Un duelo entre el Leganés y el Alavés, dos equipos que hace sólo cuatro años jugaban en Segunda B, da inicio este viernes (20:15 horas) a una Liga más desequilibrada - a priori - que en años anteriores por cruzarse en el tiempo dos procesos contrapuestos: el crecimiento apoteósico del Madrid coral y total de Zidane con la implosión (primero institucional y ahora deportiva) del FC Barcelona, gran símbolo futbolístico de la última década.

Diez campañas precisamente han transcurrido desde que el Real Madrid, vigente campeón, encadenase dos Ligas consecutivas (bajo la presidencia de Ramón Calderón): desde entonces, y hasta la más reciente, sólo había ganado una con Mourinho. El estado fabuloso del equipo, mantenido a través del verano, le otorga un grado de favoritismo poco habitual a estas alturas del año. En ausencia de fichajes estrella (hasta el momento) en LaLiga, los blancos presumen con distancia de tener la mejor plantilla pese a haber perdido a James Rodríguez, Pepe, Morata o Mariano. Su esplendor sorprende incluso dentro de la casa: hace décadas que no se veía un Madrid tan superior al Barcelona como en la Supercopa, hace lustros que la cantera no daba unas cosechas tan buenas, hace años que el vestuario no estaba tan compensado (y unido). Las estadísticas lo refrendan: nunca en la historia un equipo se había llevado dos Champions consecutivas.

El Madrid aspira legítimamente al ‘sextete’ y aparece en el horizonte como un club ganador, eufórico, bien organizado, sobrado de recursos humanos y materiales. Las zozobras de hace año y medio apenas figuran ya en la memoria del aficionado, cautivado irrefutablemente por la magia de Zidane y la revalidación de los atributos tradicionales merengues (esfuerzo, gloria, victoria, nunca desfallecer). Enfrente, a la deriva en los despachos y sin provisiones en el vestuario, el Barça atraviesa una crisis transversal.

Renovación

El envejecimiento del primer equipo es alarmante: nueve jugadores de la presumible alineación titular del equipo este domingo ante el Betis tendrán 29 años o más. La inestabilidad del club, la larga sucesión de decisiones equivocadas y presuntas corruptelas, han abocado al club a un escenario dantesco: un primer equipo diezmado en talento (más aún sin Neymar) y un perverso bloqueo  de la cantera, obligada a emigrar a países europeos mientras en el Camp Nou siguen comprando palometa a precio de salmón escocés.

La dirección deportiva del club blaugrana viene siendo cuando menos errante y ha abierto una grieta entre plantilla y gerencia. Los problemas judiciales de expresidentes y directivos, el halo de extrañeza e inseguridad que envuelve al club desde hace un tiempo (en curioso paralelo a la política catalana), han convertido al Barcelona en un destino poco atractivo: Verrati no quiso venir (pero Neymar se fue al PSG con él); Mbappé no quiere ir; Dani Ceballos tuvo una oferta bastante más cuantiosa de los azulgrana sobre su mesa para firmar, pero prefirió el Madrid pese a perder dinero y tener mucha más competencia por el puesto. La responsabilidad que recae esta temporada sobre Lionel Messi, el dios culé, es extraordinaria: por un lado, liderar la reacción (si es que se producen fichajes de entidad y Valverde impone su autoridad); por otro (aún más relevante en su cabeza), asaltar la Copa del Mundo de Rusia al frente de Argentina en la que será probablemente su última oportunidad.

Dejando aparte ya a los clubes ‘ricos’, el Atlético de Simeone no transmite aún sensaciones claras, a la espera de resolver el fichaje de Diego Costa, su mejor adquisición posible. Cabe suponerle un enemigo más peligroso esta temporada en la Champions que en la Liga, por la imposibilidad de incorporar jugadores hasta final de año. En todo caso, la vuelta del hispanobrasileño es capital para el club y la afición en el que aparenta ser el último año de Griezmann en Madrid.

Cambios en los banquillos

Son muchos los equipos de Primera División que han cambiado de entrenador de cara esta temporada. Luis Enrique dejó el Barcelona y al Camp Nou llegó Ernesto Valverde (que abandonó el Athletic Club y dio paso a José Ángel ‘Cuco’ Ziganda). Del Celta se fue Eduardo Berizzo (al Sevilla, por Sampaoli) y llegó Juan Carlos Unzué, mientras que del Valencia volvió a salir Voro para que ocupe el puesto Marcelino García Toral. El Betis ha fichado a Quique Setién, cuyo puesto en el banquillo de Las Palmas es asumida por Manolo Márquez. Tras la marcha de Pellegrino del Alavés, la dirección técnica del finalista copero es ocupada por el argentino Luis Zubeldía.

Tantas modificaciones complican las previsiones en la clase media liguera. De esta franja (con aspiraciones europeas), son precisamente los dos equipos directamente clasificados a Europa League, Real Sociedad y Villarreal, quienes mantienen continuidad en el banquillo. Especialmente prometedor es el panorama para el Villarreal, que ha reemplazado el hueco de Soldado con Carlos Bacca y sumado a Fornals a su brillante línea medular. (En San Sebastián, pese a la llegada de Januzaj y la vuelta de Rubén Pardo, echarán de menos a Yuri, Vela y Granero y contienen la respiración por Íñigo Martínez). Las dos semanas que restan de mercado de fichajes podrían ser esenciales en algunos clubes, como el Barcelona y el Málaga de Míchel.

Los primeros cuatro clasificados de LaLiga 2017-18 irán directamente a la fase de grupos de la Champions League. El quinto y el sexto de la clasificación irán a la Europa League, con el séptimo disputando la ronda previa en caso de que alguno de esos seis coincida con el campeón de Copa. La proximidad de Rusia 2018 comprime un poco el calendario de la competición, que concluirá el fin de semana del 19 y 20 de mayo. Aunque agosto es mal mes para hacer predicciones, es razonable decir que este año, a diferencia de otros, LaLiga ya no parece cosa de dos.

Noticias relacionadas