Cuando uno se habitúa a la monotonía, pocas cosas son tan agradables como la sensación de aire fresco que aporta romper los esquemas. Desestabilizar los cimientos de lo establecido. Y esta etapa ha supuesto precisamente eso para la Vuelta a España: un soplo de oxígeno frente al cumplimento del guión de los primeros cinco días de carrera. [Así te hemos contado la sexta etapa]



Hoy, sin embargo, todo eso se ha roto en una etapa refrescante –para el espectador, claro, no para los corredores que se han frito literalmente a más de 35 grados- y que ha sido la jornada más bonita que se ha visto hasta el momento en la presente Vuelta. Una etapa, además, con media montaña y terrenos ratoneros pero sin los empinadísimos puertos de final de etapa. El menú de esta Vuelta, y de las últimas cinco, del que probablemente ya nos hayamos atiborrado. [Así está la clasificación general del Tour de Francia]

Por eso una jornada así tiene mucho más valor cuando pasan cosas. Evidentemente no podíamos esperar grandes ataques ni un ciclismo verdaderamente épico. Pero sí una guerra de desgaste, que es lo que finalmente ha ocurrido. Y una victoria de fuerza y clase como la que ha brindado Simon Yates. El británico se ha propuesto dar continuidad al brillo familiar después de que su hermano Adam –al que todo el mundo pone como el ‘bueno’ de los dos, de forma además algo injusta- casi se metiera en el podio del pasado Tour.

Yates ha cogido a Mathias Frank (IAM) a poco menos de cuatro kilómetros de meta. El suizo era el único superviviente de una fuga de 11 donde antes había saltado Omar Fraile (Dimension Data), que caminó solo hasta que las fuerzas le dijeron basta. Una victoria celebradísima en Orica, que además había trabajado para ello cuando BMC dio síntomas de agotamiento después de mantener la fuga siempre a menos de tres minutos. Señal de que el desgaste ha sido importante.

“Simon ha pedido permiso para atacar. Directamente ha preguntado que si en caso de atacar estaría haciendo algo malo”, ha explicado su director Neil Stephens en la línea de meta. “No, claro que no, adelante”, fue la respuesta desde el coche. Y mira por dónde, la apuesta salió bien: “Simon ha puesto a contrapié al resto de equipos. Nos hemos beneficiado de su ataque y, encima, hemos ganado la etapa”, ha concluido el técnico australiano que le ha mandado un ‘well done, guy’ público a su corredor.

Los esquemas se rompen, también, cuando los equipos potentes pasan del inmovilismo de días anteriores a la acción directa. Primero BMC, luego Orica, posteriormente Tinkoff y, finalmente, Movistar al mando del pelotón mientras remontaba el formidablemente bello Cañón del Sil. La bala de los telefónicos, Dani Moreno, no fue finalmente la buena. Sigue faltando algo más de movimiento por parte de Valverde, que tal vez hoy habría tenido un buen día.

En cualquier caso, la etapa de hoy es una muestra más de lo rejuvenecedor de discutir el orden de las cosas. Yates, como corredor, es de esos que probablemente un día esté dentro del ‘establishment’, pero a día de hoy viene para romperlo y gracias a esa actitud ha conseguido la victoria más importante de su carrera. Mientras los jefes de fila mantienen sus posiciones, los segundos espadas han disfrutado de una buena oportunidad en lo que ha sido, hasta hoy, la mejor etapa de la carrera.

Noticias relacionadas