"La calma después de la tormenta". Así describen sus protagonistas la cuarta temporada de La Casa de Papel. En plena época de confinamiento, la plataforma Netflix estrena una de las producciones españolas más importantes del año el 3 de abril. ¿Qué ha sucedido con Nairobi? ¿Cómo actúa El Profesor tras la ejecución de Lisboa?

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La forma de responder a estas incógnitas se resuelve con unos primeros episodios más calmados en los que el estado mental de los protagonistas se convierte en una pieza fundamental de la trama. "El desarrollo de esta última parte lo que hace es meterse mucho más en la parte emocional de los personajes. Luego sí que es verdad que el final es mucho más vertiginoso, recuperando ese pulso narrativo potente que sabe darle Alex Pina", declara Álvaro Morte (El Profesor) en una entrevista concedida a EL ESPAÑOL. 

Asimismo, añade que "hasta en las grandes tragedias shakespearianas tenemos momentos de humor para que luego, cuando llegue el verdadero drama, podamos bajar más a lo profundo desde un contraste más diferenciado". Es lo que hacía falta. Tras un final tan caótico la trama necesitaba oxigenar para volver a tomar impulso.

Esta cuarta temporada innova en una evolución de los personajes. El movimiento aviva la serie. Por primera vez desde su estreno se observa a un Profesor decaído e incapaz de reorganizar el plan inicial; a un Palermo (Rodrigo de la Serna) que, en palabras de Morte, es "caótico e imprevisible" y unos Río (Miguel Herrán), Tokio (Úrsula Corberó), Denver (Jaime Lorente) y Estocolmo (Esther Acebo) que darán mucho de qué hablar a lo largo de los ocho episodios.

Todos estos personajes deben finalizar lo antes posible el robo al Banco de España. Lo que desconocen es que, entre tanto revuelo y una inspectora Sierra (Najwa Nimri) que no piensa consentir una petición más por larte de la banda, se cuece un motín en el interior del banco. Es más, conseguirá un apoyo importante desde dentro que dificultará enormemente la labor de los protagonistas. Y todo esto con una Belén Cuesta entre los rehenes que, tal y como explica Jaime Lorente a este periódico, es "un personaje que va a plantar una semilla".

Una serie en mitad de una crisis

El 3 de abril se estrena la nueva temporada de La Casa de Papel, aunque se espera que no sea la última. Nadie hubiera pensado un año atrás que abril encontraría a la población mundial confinada en sus casas. De esta manera, los actores, aguardan en sus hogares a la espera de que la producción española esté disponible en la plataforma.

Álvaro Morte, por su parte, se está tomando la cuarentena "con mucha filosofía". Comenta que con libros, música y acceso a internet este confinamiento puede ser más ameno. "Si con La Casa de Papel conseguimos que la gente lleve la cuarentena mejor, pues bienvenido", añade.

No son tan optimistas Esther Acebo y Jaime Lorente. La primera afirma que "el hecho de encerrarte es casi como un retiro espiritual obligado contigo mismo". "Yo por la mañana bien, al mediodía mal y por la tarde fatal", contesta el segundo. Ambos coinciden en que pese a que probablemente más gente vea la serie, La Casa de Papel en sí misma tiene un gran potencial en esta cuarta temporada. "A lo mejor mucha más gente la verá pero no merece la pena. Ojalá la gente pudiera ver la serie cuando le apeteciese. Yo le deseo todo el bien del mundo a la serie pero todavía se lo deseo más a la humanidad", considera Lorente.

Muchas producciones se han visto obligadas a parar o a posponer su fecha de estreno. No es el caso de La Casa de Papel, que a partir del 3 de abril podrán verse todos los episodios de una serie que pondrá fin a todas las incógnitas de la tercera temporada.