Es posible que usted haya jugado varias pachangas en su vida y que, en muchas ocasiones, haya visto pasar el balón de lejos, como si fuera un objeto prohibido. En esos días, casuales o no, lo normal es sentirse como muchos de los rivales que pasan por el Camp Nou. O como, en última instancia, lo hizo el Granada (4-0). Ante un Barça cambiado, con Vermaelen y Aleix en defensa, y un centro del campo inédito (Arda, Rakitic y Sergi Roberto). Y, como siempre, con un Messi que intensifica su música a medida que ve acercarse la hora de recibir su quinto Balón de Oro, el que aumentará una leyenda sin caducidad y la hará aún más eterna.



Hubo grandes jugadores y quizá vengan mejores, pero el presente es del astro argentino. El resto pueden aspirar a ocupar su trono -en su derecho están-. Eso sí, la corona es de Messi, autor de tres goles contra el Granada. El primero de ellos gracias a Arda Turan, que le filtró un pase de esos que nacen envenenados; el segundo, en una combinación con la MSN; y el tercero, rebañando el balón dentro del área tras un palo de Neymar. Cada uno diferente, pero todos precedidos de patrones comunes: de toque, de magia y 'jogo' bonito.

Tienden las crónicas a ensalzar al héroe por encima del colectivo, y así podrían reflejarlo estas letras, pero lo cierto es que sería injusto. En el Barça, desde hace tiempo, el equipo subyuga el talento individual para que éste sea aún más definitorio. Con Messi, obviamente, como rey del 'cotarro', como líder o como lo que quieran. Pero también, con Neymar como alumno aventajado, como pupilo ejemplar y jugador en constante progresión. Con el brasileño, en definitiva, tomando las riendas cuando el argentino no tiene el día. Y, como ante el Granada, preparado para rematar la faena, para colocar la guinda al pastel, prender el fuego cuando todo está templado y cerrar el partido con un control dentro del área, una paradinha y un toque sutil.



El Barcelona, en definitiva, lo forman Neymar, Messi y, por supuesto, Suárez, que transpira el sacrificio del tridente y muerde -en el buen sentido- cuando su equipo más lo necesita. Pero el relato de este equipo de leyenda que cada vez recorta más distancias con aquel de Guardiola, tiene a muchos actores secundarios. Contra el Granada, con un Arda que es un guante para el conjunto azulgrana. Él dio el primer gol, con un pase, y también él dejó pasar la pelota entre las piernas para el tercero. El turco, dormido durante mucho tiempo, ha despertado el Camp Nou con sus gestos, como sólo saben hacer los jugadores con genio. Y, además, lanzando un guiño a sus dos compañeros en el centro del campo: Rakitic, siempre con la música al mismo nivel, y Sergi Roberto, reconvertido a mediocentro en otra muestra de polivalencia.



Todo esto es el Barcelona actual, un equipo que puede empeorar, como lo hizo el Madrid la temporada pasada, después de una Navidad igual de prodigiosa que la azulgrana; pero también puede mejorar -eso se asegura desde el área técnica- y que, de seguir a este nivel, está en condiciones de volver a repetir el triplete. Quién sabe si de algo más. Eso sólo lo dirá el tiempo. Pero, definitivamente, jugando bastante cómodo durante demasiado tiempo. Como contra el Granada, un rival más entre la larga lista de contendientes rendidos al juego de los de Luis Enrique.

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