Felipe Romero tenía 10 años y trataba a Fernando Sierra, su entrenador de fútbol, como si fuese su padre. Sierra, de 32 años, ejercía como tal. Iba a buscarlo al colegio, se lo llevaba a dormir a su casa e incluso se marchaban juntos de vacaciones a Brasil. Cuando una psicóloga recomendó a la madre del niño que pusiese fin a esa extraña relación, Sierra secuestró al pequeño, lo sedó, lo violó, lo mató y luego se suicidó de un tiro en la cabeza. Es la tragedia que ha conmocionado a Uruguay esta semana.

Felipe Romero era hijo de Lucho Romero, un exdelantero de Peñarol que llegó a jugar en la liga italiana, pero que jamás ejerció de padre. Felipe se crió solo con Alexandra Pérez, su madre, que reconoce que el pequeño protestaba por la ausencia de una figura paterna y la reclamaba.

UN ENTRENADOR QUE EJERCÍA DE PADRE

La encontró en su equipo de fútbol. El niño empezó a jugar en las categorías inferiores de Defensor, el equipo de una pequeña ciudad costera llamada Maldonado, donde vivían. En ese equipo conoció, en 2015, a Fernando Sierra, su entrenador. Un hombre que entonces tenía 30 años y con el que enseguida entabló una estrecha amistad. A pesar de que Sierra estuvo muy poco tiempo al cargo del equipo, enseguida se convirtió en su niño favorito. Crearon un nexo tan fuerte, que los encuentros se prolongaron una vez Sierra dejó el equipo.

Felipe llamaba 'papá' a Sierra y este ejercía como tal. En el registro de la casa del presunto homicida han aparecido tarjetas escritas por el niño en las que le decía que lo quería y le pedía que “no me faltes nunca”. También encontraron un manual de cómo ser buen padre.

INTERVIENE LA PSICÓLOGA

Este estrechísimo vínculo empezó a complicarse cuando Sierra comenzó a mostrar modales cada vez más autoritarios con el niño. Alexandra, que trabaja en el departamento de policía de Maldonado, identificó una serie de patrones que le hicieron desconfiar de la relación de Sierra con su hijo. Lo puso en conocimiento de la psicóloga a la que acudían regularmente madre e hijo. Enterada de los pormenores de esta extraña 'amistad', la psicóloga recomendó a la madre que no dejase al niño a solas con Sierra.

El pasado miércoles, mientras el niño entrenaba, Alexandra se lo comunicó Sierra, que montó en cólera. Le advirtió de que si no podía ver a Felipe se quitaría la vida. Lo que nadie esperaba era que secuestrase al niño.

Felipe Romero y su entrenador, Fernando Sierra, tenían una relación paterno-filial

El jueves se presentó en el colegio de Felipe y lo sacó de clase. A los profesores no les extrañó, porque Sierra, en sus labores de padre, acudía a menudo a buscarlo. Así, entregaron al niño a su 'papá' y ambos se montaron en un Chevrolet Prisma. Nunca los volvieron a ver con vida.

CONMOCIÓN EN TODO EL PAÍS

El secuestro de Felipe por su entrenador conmocionó a la pequeña República Oriental de Uruguay, un pequeño país de menos de 3 millones y medio de habitantes. Los escabrosos detalles del suceso, unidos a la fama del padre biológico del niño, hicieron que todo el país se movilizase. La noticia abrió todos los informativos del país durante los dos días que duró la desaparición y en las redes sociales se pusieron en marcha numerosas campañas para tratar de hallar al pequeño.

Los encontraron muertos en Villa Serrana, una zona boscosa y escarpada a 150 kilómetros de la ciudad de Maldonado. La policía primero encontró el coche. Luego la mochila de Felipe y posteriormente la cartera de Fernando. A unos metros yacían los dos cadáveres abrazados.

SEDADO Y VIOLADO

El Ministerio del Interior de Uruguay confirmó el hallazgo de dos personas que habrían muerto de sendos disparos en la cabeza. Los cadáveres correspondían a Sierra y el pequeño Felipe. Fuentes de la investigación también confirmaron que Sierra había llevado unas pastillas sedantes, de las que habría dado siete a Felipe.

Tras administrarle los somníferos, Sierra violó al niño y luego lo mató de un disparo en la cabeza. Posteriormente se suicidó pegándose un tiro en la sien, según confirmó la juez Adriana Morosini. La policía los encontró abrazados, Sierra boca arriba y el pequeño Fernando boca abajo.

Fuentes de la investigación aseguran que el niño había sido violado en anteriores ocasiones por Fernando, algo que no se explican en Maldonado. Sierra no había tenido conflictos con nadie y parece ser que su única obsesión era el pequeño. Tanto, que en su cuenta de Facebook lo tenía incluido en la categoría de hijo. Cuando le prohibieron acercarse al niño, provocó la tragedia que ahora conmociona a Maldonado y a todo Uruguay.