El resultado, como tal, lo puede decir todo (0-0). De hecho, en este caso es así: en el Calderón no hubo goles ni juego. Es cierto que puso más de su parte el Atlético de Madrid, pero -como viene ocurriendo a lo largo de la temporada- al conjunto rojiblanco le faltó pólvora en ataque. Dispuso de Torres, de Griezmann, de Vietto y de Correa -todos se dieron cita sobre el campo en algún momento del partido-. Pero ni así. El Villarreal jugó al empate, a arañar un punto y consiguió su objetivo. Incluso, en una internada de Bakambu estuvo a punto de llevarse la victoria. Aunque, obviamente, las consecuencias son peores para el conjunto rojiblanco, que se queda a ocho puntos del Barcelona, actual líder.



La previsión era que el balón fuera para el Villarreal. Y así lo entendió el Cholo, que optó por Correa sobre Óliver para sustituir al lesionado Carrasco. Es decir, buscó con su once darle la pelota a su rival y hacer daño saliendo desde la retaguardia. Sin embargo, el planteamiento conservador de Marcelino modificó todo el paisaje. El Atlético tuvo que agarrar el balón y jugar, llevar el peso del partido. Y así lo hizo, pero sin crear demasiado peligro, chocándose una y otra vez contra el muro amarillo. Con apenas tres disparos entre los tres palos y un cabezazo de Griezmann que estuvo a punto de meterse dentro.



La tendencia, modificada por Correa en el inicio de la segunda mitad, fue un espejismo que pronto tardó en desvanecerse. Tuvo dos el argentino: la vaselina la sacó Areola y su disparo se marchó alto. Y poco más. En eso basó su defensa el Atlético de Madrid, espeso durante todo el partido. Por momentos, incluso, como ausente. Sólido en defensa, pero obtuso en ataque. Sin importar quién estaba sobre el terreno de juego, porque el cambio de Óliver por Griezmann tampoco surtió efecto. Ni el de Correa por Vietto. Ni de Saúl por Kranevitter. Nada en una noche poco halagüeña ante lo que está por venir.



Con este panorama por delante, poco esperanzador en lo futbolístico, afrontará el Atlético de Madrid su segunda semana más decisiva en lo que va de la temporada. El miércoles viajará a Eindhoven para enfrentarse al PSV en la Champions League y el fin de semana jugará el derbi contra el Real Madrid. Con la Liga prácticamente decidida, pero con la Copa de Europa todavía en el horizonte. ¿Hay mejor motivación para lo que queda de curso?

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