La lluvia llegó a Madrid a la vez que irrumpen las estrellas. Por la capital del fútbol europeo entra un aire especial, ese que trae la mejor competición de clubes. La Champions League llega, al fin, y los focos volverán a estar en el Bernabéu, que por primera vez estará acondicionado con 11 Champions. Es la única novedad por Chamartín, ya que el equipo es exactamente el mismo que el que ganó la última edición.

El campeón abre su torneo fetiche contra el equipo que regaló al fútbol al que hoy es el líder indiscutible del Real Madrid (miércoles, 20:45 horas). Cristiano Ronaldo se enfrentará a su Sporting de Lisboa (oficialmente Sporting de Portugal), conjunto con una de las mejores canteras de Europa y ansioso por recuperar poco a poco el dominio portugués que hace ya cuatro décadas perdió. Eso sí, todavía lejos del primer nivel europeo y llamado a acabar tercero, por detrás de Madrid y Dortmund, en este grupo F.

Comienza así la Champions del Real Madrid con el objetivo de hacer historia. Nadie en 24 años consigue repetir título. Ser campeón viene siendo una especie de gafe para no ganar al año siguiente. Pero, ¿de verdad hay razones para creer en este Madrid? Claro que sí. Al igual que también las hay para decir que no. En junio se sabrá con seguridad.

Plantilla amplia y consolidada

A favor tiene el Madrid que sigue con el mismo bloque que le hizo campeón la temporada pasada e incluso mejorado con el delantero titular del equipo finalista de hace dos años, Morata. Si en cinco meses, Zidane ganó una Champions con un equipo que cuando llegó estaba alicaído, qué podrá hacer el francés con ya una pretemporada de preparación. Bien podría presentar Zizou, en una hipotética final en Cardiff, el 3 de junio de 2017, el mismo equipo que fue campeón en Milán: Keylor, Carvajal, Pepe, Ramos, Marcelo, Casemiro, Kroos, Modric, Bale, Cristiano y Benzema. Y todos, salvo catástrofe a lo largo de la temporada ya en curso, siguen en el punto más alto de su carrera. Trabajar con un mismo equipo tanto tiempo, con una idea clara de lo que se quiere, sin dar tumbos, es una ventaja incontestable.

En el asentamiento de la plantilla, sin apenas bajas y altas, radica una de las diferencias del último campeón de Champions con el de otros años. Hasta ahora, los ganadores de la mejor competición de clubes se reinventaban para conseguir el reto por ahora jamás hecho de revalidar el título. Así fue en el propio Real Madrid en 2014, que tras ganar la Décima fichó a James, Kroos y Keylor Navas (tres titulares la siguiente temporada) y se desprendió de otros cuatro jugadores que tuvieron incidencia en la consecución de la Champions: Di María, Xabi Alonso, Morata y Casemiro. Y por el mismo caso pasó el Bayern, que tras ganar en 2013, y con cambio de entrenador, fichó a Götze o Thiago y se fueron Luiz Gustavo o Mario Gómez. Y el Chelsea, que en 2012 fichó a Hazard, Oscar, Azpilicueta... todos los campeones iban cambiando para lograr el título por segunda vez. Quizá la única excepción sería el Barcelona de 2015, pero por obligación: no podía inscribir jugadores. Aun así, fichó a Arda Turan y Aleix Vidal y mandó a Pedro a Inglaterra.

Eso lleva directamente la calidad de la plantilla del Real Madrid. La BBC ha demostrado una fiabilidad en Champions, siempre en semifinales, que todavía no ha alcanzado la MSN (eliminada en cuartos la última vez) u otras opciones de ataque. Cristiano es el mejor jugador de 2016, Bale se incluye ya entre los tres mejores, Morata alcanzó los cinco partidos consecutivos marcando en Champions, adquiriendo una experiencia que no tenía en su anterior etapa en el Real Madrid. Además, Modric se presenta como el mejor centrocampista del mundo y en la defensa, la línea que más puede fallar, está un Sergio Ramos que con la Champions se disfraza en el mejor del mundo.

Y a todo eso añádanle la gestión de la plantilla. Si no hay lesiones, gran lastre de los últimos años, hay un fondo de armario para rotar y llegar frescos a los meses decisivos de abril y mayo. Zidane tiene muchos jugadores para combinar la Liga y la Champions e incluso para ir a por el Triplete que jamás el Madrid ganó. Tampoco hay que olvidar que el Madrid lleva seis semifinales consecutivas, dejando atrás los infaustos años en los que no pasaba de octavos. Una vez ahí, la balanza se decanta por otra cosa: una tanda de penaltis, un gol de Morata, un fallo de Hart...

Un calendario más amable

Otra razón para creer en que la Duodécima es el poco desgaste que debería haber hasta diciembre, ya que el grupo es más o menos sencillo, con el enfrentamiento ante el Borussia Dortmund como único difícil. Ese fue uno de los grandes lastres del Madrid en temporadas anteriores. Una fase de grupos dura años atrás (en las que les tocó PSG, City, Dortmund, Juventus...) coincidía con partidos duros en Liga ante Barcelona, Atlético, Valencia, Sevilla... El equipo no daba para dos competiciones. Este año es diferente. La visita a Alemania, único partido a priori duro, llegará entre encuentros ante Las Palmas y Eibar, ambos teóricamente asequibles. Y pasará igual en la fase definitiva. Solo el Clásico podría llegar después de la vuelta de cuartos.  

Y en menor medida, está el efecto Bale. La final es en Cardiff, ciudad de nacimiento de la estrella del Real Madrid, donde ya ganó una Supercopa de Europa en 2014. Parece como si el destino estuviera esperando que el ya en el top3 del fútbol europeo, y líder del Madrid en pocos años, ganara la Champions en su país, tradicionalmente que ha cambiado la historia del fútbol en ese país. No oculta el que sería el gran momento de su carrera y en un fútbol mediatizado 100%, donde el simbolismo también cuenta, esa final de Champions cogería otra dimensión.

La maldición del campeón



Además de jugar contra Sporting de Lisboa, Dortmund y Legia de Varsovia, y los que le lleguen a partir de octavos, el Madrid jugará contra la historia. Desde 1992, cuando se cambió el formato y también la denominación (de Copa de Europa a Champions League), ningún equipo ha conseguido hacerse con el trofeo en dos ediciones seguidas. 25 años en los que nadie repite título y solo seis llegaron a la final del año siguiente. Es la estadística más recurrente cada año.

Al igual que con equipos, la maldición para los entrenadores es idéntica. El último en conseguir dos Champions seguidas fue Arrigo Sacchi, técnico del último equipo en ganar dos veces consecutivas, el Milan en 1989 y 1990. Los otros entrenadores en ganar de esta forma fueron Brian Clough (con el Nottingham Forest en 1979 y 1980), Dettmar Cramer (con el Bayern en 1975 y 1976), Ştefan Kovács (con el Ajax en 1972 y 1973), Helenio Herrera (con el Inter en 1964 y 1965), Luis Carniglia (con el Real Madrid en 1958 y 1959) y José Villalonga (con el Real Madrid en 1956 y 1957). Zidane se enfrenta también a esto.

Además, el Madrid siempre ganó la Champions en año par e intercalados: 1998, 2000, 2002, 2014 y 2016. Si se sigue la serie, sale 2018, no 2017. Y la final de ese 2018 tiene a la capital de España como sede muy probable. La Peineta, según Cerezo, será la sede por promesa de la UEFA. Eso sí, de la UEFA de Platini, que cambia de manos este miércoles.

Fuera ya de la historia y de la estadística, y centrados en lo meramente deportivo y actual, la realidad es que esta Champions es mucho más difícil de conseguir que la de la temporada pasada, en la que el Madrid, en las eliminatorias a doble partido, se enfrentó al tercer clasificado de Italia, al octavo de Alemania y al cuarto de Inglaterra. Este año es diferente. A los ya conocidos Atlético y Barcelona, y el tradicional Bayern, mucho más peligroso con Ancelotti, ya que es conocido el idilio del técnico italiano con la Champions, se añade con fuerza el Manchester City de Guardiola, candidato a ganar el torneo desde el momento en el que se anunció al catalán como nuevo técnico. No se puede perder de vista al PSG, que fichó a Emery precisamente para dar un salto en Europa, 'aburridos' de ganar en Francia, o a la eterna Juventus de Turín, con el Higuaín de los 90 millones como principal figura.

Abre la Champions. Al fútbol, a mediados de septiembre, le llega un olor diferente. Ese que huele a estrellas, a momentos memorables y a mejores jugadores del mundo. Y en el Madrid de eso saben mucho. La conquista de la Duodécima comienza ante vecinos. Pero es más la lucha contra la historia. Y Cardiff espera.

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