Hubo un día en que el Barcelona jugó al toque. De hecho, lo patentó y lo exportó por toda Europa. Aquello, incluso, se bautizó como tiqui-taca. Pero, claro, eran otros tiempos. ¿Mejores? Quién sabe. Al menos, más divertidos. Así lo corrobora el actual equipo de Luis Enrique, que durante largo tiempo mezcló la contra y la posesión; y que ahora, directamente, no juega a nada. Ni brilla ni convence a nadie, pero ahí está. Y sigue ganando. Este domingo, al Atlético de Madrid. ¿Injustamente? Sí, pero eso también es fútbol -y vida-. Los culés contaron con dos ocasiones y las metieron dentro. Primero Rafinha y después Messi. Los dos de rebote. Y qué más da, pensarán ellos. El caso es que este resultado les permite seguir como aspirantes a la Liga [Narración y estadísticas: 1-2].



Hay algo que, últimamente, se repetía incesantemente en el Vicente Calderón. El equipo, decían, “vuelve a morder como antes”. Y eso, a estas alturas, está claro. El Atlético, una vez más, saltó al campo con el colmillo afilado, pero esta vez sin morder en exceso -y eso es lo que le penalizó-. En realidad, el conjunto de Simeone fue superior en todos los aspectos al Barcelona, pero no fue capaz de marcar en los primeros 45 minutos. Controló la pelota, mantuvo la posesión, manejó el tempo del partido y creó más ocasiones. Algunas de ellas, muy claras. Desde todas las posiciones. Gabi lo intentó desde fuera, Godín lo hizo tras un córner y Griezmann, en un mano a mano. Dio igual. En todas apareció Ter Stegen, inconmensurable en la primera mitad. El único capaz de evitar que la exhibición rojiblanca encontrara su correspondencia en el marcador.



Precisamente, lo que mejor ejemplifica la crisis que afecta al Barcelona -pero que no lo mata- es el estado de forma de su portero. El alemán, de nuevo, fue el mejor durante largos tramos del partido. De hecho, de no ser por él, su equipo se habría ido por debajo en el marcador al túnel de vestuarios. Pero eso no es óbice de nada. Al fin y al cabo, Ter Stegen está para algo. ¿Y el resto del equipo? Esa es la cuestión. De un tiempo a esta parte no funciona nada. La defensa (con Mathieu de lateral izquierdo en detrimento de Jordi Alba) se ha olvidado de la seguridad que tuvo en otra vida, el centro del campo hace tiempo que no carbura (esté André Gomes u otro jugador) y, finalmente, el Barcelona sólo se puede acoger a lo que hagan los de arriba. Es decir, depende de lo que generen Suárez y Messi, porque Neymar, definitivamente, tampoco está. 



Pero, a pesar de la crisis, el Barcelona, jugando peor, tuvo una ocasión muy clara para ponerse por delante nada más comenzar la segunda mitad: un disparo de Suárez que se marchó cerca del palo. Algo circunstancial, pues al otro lado apareció Griezmann para replicar el movimiento y encumbrar todavía más a Ter Stegen, que le ganó el mano a mano. Y suma y sigue. Después lo volvió a intentar Godín de cabeza, pero su remate se marchó fuera.



Acumuló ocasiones el Atlético, pero no consumó. Y, al otro lado, el Barcelona sacó tajada. En una jugada aislada, tras varios rebotes y despejes errados, Rafinha se encontró con la pelota y la metió dentro. Un palo en toda regla para un equipo, el rojiblanco, que había sido mejor hasta ese momento. Aun así, en el Calderón no se puede dar nada por sentado. Bien lo sabe Torres, que acabó con la pena nada más salir del banquillo y modificó el estado de ánimo de una grada que sólo contempla una religión y un método, creer siempre.



Y, con la temperatura adecuada, apareció Godín. Sí, aquel que le dio al Atlético la Liga en el Camp Nou. Como entonces, Koke se la puso en la cabeza y el uruguayo sólo tuvo que empujarla. Pero eso no consiguió acabar con la resistencia del Barcelona, que a pesar de no jugar bien, volvió a encontrar a Messi. El argentino aprovechó una carambola para hacer el segundo y acabar con las aspiraciones del Atlético. Y fin de la historia. De nuevo, fue mejor el Atlético, pero golpeó el Barcelona. Y de qué manera. Hay Liga, pero sin los rojiblancos. 

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