Decía Virginie Despentes en Teoría King Kong -su más célebre ensayo feminista- que la feminidad era una “hipocresía”, no más que “el arte de ser servil”: “Entrar en una habitación, mirar a ver si hay hombres y querer gustarles. No hablar demasiado alto, no expresarse en un tono demasiado autoritario, no hablar de dinero. No querer tomar el poder. No querer ocupar un puesto de autoridad. No buscar el prestigio. No reírse demasiado fuerte. No ser demasiado graciosa”.

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Apuntaba que todas las cosas divertidas, o todo lo que hace que alguien gane terreno, ha sido considerado tradicionalmente como “viril”: “Beber: viril. Tener amigos: viril. Hacer el payaso: viril. Querer follar con mucha gente: viril. Responder con brutalidad a algo que te amenaza: viril. Llevar ropa práctica: viril”. Es fácil pensar en ese extracto cuando nos plantean el paisaje de varios varones bebiendo entre ellos -o, ruidosamente, practicando juegos de beber, cánticos, jolgorios, retos entre unos y otros-. Varones hablando de conquistas. Fardando sexualmente. Contando batallitas testosterónicas.

Puede parecer incluso una imagen moderna, pero lo cierto es que la historia nos enseña que esa suerte de hobby se lleva practicando siglos. ¿Cuándo arrancó, por qué? Bien, según el investigador estadounidense Michael Fontaine, de la Universidad de Cornell, viene desde muy atrás, casi desde que los jóvenes -en plena ebullición hormonal- fueron privados de las grandes gestas y los enfrentamientos caballerescos. Quizá porque les tocó una época de paz y se aburrían. Quizás porque la civilización se abría paso y había que divertirse de otras maneras que no implicasen arrancarse la cabeza.

Guía de alcohol

Fontaine ha traducido una “guía de alcohol” que data de 1536 donde e esboza que el consumo exagerado de alcohol, el hacerse el ‘gallito’ con las proezas sexuales y las reyertas en tabernas ya eran, hace cinco siglos, el ritual normal de una noche entre chavales. La obra se titula Cómo beber. Una guía clásica del arte de embaucar, y su autor original es Vincent Obsopoeus, un erudito humanista de Ansbach, que exprimió todo el jugo de los viñedos de Franconia.

El poema, en latín, mientras por una parte invita a la moderación y al consumo razonable de alcohol, acaba ofreciendo consejos para ganar “juegos de beber”. Tan, tan rudos, que uno de los integrantes acababa siempre desmayándose al acabar, perdiendo el conocimiento. Fontaine apunta, al respecto, que este poemario, avalado también por otras fuentes, sugiere que el origen de esta cultura del bebercio compulsivo se empezó a dar en la Rupa Central a finales de los siglos XV y XVI.

“Había un montón de hombres jóvenes o de mediana edad muy entrenados, hipermasculinos, musculados, pero nada de eso les servía de mucho. Estaban frustrados, enfadados, dando vueltas de un lado hacia otro, aburridos. ¿Qué salida pudieron encontrar para canalizar sus energías competitivas, si no era la guerra, y afrontar sus trabajos tristes y precarios? A juzgar por el poema de Obsopoeus… la solución fue el alcohol”, ha señalado el experto.

Censurado por la Iglesia

El poema aparece en un compendio de tres libros: los dos primeros enseñan a beber con “sensatez”, incluso instan al varón a quedarse en casa y tomarse una copita con su esposa, sin locuras. Era la búsqueda de una “embriaguez lúcida”, donde primaba el autocontrol y el “sujetarse la lengua”, es decir, no acabar tan ebrio que uno acabase confesando secretos o informaciones confidenciales que podrían traerle problemas.

Pero en el libro tres llega el despiporre: indicaba el autor cómo jugar a los dados para que, el que perdiese, tuviese que beber como un cosaco, hasta la inconsciencia. Habla de cómo pelear con otros hombres embriagados por la bebida. Esta parte, como es obvio, resultó más problemática y llegó a ser prohibida por la Iglesia Católica.

“El poemario es interesante porque nos habla de la cultura de la fraternidad de entonces. En Alemania ya se daba y, claramente, esa cultura se orientaba a la fiesta. Ya en esos siglos burlaban los mismos tabúes sociales que seguimos teniendo hoy y empleaban palabras obscenas, presumían sobre sus aventuras sexuales, etc.”, revela el experto, asegurando que Obsopoeus pareció ser “la primera persona de la historia en dibujar y caracterizar con tanta precisión la masculinidad tóxica”.

Es más, llegó a escribir que esos hombres borrachos que se jactaban de su potencia sexual y entonaban cánticos lascivos estaban “escupiendo veneno de serpientes por la boca”.