Querido Zinedine:



Menos mal que tú y yo sabemos que esto va a acabar bien. En realidad lo sabes tú, y yo lo asumo de modo vicario. Sólo puede irle mal a quien considera el que le vaya mal como una opción, cosa que tú descartaste taxativamente en la rueda de prensa posterior a lo de Girona. "No estoy preocupado". Este es mi Zizou: alguien que ejerce a veces de niño malo de la calma, un asustador desde la belleza. Sólo tú eres capaz de escandalizar a base de no hacer nada, a punta de estar tranquilo, Marilyn Manson de lo cotidiano. "Jugamos bien en la primera parte y un poco peor en la segunda" para que medio madridismo de las redes sociales se pregunte furibundo quién está a cargo, Santa Teresa o el joker.



Menos mal que tú y yo sabemos que jugamos bien en la primera parte y un poco peor en la segunda, porque por ahí fuera la gente dice que fuimos un desastre completo casi todo el rato, y yo estoy en un tris de creerles. Algún jugador dijo que faltó actitud, cosa que negaste públicamente. En la intimidad, sin duda, le pegaste un broncazo del quince por 1. la falta de actitud y 2. admitir ante la prensa que la hubo. O quizá es que en realidad no hubo falta de actitud y tú sabes mejor que yo. Tú sabes mejor que todos nosotros y yo ante ti agacho la cerviz, descuajeringada por el peso de la gloria fulgurante que nos has obsequiado hasta la fecha. No sé si hay un recreo o un peligro en esa humildad mía ante tu omnisciencia, por cuanto amarte empieza a parecerse inquietantemente a descender un peldaño en la gravedad del hecho de perder.

Te amo tanto, Zinedine, que ya no sé si tengo fe ilimitada o un resquicio de tolerancia ante este comienzo cochambroso. ¿Estás envenenando con tu sonrisa y logros la agónica exigencia de cuatro décadas de madridismo en mí? ¿Está mi devoción por ti contaminando la esencia de este sinvivir permanente en que en teoría consiste el madridismo? ¿Esta paz que me brindas después de palmar contra el Girona (contra el Girona) no será por ventura un pasaporte soterrado a la autocomplacencia? No me des paz, Zinedine, dame espada para que pueda juzgarte con el enojo exigible a un pésimo partido como el de Girona con Ancelotti a los mandos, con Del Bosque a los mandos. Con cualquiera que no seas tú (cualquier humano o replicante falible) a los mandos.



Tú puedes hacer lo que te dé la gana y yo te aplaudiré, pero ten la gentileza de decirme antes, sin que mi aplauso esté condicionado a la respuesta, si lo que me transmites es plena confianza o una especie de acorchamiento en mi pavor a que el Madrid la cague. ¿Sé que ganaremos o es solo que has inoculado en mí la oprobiosa aceptación de un eventual año sin Liga? "No pasa nada, ya ganamos mucho el año pasado, la temporada que viene lo volvemos a intentar". A mí no me preocupa que implícitamente (sin querer, estoy seguro) estés dando por buena la idea en el seno del vestuario. Me preocupa que la estés dando por buena en mí. No sé si está pasando, pero la posibilidad me aterra.



Si es así, si vas a sustituirme por un trasunto acomodaticio de mí mismo, avísame con tiempo para que antes de la partida deje mi casa sosegada. Si tú me dices ven lo dejo todo, pero por favor aclárame antes si ese todo me incluye. Yo antes no era así. Yo antes veía lo partidos del Madrid como el Tano Pasman (corré, seguí corriendo y llégate corriendo hasta Europa y hasta la concha de tu hermana) y ahora los veo como Eduardo Punset, no sé -ya te digo- si porque sé que contigo nada irá mal o porque ya no me importa tanto que no vaya bien. Lo de "el medio es el mensaje" lo inventaron para tu paz y el triunfo.



¿Qué me estás haciendo, Zinedine? Contra el Girona, contra el mismísimo Girona y no clamo por tu sustitución, ni siquiera me planteo si tal vez no seas el indicado para los próximos 45 años. Anúlame. Aliéname (que no "alinéame"). Ínstame a renunciar a mi propio raciocinio y aceptar (porque tú sabes más que nosotros) que Ceballos ayer no tenía que jugar ni un minuto pese a haber sido el mejor últimamente. Pero te imploro que antes me aclares si este camino en el que (sí o sí) voy a seguirte es el de la esperanza o el de la resignación. Not to change your mind, como le dice Bruce Springsteen a Bobby Jean, porque yo te seguiré sea cual sea tu respuesta. Es sólo que siempre cabe pedir un atisbo de consideración a las duras pruebas del amor, un preaviso, una formalidad. Haz conmigo lo que quieras, Zinedine, pero dime antes lo que vas a hacerme.



Menos mal que tú y yo sabemos que esto va a acabar bien. Pero menos mal.