Berlín

"Este Europeo simboliza el fin de una etapa única en mi vida". Antes siquiera de dar paso a las preguntas, Bruno Hortelano arranca sin freno, desatado, con un discurso que hipnotiza. No se ha colocado todavía en los tacos de salida del Olympiastadion; está erguido sobre un taburete alto en una de las salas del hotel del equipo español en Berlín, en un breve encuentro con los medios celebrado este lunes. Sus ojos brillan animosos sabedor de que esa promesa que se hizo después del accidente de tráfico que casi le cuesta la vida está a unas zancadas de cumplirse: "Me dije que después de perderlo todo tenía que volver a ser yo, a mi mejor nivel".

Y el Bruno Hortelano de ahora no solo es tan bueno y tan prometedor como el de 2016, aquel que se proclamó campeón de Europa de 200 metros y deslumbró en los Juegos Olímpicos de Río; es más rápido y tiene más dinamita, mucha más. Como un Sísifo que reemprende su mesiánica tarea de cargar con la pesada piedra hasta la cumbre de la montaña, el velocista español nacido en Australia ha recuperado su mano catastrófica, su mente y la sonrisa. "Después del accidente empecé de cero y llevo todo este tiempo dando pasos intentando llegar a una cima, que es esta semana", dice sereno, confiado, con una seguridad aplastante.

El regreso, el renacer de Bruno Hortelano, se puede contabilizar, de forma sencilla, en marcas estratosféricas, sobre todo dos: los 44.69 segundos en 400 metros que logró en el meeting de Madrid y los 20.04s en 200m de los Nacionales de Getafe, ambos récords de España. Su temporada ha ido in crescendo, siempre con los objetivos claros y guiado por un equipo que lo mima, más aún después del exigente proceso de recuperación. "Cada carrera que hago me llevo la sensación de una victoria aunque no gane", explica Hortelano, un atleta que disfruta infinito cuando pisa el tartán. "El hecho de sentirme competitivo era razón de celebrar. Solo con estar aquí en Berlín me llevo una victoria".

Pero el efecto Hortelano, el boom de su fulgurante reaparición, parece haber contagiado a una selección jovencísima y "fresca", un equipo que "sonríe muy bien", como repite Ramón Cid, director técnico de la Federación; con mucha gente, pero donde todos corren, saltan y lanzan convencidos de sus posibilidades. Y es ahí donde la figura de Hortelano, ingeniero biomédico, se erige en adalid de la ilusión, en capitán de los sueños: "Intento ayudar a inspirar a otros atletas. (...) Todos buscamos la gloria pero también cumplir nuestros sueños. Yo estoy persiguiendo mi sueño y si puedo ayudar a mis compañeros a lograr el suyo sería fantástico".

Aunque de momento, la primera jornada del campeonato, invisible para el programa oficial, ha rebajado ligeramente el optimismo en el seno del combinado nacional. Diez atletas han entrado en competición —100m hombres y mujeres y longitud, martillo, 400 vallas y peso masculino y diez han quedado eliminados, si bien ninguno aparecía entre las opciones a medalla. Un toque de alerta para los siguientes en pisar el estadio.

El proceso de mejorar, no ganar

Bruno Hortelano ha aprendido de su entrenador en la Universidad de Cornell, Adrian Durant, a calcularlo todo, la importancia de la estrategia y de medir los esfuerzos. Siempre tienen clara la marca en la que pueden correr, centésima arriba centésima abajo, en función de los resultados en los entrenamientos. Los 20.04s en el doble hectómetro de Getafe, sin ir al 100% los últimos metros, dejaron atónitos a todo el atletismo español excepto a Adrian y a Bruno, que contaban con parar el crono un pelín antes. Hortelano está exento en Berlín de disputar la eliminatoria de 200m, por lo que no pisará el tartán azul del Olympiastadion hasta este miércoles a la tarde (20:20 horas), pero sabe que ya no hay cabida a los experimentos: "En un Campeonato de Europa todo el mundo es muy competitivo y nadie va a poder ir sobrado. No podemos asumir que estamos en la final", vaticina tras confirmar que el objetivo de la semifinal, como le ha dicho su entrenador, es únicamente clasificarse.

Tampoco quiere hablar de medallas o de tiempos concretos; solo se moja cuando le preguntan por ese suspiro inapreciable que le separa de romper la barrera de los 20 segundos: "Llevo mucho trabajo detrás para poder lograrlo. No sé si va a salir aquí, pero desde luego sí que me veo capaz". "Os puedo prometer que saldré a la pista con pasión, con la cabeza en paz y para haceros disfrutar", asegura el velocista.

Ruth Beitia, en primera fila, asiste a la rueda de prensa del equipo español en Berlín. D. B.

Y el segundo sueño de Hortelano en este Europeo es hacer historia con el relevo 4x400m. El combinado, formado por siete atletas —Husillos, Búa, García, Echeverry, Guijarro, Ujakpor y el propio Hortelano—, ha estado concentrado en Postdam unos días para pulir detalles y hacer piña —hasta han tenido tiempo de ir a ver el campo de concentración de Sachsenhausen—. El recordman nacional de 100m, 200m y 400m ha sido la última incorporación de un equipo que ya fue quinto en el pasado Mundial de Londres y que aspira a todo en Berlín. "Me encontré con un grupo de chicos que quiere ganar, que no tiene miedo a nadie. Todos me han acogido con mucho calor; y nos sentimos imparables, poderosos", aventura Hortelano.

Esta prueba es la viva imagen del giro de timón que vive atletismo español. "Por fin somos un atletismo europeo, estamos en todas las pruebas", decía este lunes Ruth Beitia, jefa de la selección en la capital germana, que presume orgullosa del gran ambiente que se respira y a quien no le carcome la adrenalina de la competición, las ganas de calzarse los clavos y saltar otra vez. Ella ya está al margen, ahora en la grada, y dirige la savia nueva, muy joven pero clara en sus aspiraciones, como Ana Peleteiro u Óscar Husillos, que hablan de mejorar sin marcarse topes ni resultados concretos, de un proceso que se labra en los entrenamientos de cada día y que explota cuando hay un ambiente tan "espiritoso" como el que se respira en Berlín.