Madrid

Como si de un aviso se tratara, la lluvia que caía sobre Madrid sería la mejor representación del Real Madrid. El equipo de Zidane jugó al baile de la lluvia. Cuando caía poca agua, brilló. Cuando diluvió, se empequeñeció. Al principio, bien. Al final, genial. Pero, entre medias, unas lagunas que acaban escondidas con otra victoria casi épica, con un Morata salvador que se erige ya en figura decisiva en un Madrid líder de la Liga tras nueve jornadas. [Narración y estadísticas: Real Madrid 2-1 Athletic Club de Bilbao]

Benzema adelantó a los blancos, pero para nada sería un ejemplo de lo que después le esperaría. Tuvo suerte el francés, todo el Madrid en conjunto, porque fue un error tonto de Saborit el que provocó el gol. Marcelo lanzó desde su banda un balón largo al ver que Isco corría por la banda solo. El malagueño siguió su carrera hasta alcanzar el área, donde le quitó el balón el defensa rojiblanco. Pero lo que se le olvidó a Saborit fue que no sólo tenía que ganar la carrera, sino sacar el balón. Se despistó, Isco le robó el balón y se lo regaló a Benzema, que de primeras y de remate raso superó a Iraizoz.

Jugaba bien el Madrid y regaló 15 minutos, los iniciales, verdaderamente buenos, con varias ocasiones y jugadas de quilates. Había salido enchufado, quizá espoleado por el pinchazo del Atlético en Sevilla, que le hacía líder si ganaba. Lo intentó un Cristiano otra vez impreciso y lo buscó Bale de cabeza. Pero nada. Jugaban bien, dominaban, pero faltaba el último remate. El Madrid se dio cinco minutos de descanso, normal en un partido en el que no puedes estar 90 al máximo. Era como una tregua para recuperar conceptos. Pero ese tiempo de 'caraja' le valió al Athletic para estirarse, adelantar líneas y marcar. Antes ya había avisado con un cabezazo de Merino, que hizo resucitar la idea de que este Athletic sin Aduriz es otro. Por lo menos, y ya demostrado, lo es en los balones aéreos. Ese cabezazo no lo hubiera fallado el máximo ariete del Athletic.

Pero cosas de la vida, y como decíamos, el fútbol permite las dobles oportunidades, y más cuando tienes de cómplice a una defensa tan blandita, descolocada, acumulando errores. Cuando entran dos jugadores a tu área solos, cuando rebota un balón en Pepe y cuando a Varane se le va el delantero, la conclusión no podía ser otra que un gol. Sabin Merino se sacudió el fallo de minutos antes y se plantó solo con una facilidad casi extrema ante Keylor. Era el 1-1 y el preludio de los peores minutos del Madrid, que recordó al equipo impotente que empató ante el Eibar hace ya casi un mes.

El Madrid se electrocutó y pasó de dominar el partido a ser pitado por el público, unos silbidos de indignación ante la poca reacción que estaba teniendo el Madrid en un momento adverso. No hubo manera de encontrar la tecla de acabar con unos minutos de máximo peligro, donde todo salía mal y en los que el Athletic se 'comía' a los blancos en todas las facetas del juego, también la psicológica. La afición tampoco ayudó, tomándola sobre todo con Cristiano y Benzema, ambos muy desafortunados en jugadas fáciles para ellos. El francés hizo posible lo imposible y remató en dirección contraria a la portería. Fue un centro de Bale que sólo requería poner el pie y después que Iraizoz no lo parara. Pero Benzema lo mandó para atrás, casi como un despeje.

Y el portugués protagonizó la jugada que bien podría definir su estado de forma. Cristiano se quedó solo por la banda derecha, corriendo hacia la portería como si no hubiera un mañana. Bien es verdad que estaba escorado, que no corría centrado para rematar, pero también hay que reseñar que estaba tan solo que podía ir metiéndose más al centro del campo en el ancho. Lo peor estuvo cuando pisó área, que se quedó sin ideas. No supo si tenía que pasar o tirar, quizá escuchando en su cerebro que si remataba (y fallaba) podría ser acusado otra vez de egoísta. Con eso en la cabeza era lógico que acabara fallando, al final remató con Iraizoz ya encima, y llevándose la bronca del respetable.

No ayudó tampoco en este ambiente que Iglesias Villanueva, el colegiado del partido, irritara al Bernabéu con sus continuos perdones a Raúl García, que campaba a sus anchas por el césped. No fue hasta la séptima falta, allá por el minuto 55, cuando el navarro vio la amarilla. El ex del Atlético se había convertido en el cabeza de turco de la grada, sin lógicamente tener que ver mucho en el devenir del partido. Pero la afición estaba irritada al ver que se iba una oportunidad clara de dar un golpe sobre la mesa en esta Liga tan igualada, que como siga así será decidida por pequeñísimos detalles, aquellos que se produzcan en abril pero también en octubre. Gritos continuos de "Fuera, fuera" ante los pocos fallos arbitrales, quizá queriendo esconder la bronca que merecía su equipo y escondida después por la victoria.



Y bien podrá agradecer el Madrid a Williams que el daño no fuera mayor. El delantero del Athletic falló dos de esas jugadas que podrá rondar en su cabeza no sólo días sino años. De esas que desequilibran partidos, que dan victorias. En la primera estaba fuera del área, pero no tenía oposición. La idea que eligió, la de no acercarse más, no era del todo mala. Lo que fue horrible fue su disparo, que se fue a las nubes. Más tarde, ya con el 2-1, un fallo defensivo (otro más) del Madrid regaló otro gol cantado a Williams, que otra vez falló. Dos errores imperdonables, de alevín. El mano a mano con Keylor lo ganó el costarricense cuando estaba casi vendido. Fueron las dos únicas, pero muy claras, del Athletic, que se agazapó bien atrás, sin estar encerrado, y supo controlar los arreones de un Madrid totalmente negado ante el gol. Todo lo que normalmente sale ante el Athletic no salió. Ni un cabezazo de Benzema ni un Cristiano que todo lo que tiraba iba fuera ni hasta un dos (Bale y Cristiano) ante uno (Iraizoz). Estaba quemado el Madrid. La intensa lluvia que cayó sobre la capital de España apagó las ideas del equipo de Zidane.

El técnico francés repitió solución, con Morata y Lucas Vázquez por Benzema e Isco. Y le salió bien. Otra vez le salió bien y esta vez quizá de forma inmerecida. Porque el gol de Morata (sí, otra vez Morata marca el gol decisivo, el que da la victoria) llegó a falta de siete minutos y da un liderato poco merecido a este Madrid. El canterano fue otra vez salvador y otra vez con coraje. Enganchó bien un buen centro por la banda izquierda y su remate lo paró Iraizoz. Eso fue a la primera, porque a la segunda, ya que el portero vasco dejó el balón botando, Morata la empujó como el 9 puro que es. Por esto se necesita un 9 en un equipo de fútbol. También hay que empujar los balones que se quedan a metros de la línea de fondo. Morata lo es y Morata da otra vez la victoria al Madrid.



Lideres en un partido gris, pero con una sensación de que el Madrid es casi irreductible. Sale de todas las situaciones adversas y se lleva los puntos casi por inercia. Pudo ser mayor la diferencia, pero Cristiano se empeñó en que no, en que no marca. Mano a mano con Iraizoz en el último minuto... y gana el portero. Increíble lo del portugués, totalmente negado de cara a puerta. Pero la imagen no puede ser esa, sino la de un Morata casi celestial que otra vez marca de forma épica el gol de la victoria del Madrid. El 9 es Morata. El 9 del gol.

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