En el ciclismo la suerte se confunde con el destino. Que le pregunten a Jasper Stuyven, que en dos etapas de la Vuelta a España de 2014 conoció la provincia de Málaga y decidió pasar allí el siguiente invierno después de terminar el anterior amargado por la lluvia en el norte de Italia. El belga de Trek-Segafredo se instaló unas semanas en el pequeño municipio de Álora y descubrió un hogar en el que desarrollar sus excelentes condiciones de rodador. Este mes de febrero desvirgó su palmarés de clásicas en la durísima Kuurne-Bruselas-Kuurne; la victoria World Tour la conoció en una llegada de la Vuelta a España a Murcia.



Stuyven se vio este domingo involucrado en la escapada larga de la segunda etapa del Tour de Francia junto a tres jornaleros de la gloria; entre ellos, dos ciclistas del equipo alemán Bora, que en espera de consumar el fichaje de Peter Sagan pelea por protagonismos secundarios. Por un momento, el ciclista de Trek pareció destinado a convertirse en el héroe de la jornada, pero los dos minutos de ventaja sobre el pelotón con los que contaba a diez kilómetros de meta no bastaron para burlarlo en un recorrido de altimetría ondulada matador para unas piernas fatigadas. Le cazaron en recta de meta.



El destino y la suerte parecen haber abandonado a Alberto Contador (Tinkoff). Después de su golpazo de la primera jornada, el pinteño volvió a caerse este domingo. Tony Martin (Etixx) perdió las manos del manillar y se fue al suelo justo delante del campeón español, que cayó y se dañó el costado sano. “Físicamente estoy muy penalizado (sic)”, explicó en meta. “No puedo pedalear como me gustaría a consecuencia de mis caídas”.



Menos suerte o más destino, Contador se descolgó este domingo del pelotón principal en los traicioneros kilómetros finales. En cabeza del mismo marcaba un ritmo muy exigente su compañero Roman Kreuziger, encendido en busca de Stuyven para colocar a otro ciclista de Tinkoff, el campeón del mundo Peter Sagan, en disposición de obtener la victoria parcial y el liderato provisional.



Sagan consiguió ambos objetivos y Contador franqueó la meta 48 segundos después acompañado de Kiserlovski. Fue el único gran favorito que cedió tiempo más allá de los poco significativos 11 segundos perdidos por Pinot y Nibali en los cortes de la ‘volata’ y el minuto y medio que palmó Richie Porte, colíder de BMC, especialista en rondas de una semana que no acierta con las de tres por una cuestión de suerte o destino. Esta vez fue un pinchazo lo que le retrasó y dejó todos los galones del conjunto americano en los hombros de Tejay Van Garderen.



“¡Que les den por culo a todos!”, gritó el excéntrico magnate Oleg Tinkov en la zona de prensa viendo el sprint victorioso de su Sagan sin pensar en su Contador. Cosas de la bicefalia. Un campeón del mundo condiciona las tácticas hasta el punto de producir la inusual y chocante imagen de un equipo que trabaja contra los intereses de uno de sus líderes. No obstante, dadas las circunstancias y el resultado, la decisión de Tinkoff es indiscutible: independientemente del trabajo de Kreuziger, el pelotón iba muy rápido y Contador, muy mermado.



“Tal y como ha sido de rápida la parte final y con los golpes de ayer y hoy, es normal que Contador pierda tiempo. Poco ha perdido para lo fuerte que ha sido el golpe”. Lo dice Alejandro Valverde (Movistar Team), tercero hoy en meta sólo superado por Sagan y Julian Alaphilippe (Etixx-Quick Step). Ser 62º de la general provisional a buen seguro no entraba la estrategia de Contador; ¿es factible una renuncia?, preguntó Cadena SER a su director Patxi Vila. “No, por Dios. ¿No le conocéis? Eso no entra en la cabeza de Alberto”.



Mientras tanto, en el podio, Peter Sagan exhibió su carismático carisma de Peter Pan despreocupado. “No sabía que había ganado: pensaba que había dos fugados por delante. Es la primera vez en mi vida que visto el maillot amarillo. Es una prenda muy especial, aunque yo ya tengo un jersey muy bonito”, dijo en referencia al arcoíris que después mostró en el podio. Mañana tendrá una tranquila jornada llana para lucirlo en espera de una previsible llegada masiva en Angers.

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