Cantan porque no son “ni demasiado jóvenes ni viejos todavía”. Porque tienen memoria de Luis Roldán, del caso Filesa, del comando GAL, de Gil, de ETA, de la “ley del suelo por los cielos”, de Aznar y de Felipe, de Alianza Popular. Cantan porque vivieron una España renqueante entre la modernez y la miseria que en 1992 comenzó a caminar sola; porque saben que la idiosincrasia patria no es más que una “débil y vil moral”. Se levantan para trabajar y te hacen un tema post-punk con dos botones y un palillo, les salen casi solos los versos, el humor, la diminuta rabia; porque llevan dentro la sátira poética de la generación del desencanto. Y por nostalgia cantan a las preciosas y chulescas chonis que jamás les miraron en el instituto, y por desgaste cantan a la lista infinita de nombres del primer día del juicio del procés.

Parquesvr, formado por músicos de bandas underground como El Páramo, Persons, Sou Edipo o Escombros, viene liderado por Javi Ferrara, insigne promotor y mánager que ahora empuña el micro y se adueña del escenario. Acaban de presentar Talego Quini (Raso Estudio, 2019), y, sin comerlo ni beberlo, llenan la Wurlitzer y se vuelven virales en Spotify con una oda irónica al bueno de Lance Armstrong. Charlamos con su carismático frontman sobre música, referentes, barrios y nuevos modelos de amar y de vivir sin pasar por la rueda de la hipoteca y la paternidad.

He leído que la idea del grupo surge en un Canela Party.

Sí, esto fue en el Canela de hace tres años. Yo, por el curro y por la vida, me rodeo de muchos músicos. Subíamos del Canela en una furgo y Lolo, un amigo mío, dijo que llevaba mucho tiempo sin tocar y que lo echaba de menos. Dijimos: “¿hacemos algo?”. Poco a poco empezamos a quedar… El Pelos, Choco, Raúl… a los teclados se puso Javi… llevamos dos años y pico preparando y ahora hemos empezado a tocar más en serio.

Al principio ibais como más de coña, sin ambiciones, por divertiros, pero las perspectivas se han ampliado muchísimo con vuestros éxitos en Spotify.

Ya… es que el grupo lo armamos sin la más mínima de las expectativas. Le pedí a Alan Queipo que lo subiese él a Spotify… imagínate la idea que llevábamos. Pero estamos flipando en colores. Llevamos diez días siendo la canción más viral. No doy crédito de ningún tipo. El vídeo tiene 60.000 reproducciones, cuando no nos conoce nadie. Hemos hecho sold out en la Wurlitzer y en la Sala Sol hemos vendido como 50 entradas en un día, y yo, que me dedico a esto, sé que tiene mucho valor.

¿Qué has aprendido en tu oficio al otro lado del escenario que ahora estés practicando como frontman de Parquesvr?

He aprendido a delegar. Por mi trabajo no puedo ni quiero llevar Parque Svr, porque éticamente no me parece correcto. Yo llevo la contratación de 20 bandas, así que se lo hemos dejado a Alan Queipo, que lo está haciendo muy bien.

El nombre de Parquesvr viene de un centro comercial de Leganés.

Sí. Somos todos gente de mediana edad, bien talluditos ya, y somos de periferia. El nombre de Parquesvr tiene que ver con el centro comercial, claro, pero además tiene esa connotación de poner el énfasis en los barrios, porque nosotros siempre hemos sido muy de bajar al parque. Parla, Usera, Vallecas, Leganés… Y hemos cambiado en el nombre la “u” por la “v” para que no nos denuncie el centro comercial (risas).

Es interesante esa reivindicación del extrarradio como auténtico barrio. Mi amigo José Andrés dice que si vivimos en Malasaña no tenemos barrio ni hostias.

Sí, eso es porque hay una mitificación del concepto “barrio”. Yo soy de barrio, de Leganés, de Zarzaquemada. Nosotros no éramos tampoco unos cafres de pequeños: queríamos estudiar, sacar buenas notas, ir a la universidad… pero todo eso se ve influido cuando vives en un entorno distinto al del centro de Madrid. Convivíamos con la drogadicción, con familias desestructuradas y demás. Por eso te digo que lo del barrio se mitifica un poco, porque la crudeza es bastante. Nosotros somos también de principios de los ochenta, al menos no nos comimos la época de la heroína y demás, pero sí veíamos de pequeños jeringuillas tiradas por todas partes y teníamos que tener cierto cuidado. Luego también es cierto que yo me he tirado 12 años viviendo en Malasaña y me he ido a Carabanchel.

¿Y ese regreso a los orígenes?

Estaba hasta los huevos de escuchar las maletas de los Airbnb, de que todos los comercios normales estuviesen cerrados, etc. Me ha costado una barbaridad, ¿eh? Cuando de pequeño iba a Malasaña, iba con los ojos abiertos, enormes, como diciendo “joder, esto es la hostia”. Ahora, viviendo en Opañel, estoy encantado: flipo con los comercios, con los paseos, con todo. Yo siempre he sido mucho de “hacer barrio”, siempre salía por el SIDI cuando vivía por Valverde. Pero en Malasaña crear esa comunidad es más difícil.

Mira que ahora se habla mucho de la romantización del barrio, capitalismo mediante. Por ejemplo, la estética no sólo urbana, sino de extrarradio, de la que Rosalía es referente. Hay quien critica que se esté explotando comercialmente una posición social que realmente tiene muchos claroscuros. Ser de “barrio”, puramente dicho, es tener que convivir con dificultades. Pero ahora los pijos lo copian…

Me hace gracia, porque sólo a los que les va de puta madre idealizan el barrio, pero no lo conocen, no tienen ni idea de lo que es. Si se levantaran a las cinco de la mañana para trabajar en la Peugeot, no lo romantizarían tanto. Mira, toda la gente de mi generación ahora son padres. Vinieron a la Wurlitzer a vernos y me reencontré con amigos del cole, del instituto, y aluciné en colores porque empezaron a contarme sus vidas y son totalmente distintas a la mía. Uno se levanta a las cuatro de la mañana, tiene tres niños… joder, pelean mucho por sacar todo adelante. Es muy fácil reivindicar algo cuando sólo lo disfrutas. Está guay ser Yung Beef y hablar de barrio mientras eres modelo de Calvin Klein, claro, pero no tiene ni idea, o ya no se acuerda. Hay que contemplar que existen otras vidas que sí conocen esto de primera mano.

En Parquesvr tenéis letras muy políticas, muy punzantes. ¿Crees que el panorama está huérfano de letras comprometidas?

En realidad las letras, en sí, son bastante improvisadas, excepto alguna que otra como Puretrap o 1992. Quizá esta última es la letra más política que teneos, porque hace referencia a un año que cambió la historia de este país. Veníamos de una tradición arraigada del franquismo y, poco a poco… la cosa se fue moviendo. Yo creo que 1992 fue el año que dio el cambio más brutal a España, el que ha hecho que estemos donde estamos ahora. En cuanto a lo de las letras comprometidas que me preguntabas… pues no sé, mira lo de Def con Dos y su Puritanismo progre. Por un lado dices bueno, qué guay que digan lo que quieran y tal, y por otro lado, “qué pacones sois”. No tengo una posición muy clara. Hacemos las letras que nos divierten y que nos salen, no vamos pensando en trascender mucho. Podría venderte la moto, pero hay letras hechas en 5 minutos. No es nada muy asentado.

En 1992 habláis de “policías que ya lo eran cuando Franco aún vivía”. Y el vídeo cierra con una bomba sobre el Valle de los Caídos. ¿Qué herencias franquistas crees que arrastramos hoy, qué nos queda de esa vieja caspa que describís en la canción y en el vídeo?

Bueno, lo único que tienes que ver son los apellidos de las grandes empresas y los grandes patrimonios de este país. Son los mismos que en 1975. Evidentemente, se habla de reconciliación y tal, pero cuando hablamos de memoria histórica olvidamos el expolio económico del franquismo. No hubo recuperación de ningún tipo. Nadie va a volver edificios enteros. Mi casero tenía dos edificios que heredó de su padre, era una herencia franquista. Todos esos párkings de Madrid… no, no habrá ninguna compensación. Fernando Fernán Gómez decía, en una conversación con Trueba, que no había que pensar en el futuro porque no había futuro: su madre era muy adinerada en la República y de repente todo eso dejó de valer. Fueron pobres. Así funciona.

¿Qué es ser transgresor hoy?

Pues no lo sé, Lorena. Hay tantas cosas que van de transgresoras y a mí me parecen tan comerciales…

Como cuáles.

La música urbana está de puta madre, yo no la critico, pero cuando dicen que son en nuevo punk… (risas). Teniendo en cuenta que están súper apoyados por el mecanismo del establishment, por todas las majors… ¿qué vas a transgredir, si tienes detrás un mecanismo tan potente que te está apoyando? Al final eres más que sistema. No está mal, ¿eh?, que seas mainstream, pero no te vendas como un rupturista. ¿Cómo se hace lo de transgredir? No sé, te iba a decir “intenta ser tú mismo”, pero me parece una frase de mierda.

Háblame de Conchi.

Conchi es un homenaje a las chonis de barrio de mi época, con su forma de hablar tan particular, con su rollo… me acuerdo de que eran tías que me molaban mucho, porque eran súper altivas. La típica chula que te vacilaba mogollón y hacía contigo lo que le daba la gana. Esa choni de finales de los 90 tenía muchísima magia y nos atraía mucho. Nos traía por la calle de la amargura a los feos del insti.

En Puretrap habláis del síndrome Peter Pan, esta rareza con uno mismo de “sigo saliendo pero ya soy bastante mayor...”. ¿Cómo es ese retrato?

La canción es una autocrítica absoluta. Al final me río de mí mismo, porque yo cometo prácticamente todas las cosas que critico en la canción. Soy un tío de 37 años, no sé si parezco mayor, pero soy el más joven del grupo (risas). Y sigo viviendo igual que cuando tenía 25. Vas saliendo, vas saliendo, y ves que llevas saliendo 15 años con la misma gente.

¿Se puede vivir siempre así?

No sé decirte. Yo vivo de puta madre, me divierto un montón, vivo más o menos como quiero vivir. Tengo para mis vicios y para viajar cuando me apetece. Trabajo de lo que me gusta. No tengo una enorme presión económica, ningún agobio por mantener a un crío o pagar una hipoteca. Yo he elegido este tipo de vida, o, más que elegirla, la he ido arrastrando con los años por la falta de decisiones. Por ejemplo, he tenido una relación y no he decidido comprar un piso, o tener niños… ese tipo de responsabilidades que te atan.

¿Tienes miedo al compromiso, Javi?

(Se parte de risa). No, yo creo que soy una persona bastante comprometida cuando voy con algo. Oye, y en lo afectivo he tenido relaciones muy largas. Una de cinco años, otra de seis… Pero sí que peco de eso, de tomar pocas decisiones o no tomar ninguna. No quiero cambiar, quiero ser un eterno adolescente, aunque ya peine canas.

¿Y hasta qué edad podemos salir sin que nos pete la patata?

Tengo 37 años… creo que voy a salir un poco más (ríe). Hasta que no empiece a hacer el ridículo, no me voy. Yo me llevo muy guay con los chavales, con los jóvenes de ahora. Me encuentro a gusto. Con los Carolina Durante o los Trinidad. ¡Que tienen 22 años…! La madre que los parió.

Leí que el otro día decías que hay falta de referentes para la gente de ahora.

Sí, o sea, faltan como grandes cabezas, pero a la vez hay 70 millones de grupos que son mejores que los de antes, aunque no tengamos a un David Bowie. Nadie escucha un disco ya de pé a pá setenta millones de veces… la forma de consumir cultura ha cambiado radicalmente. La gente se hace sus temitas de dos minutos y entran de puta madre y pueden vender más. Bien. Pero grupos como Carolina Durante o La Trinidad no van por ahí: sinceramente creo que ellos tienen otra filosofía, otra cultura. No tienen nada que ver. El otro día en La Riviera estaba súper orgulloso. Chavales que sin ningún tipo de pretensión llegan y hacen lo que están haciendo: me encantó. Carolina Durante es un grupo generacional y van a pasar a la historia como un grupo generacional. Lo pienso totalmente, no sólo por sus canciones: las letras de Diego son acojonantes, y cómo las defienden en directo, y su estética de “yo paso de todos vosotros, hijos de puta”. Se cagan en el indie y están cambiando poco a poco el panorama nacional.

¿Qué crees que necesita escuchar la gente de tu generación?

Bueno, el otro día en la Wurli aluciné porque no había visto a tal cantidad de calvos saltar en mi vida. Nosotros tenemos un problema en cuanto al target generacional bastante serio. Hemos enganchado a los mayores de 35 hasta que llegan a los cuarenta y pico. Creo que quieren letras divertidas y que vayan de otro rollo, y que, a la vez, te hagan un poquito de pupita… Somos la generación del descontento, somos los primeros a los que les dijeron “estudia, estudia, estudia”, y estudiamos mucho y no nos comimos una mierda. Somos escépticos. Y nos gusta reírnos prácticamente de todo, especialmente de lo serio. Partimos de eso, y de la idea de “mira, paso de todo ya, tengo una edad y me dan igual tus movidas: no me las creo”.

Pensando en Lance Armstrong, pregunta: ¿hay más droga en en ciclismo o en los festivales españoles?

(Ríe). No conozco tanto el mundo del ciclismo, pero te diría que hay bastante droga en los festivales españoles.

¿En qué te lo gastarías si te haces rico con el grupo?

Yo soy una persona mayor… ¡en un pisito! Me pillaría un pisito. Hombre, si me hago rico, rico, rico… pillo un diente de oro.

¡Qué feo! ¿Para ti?

No para ponérmelo yo, pero se lo pondría a Alan Queipo (risas).