“Sororidad y feminismo para TRANSformar. ¡Mujeres lesbianas, trans y bisexuales en acción! ¡Por las más vulnerables!”. Este es el lema del orgullo LGTBI de 2020, y no es un lema elegido por casualidad, ya que muestra uno de los principales debates y motivos de disputa en los últimos meses: la batalla en el feminismo entre las TERF (Trans exclusivas) y aquellas que manifiestan que las mujeres trans son eso, mujeres y como tal tienen que estar defendidas. Una pelea que ha incendiado las redes sociales y que ha llegado hasta ese lema en el que piden sororidad a todas las mujeres y reconocer a las trans sin ambages. 

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Justo en este momento llega también Disclosure, el maravilloso documental de Netflix sobre la representación trans en el cine desde sus inicios. Un trabajo que abre los ojos y que da voz a sus protagonistas para que ellas y ellos (mujeres y hombres trans) cuenten en primera persona cómo ven ellos la imagen que Hollywood ha dado del colectivo. Spoiler. No es buena. Hay cambios y mejoras, pero queda mucho por hacer. Escuchar sus testimonios hace que el espectador se ponga en la piel del otro, y que vea con sus ojos lo importante que es que el cine construya referentes para colectivos que siempre han estado marginados y atacados.

El documental está dirigido por Sam Feder, y en él hablan a cámara actrices como Laveren Cox -primera mujer trans en ser nominada a los premios Emmy- o Lily Wachowski, directora de Matrix, entre otras y otros muchos. Todos cuentan su experiencia, se emocionan y analizan el cine desde una óptica necesaria, comprometida y que puede contribuir a cambiar muchas cosas en la representación trans en el audiovisual, una representación, que existe desde los inicios del cine, aunque casi siempre en esos momentos la transexualidad era motivo de chiste. Hombres vestidos de mujeres.

Fotograma de Boys don't cry.

En esos inicios aparece un nombre como D.W. Griffith, creador del lenguaje cinemtatográfico y autor de una de las películas más racistas de la historia: El nacimiento de una nación. Pues bien, el señor Griffith se descubre aquí también como tránsfobo por su Judith de Bethulie, donde sreía de un personaje transgénero. Ese fue el canon que se repitió desde entonces en Hollywood durante décadas. Para ellos eran hombres que se disfrazaban de mujeres y de los que había que reírse. Las mujeres trans no se veían representadas y sufrían maltrato y bullying en su vida real mientras que el cine se mofaba de ellas.

En el documental se da un dato esclarecedor. El 80% de las personas reconocen que nunca han conocido a una persona transgénero. Por tanto, la representación que hacen estas personas cuando dirigen una película se basa en lo que han visto y leído, por lo que la falta de referentes es clave para perpetuar estereotipos. En el cine las trans han pasado por varias fases: han sido víctimas de asesinato, perturbadas asesinas, secundarias graciosas o prostitutas, su papel estrella. Nunca ha habido papeles empoderadores, y los éxitos de taquilla donde había algo parecido a una representación son títulos como Señora Doubtfire o Esta abuela es un peligro.

Pero, ¿dónde está la representación positiva? No hay mujeres u hombres trans que no estén definidos por esa condición, sino que sufren todos sus estigmas. En las series se repite, por ejemplo, la misma trama. Un hombre o mujer trans que tiene que elegir entre el cambio de sexo o su salud, ya que las hormonas le están produciendo cáncer. Un estereotipo que todas coinciden en que es pernicioso. Es curioso ver cómo en Disclosure los propios referentes cambian de significado. Todos coinciden en lo importante que fue un filme como Boys don’t cry, por el que Hillary Swank ganó el Oscar por dar vida a un hombre trans, pero desde la actualidad se ven fallas. Se eliminó a un personaje trans de color, y por supuesto se eligió a una actriz de Hollywood para dar vida al personaje.

La inerseccionalidad, y cómo la raza, la clase y el género se cruzan es uno de los muchos temas que se hablan, igual que la falta de actores y actrices trans. Para ellos esto muestra que para Hollywood siguen siendo mujeres disfrazadas, y que eso lo que hace es reforzar la violencia contra ellas. Hace falta romper esa barrera, y si las mujeres trans no pueden hacer otro papel, tienen que al menos poder hacer el de mujeres trans. También deben ser guionistas y directores trans y no cis los que cuenten sus historias para que estas sean realistas y veraces.

Disclosure es un retrato poliédrico, lleno de aristas y de temas importantes. ¿Por qué las mujeres trans usan roles hipersexualizados?, ¿cómo han retratado otros colectivos a los trans?, ¿cómo ha evolucionado en la televisión?… Son debates que aparecen, y otros que no se suelen tener y que abren los ojos. ¿Por qué hay más mujeres trans en Hollywood que hombres? Pues porque el mercado las puede explotar más fácil. Laverne Cox es una buena imagen para una alfombra roja, lleva un vestidazo y es glamour, pero un hombre trans es un señor con traje. El mercantilismo hasta de la propia lucha.

Uno de los momentos más importantes y que también deja claro la importancia de los referentes muestra cómo una escena en una película puede crear un canon destructivo. En Juego de Lágrimas, de Neil Jordan, cuando Stephen Rea descubre el pene de su amante vomita. Le produce asco. Una escena que desde ese momento se repite una y otra vez en filmes como Agárralo como puedas y alcanza su cima en Ace Ventura, donde el personaje realiza una performance al descubrir que ha intimado con una mujer trans y una decena de personajes escupen o vomitan cuando se enteran. Hollywood le dice a la gente que la reacción que hay que tener ante un cuerpo trans es el vómito. Disclosure no es condescendiente. Es duro, realista y muy necesario. Su visionado debería ser obligatorio en todas las productoras de cine y en todos los colegios, porque el cambio pasa por ahí.