban amargando, sobre todo, porque no les gusta mucho. Pero al final, si esto te gusta, los fracasos te sirven de acicate para continuar y para valorar más los triunfos.



Usted ha estado entre los mejores en 5.000 (oro en Gotemburgo 2006 y plata en Barcelona 2010), pero ahora a Río irá para competir en la maratón, aunque con una marca que no le aseguraría la medalla. ¿Cuesta volver a recorrer ese camino de nuevo para estar en cabeza (si es posible)?



Sí, pero eso es lo que más me motiva. Yo lo que veía es que en el 5.000 ya había llegado a mi techo y que como mucho lo único que podía hacer era frenar mi caída. Y ahora, en el maratón, he conseguido cumplir el objetivo que me había fijado: conseguir la mínima para clasificarme para los Juegos Olímpicos. Y además tengo margen de mejora para conseguir los resultados que he tenido en pista. Es lo que necesitaba, una motivación o un revulsivo para seguir. Y ahora mismo estoy preparado para dar el 100%. Porque si no estás a tope lo normal es que te pasen por todos lados.



¿Qué ha cambiado en su preparación?



Hay una época para tener una base y luego está la preparación específica del maratón. Antes hacía series de 2.000 entrenando y ahora tengo que hacerlas de 10.000. Al final, es mucho tiempo. Los ritmos son más cómodos, pero acabas agotado. Hay muchas modificaciones, como la alimentación en carrera. Tienes que tomar sales, hidratos… Y todo eso tienes que controlarlo. Son muchas cosas nuevas que tienes que asimilar en no mucho tiempo.



¿Qué piensa uno cuando tiene que correr tantas horas?



Realmente cuando todo va bien, en nada. Pero, por ejemplo, pues cuando tengo que hacer a 3:05 el kilómetro, pues voy pensando en intentar mantener el ritmo. A veces miro el cronómetro en los entrenamientos específicos. Y en competición no escucho nada. La gente me da ánimos y luego me lo dicen, pero yo no los escucho. Y eso siempre es una buena sensación porque significa que voy concentrado, como metido en una burbuja.



¿Lo más complicado es estar solo?



Tengo mucha gente detrás, pero al final nosotros competimos solos. Y eso lo tienes que entrenar. Si hace un mal día, pues da igual, sabes que tienes que salir a correr porque luego no sabes qué temperatura va a hacer el día de la prueba.



Aun así, tendrá días en los que se le haga duro todo esto…



Sí, hay días en que te levantas y te duele todo. Sabes que tienes entrenamientos y te va a costar. Pero también que lo tienes que hacer. Yo lo que hago es que me fijo un objetivo, cojo el calendario y marco la fecha de la prueba. En este caso, el día 21 de agosto. Y luego voy contando. Lo importante es no perder de vista el objetivo.

Jesús España posa para EL ESPAÑOL. Moeh Atitar



En su carrera hay un punto de inflexión entre 2011 y 2012, cuando no puede ir a los Juegos Olímpicos de Londres por una lesión. ¿Ya ha superado todo lo que sufrió durante aquel período?

Ahora lo llevo bien, pero he pasado muchos momentos complicados. En 2011 hice mi mejor marca en 5.000 (3:04). Y además pensaba y estaba convencido de que iba a bajar de los 13 minutos en el 5.000, que iba a estar a nivel mundial e iba a mejorar el séptimo puesto conseguido en Osaka, incluso que iba a ganar medalla. Pero ese mismo año ya empecé a sentir molestias. Y luego, en 2012, las molestias fueron a más. Comencé a preparar los Juegos y me tuve que infiltrar para superar ese problema en el tendón, y a un día de coger el avión para Londres me rompí.



Desde entonces, me ha costado años llegar a un nivel parecido al que tenía antes de la lesión. Y no lo he conseguido. Ahora estoy teniendo sensaciones, pero no es igual. Aunque mentalmente soy más fuerte que antes. Y ahora con la maratón es como si empezara de nuevo todo. Iba todo en progresión, hasta que se cortó de golpe con aquella lesión…



¿Qué aprendió de todo aquello?



Pues que todo tiene un principio y un final. De aquello aprendí mucho. Me vi metido en un pozo, un mes en silla de ruedas y luego empecé a andar, un poco en bici, dos meses y pico para volver a correr… Pero luego ves la progresión y dices: 'He conseguido avanzar'. Y de eso se trata. Al final, el atletismo es como la vida pero en pequeño. Tienes momentos malos, lo pasas muy mal, pero luego a la larga todo eso te sirve para sentirte más fuerte. A mí me ha hecho ver que esto me encanta. Y también soy consciente de que no me queda mucho y de que son mis últimos Juegos… Pero aquello me hizo más fuerte.

Tan fuerte que ha logrado volver a la élite y acudirá a Río. ¿Qué sintió en en Sevilla cuando consiguió la mínima y abrazó a su hijo?



Pues llegué muy cansado, vi al niño y él me vio con una gran cara de cansancio. Y aunque él entiende y le gusta mucho el deporte, pues vino hacia mí pensando que yo me iba a quedar allí. Y yo le dije: 'Iván, tranquilo, que sólo estoy muy cansado, enseguida se me pasa'. Esa es la mejor foto de mi carrera.



¿Se disfruta más con 37 por aquello de tener menos presión?



Quizás sí. Yo he pasado por tres fases a lo largo de mi carrera. En la primera etapa quieres ser como la gente que ves correr y te los quieres comer. Dices: 'Quiero enseñarles lo que soy capaz de hacer'. En la segunda etapa ya sólo quieres demostrarte a ti mismo que puedes superarte cada día. Y ahora, sinceramente, me motiva mucho el reto que tengo, aunque ya no tengo necesidad de demostrarle nada a nadie. Sólo quiero que mi hijo y mi familia vean lo que he conseguido y me gustaría transmitirles los valores que me han hecho a mí llegar hasta aquí. Pero disfruto día a día.



Como atleta también ha vivido tres fases en lo económico. Una en la que todo iba bien, la de la crisis, y ahora en la que todo vuelve un poco a remontar. ¿Lo ha pasado mal durante la época de vacas flacas?



Yo la verdad es que he sido un privilegiado porque he podido vivir de esto. Sabemos que no se gana lo mismo que en otros deportes, pero he estado muchos años dedicado a esto de forma profesional. Pero esa crisis sobre todo la han notado los chavales. Cuando estudian y tienen que pasar al profesionalismo necesitan un colchón y una tranquilidad. Por suerte ahora está empezando todo a mejorar, vamos en una buena línea y hay muchos chavales que prometen.



¿También se indignan los atletas con la situación actual?



Sí, claro. Lo primero es que somos personas. Y, ya digo, el atletismo ayuda a poner todo en perspectiva en la vida real. Yo vivo en Valdemoro, y conozco gente que lo pasa mal, que tiene que dejar sus casas… Es verdad que a veces nosotros nos metemos en nuestra burbuja de correr, entrenar y dormir. Pero yo, como padre, y que voy a recoger a mi hijo, sé lo que pasa y lo sufro.



¿No le han dado ganas a veces de irse a acampar en Sol con el 15-M?



Pues a veces sí… Yo he estado en manifestaciones por la sanidad pública porque mi mujer es fisioterapeuta. Estoy concienciado con todos los problemas que tenemos.



Perdone por la pregunta fácil… ¿Cómo lleva alguien que se apellida España lo que pasa en Cataluña?



Bien. Obviamente, me gustaría que estuviésemos más unidos y no hubiera tantas polémicas. Pero lo llevo bien, aunque cuando vaya fuera de aquí identifiquen el España como mi país y no como mi apellido.



¿Y qué lleva mejor un atleta: la corrupción o el dopaje?



Yo es que creo que el dopaje es una forma de corrupción. Al final, la gente que está dispuesta a meterse en corruptelas responde al mismo perfil: una falta de valores y querer conseguir todo por el camino corto y no a través del trabajo.



¿Tiene que odiar necesariamente un atleta el fútbol?



A mí me gusta mucho como deporte. Pero sí que llegas a odiarlo por la inmensa repercusión que tiene en los medios y la poca que se le da en otros deportes. Da envidia lo que ocurre en otros países, donde la repercusión se reparte más. En cultura deportiva estamos más retrasados.



¿Qué le diría a los medios que dan sólo fútbol?



Pues que hay más deportes… Es posible que el fútbol no transmita los mismos valores que el atletismo, por ejemplo. Los jugadores se tiran, se pita penalti y se dice que el jugador es muy inteligente. No me parece que eso sea lo que debemos enseñarle a nuestros hijos. El atletismo es más noble: tanto pones de tu parte y tanto consigues. En ese sentido, como escuela para los chavales, es lo mejor.

Jesús España posa para EL ESPAÑOL. Moeh Atitar

Viendo que hay tanto runner por la calle. ¿Por qué no corren los niños?



Porque para los adultos es una válvula de escape una vez que están estabilizados. Para que los niños corran y les entre el gusanillo en el cuerpo habría que llevar el atletismo a la escuela. Eso ocurre en Gran Bretaña y Alemania, por ejemplo, donde es obligatorio.



¿Quizás faltan referentes?



Puede ser. En otro momento estuvo Fermín Cacho. Ahora pasa más o menos con Ruth, seguro que hay niñas que han querido ser como ella. Pero es cierto que si tuviésemos un Rafa Nadal pues igual…



Volviendo a Río. ¿Qué es más fácil que haya Gobierno en España o que usted se traiga una medalla de allí?



Hombre, es más fácil que haya Gobierno en España porque así no podemos estar mucho tiempo. Las medallas son difíciles y el Gobierno está tardando mucho.



¿Si gana una medalla se disfraza de flamenca?



[Risas] Hago muchas cosas. Por ejemplo eso, o me visto de torero si gano una medalla, que a lo mejor queda mejor.



Ya por último. ¿Hasta qué edad le gustaría seguir?



Pues pese que a mí me gusta, seguiré corriendo siempre, pero otra cosa es entrenar con un plan. De momento pienso en Río. No me veo retirado, pero no me queda mucho.

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