Hace una década que Filippo Pozzato ganó la Milán–San Remo. Ya por aquel entonces cultivaba una imagen de dandy de sonrisa arrebatadora depositada sobre la anterior de superdotado deportivo y enfant terrible. Capaz de lo mejor sobre la bicicleta, pero amante de la vida lejos de ella, se tatuó un “Sólo Dios puede juzgarme” en la espalda y decayó. Desde aquella victoria en la Classicissima vino un declive perlado de destellos brillantes: un campeonato italiano, dos etapas en el Tour de Francia, apariciones en las grandes clásicas… Poco, demasiado poco, para quien estaba destinado a dominarlas todas.



Con el declive, la imagen de dandy se convirtió en caricatura. El carácter de Pozzato, amable y jovial; su espíritu, el prestarse a bromas; sus prestaciones deportivas, pesar más en su pico de forma que en pretemporada… Todo junto le ha llevado a terminar su vida deportiva en Willier-Southeast, uno de esos equipos pobres que malviven en la segunda fila del pelotón italiano y cuya temporada gira en torno al Giro. “Sigue teniendo mucho talento. Es impresionante verle rodar contra el viento. Pero pasa de jugársela”. Lo cuenta un compañero de pelotón. “Supongo que, con 34 años y 18 de profesionalismo en las piernas, no tiene tantas ganas de limar”.



Y sin embargo, Pozzato limó este miércoles en Cassano d’Adda. Era una volata embarullada: tras 16 días de competición, los equipos de los velocistas son débiles. Les había costado dios y ayuda cazar la fuga del día. A kilómetro y medio de meta todo estaba descontrolado y ‘Pippo’, que sabe de ciclismo y retiene clase, arrancó. Pronto hizo hueco, con su coequipier Manuele Belletti ejerciendo de cancerbero para apaciguar a los trotones del pelotón. Para él, que tiene contrato por un año más pero está considerando no cumplirlo por mero hartazgo, hubiera sido su último gran triunfo como profesional antes de retirarse. Una apoteosis. Un vídeo que enseñar en Youtube.



Sin embargo, un alemán apareció para apropiarse de la redención de Pozzato. Se trataba de Roger Kluge, uno que se colgó la plata en la carrera de Puntuación de los Juegos Olímpicos de Pekín y aspira a disputar en Rio el Ómnium, disciplina de la que es subcampeón mundial. Compite en carretera con IAM Cycling, uno de los conjuntos más pobres del UCI World Tour (primera división del ciclismo mundial), sostenido por la pasión del dueño de una firma suiza de gestión de activos que el lunes anunció que cesaría la actividad del equipo este mismo invierno.



La arrancada de Kluge dio a IAM su primera victoria parcial en una gran vuelta en cuatro temporadas de actividad, la quinta en una carrera de primera división de toda la historia de un equipo tan impecablemente serio como romo. El alemán consiguió, también, un argumento para convencer a otra escuadra de convertirle en vagón de su ‘treno’ la próxima campaña. Un vídeo que enseñar en Youtube en detrimento de un Pozzato que no pedaleó en los últimos 200 metros de etapa con una indiferencia desgarradora.



Este kilómetro de drama rubricó la penúltima etapa tranquila del Giro antes del gran final de Turín. Por medio quedan tres más, todas ellas destinadas a que los gallos peleen la general. Si viernes y sábado aguardan atracones alpinos, para el jueves hay programado un recorrido mucho más amable, aunque largo para castigar las piernas de los corredores y con unos compases finales de alarido.



Se afrontará el empinado Pramartino, casi cinco kilómetros a doble dígito de pendiente, antes de bajar hacia la ciudad de Pinerolo, escenario de algunas de las etapas más míticas de la historia del Giro. Allí, a sólo dos kilómetros de meta, se encarará un repecho con rampas de hasta el 20% de inclinación en la que todos, desde Valverde a Nibali, deberán batirse en busca de segundos moralmente significativos. El liderato de Steven Kruijswijk (LottoNL-Jumbo) no debería ser objeto de discusión: para eso estarán las otras dos etapas del colofón.

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