La Sociedad Deportiva Eibar se ha visto obligada a interrumpir las obras que se estaban realizando en su estadio, el Municipal de Ipurua, por un motivo de lo más inusual: la queja de un convento de monjas.

La idea del club era, en concreto, derribar la Tribuna Oeste del campo tras el partido en el que recibirán al Real Madrid, cuya fecha está previsto para el 24 de noviembre. Sin embargo, esta transformación afecta a una pequeña parte del terreno de las monjas, cuyo convento está situado detrás del feudo armero, donde se encuentran los campos de fútbol anexos al mismo.

Pese a que dichos terrenos llevan varios años abandonados, y que el Eibar contaba con la aprobación del Ayuntamiento, las monjas han interpuesto una demanda que obliga a parar la obra. La reanudación se desconoce, aunque trastocará por completo los planes de la entidad vasca, cuya idea era tener el campo remodelado para el inicio de la próxima temporada.

No es la única obra del Eibar

Además de dicha remodelación, el Eibar invertirá 16 millones de euros en hacer realidad uno de los retos fundamentales en el proyecto de crecimiento que está llevando a cabo en los últimos años: la construcción de una ciudad deportiva propia en los terrenos de Areitio, en la vecina localidad vizcaína de Mallabia.

Una vez que la Junta de Accionistas del club aprobó el proyecto el pasado miércoles, cuando una amplia mayoría decidió ubicar las nuevas instalaciones en suelo vizcaíno, en lugar de construirla en Azitain (Eibar), el club intentará acelerar los preceptivos trámites burocráticos para ejecutar lo antes posible sus nuevas instalaciones en un parcela de 81.309 metros cuadrados ubicada a unos 6 kilómetros del casco urbano de la localidad armera.

Seis kilómetros de distancia que, sin embargo, sitúan la ciudad deportiva en otra provincia, lo que convertirá al Eibar en un club asentado en los tres territorios vascos, ya que también dispone de un equipo filial en Vitoria.

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