Clint Eastwood cumple 90 años. Y lo hace al pie del cañón, con su última película recién estrenada -Richard Jewell- y con fuerzas para volver a ponerse detrás de la cámara. Su vida, y su carrera, son un repaso a la historia del cine, y especialmente de ese cine clásico que representa y del que es su último ejemplo.

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Antes que director, Clint Eastwood ya había estado tanto tiempo delante de la cámara que sabía lo que quería hacer y lo que no. Sus wésterns, sus películas de Harry el Sucio... papeles que construyeron su imagen de tipo duro de gesto impenetrable con quien no querrías tener una discusión.

Fue pasados los 40 cuando se lanzó a debutar como director y demostró que si delante de la cámara era un imán, detrás era capaz de emocionar con la honestidad de los grandes directores clásicos. No ha habido género que se le haya resistido, y hasta hizo concesiones al fantástico en Más allá de la vida. Es uno de los grandes directores de la historia del cine y, aunque sea difícil elegir, estas son sus cinco mejores obras.

Forest Whitaker como Charlie Parker.

'Bird' (1988)

Un biopic de Charlie ’Bird’ Parker que normalmente se olvida cuando se repasa la carrera del director y que es una de las películas que mejor ha retratado el mundo del jazz. Eastwood muestra respeto y admiración sobre el personaje y sobre la música y emociona, igual que lo hace la increíble interpretación de Forest Whitaker, que ganó en el Festival de Cannes pero que fue injustamente olvidada en los Oscar, donde el filme sólo consiguió ser candidata (y ganar) al premio de Mejor sonido.  

'Sin perdón' (1992)

Quien si no iba a resucitar el western en la década de los 90. Lo hizo de la mejor forma posible, con una obra maestra que le consagró como director y que le hizo ganar su primer Oscar como director (la película ganaría otros tres premios, entre ellos Mejor filme del año). No era sólo un homenaje al género que lo había consagrado, también una reflexión a sus mitos y hasta una reinvención. También su mejor papel como actor.

Meryl Streep y Clint Eastwood en Los puentes de Madison.

'Los puentes de Madison' (1995)

Clint Eastwood nos había engañado durante años. Su imagen de tipo duro, casi sin sentimientos había calado, y de repente se desmarcó con una de las películas más románticas y hermosas del cine. Un drama sobre el amor, la culpa y el peso de las decisiones que tiene varias de las escenas más devastadoras del género, como ese encuentro bajo la lluvia y esa mano en el manillar de un coche que puede cambiar la historia. Si no lloras con Los puentes de Madison acude a tu doctor más cercano.

'Mystic River' (2003)

El nuevo milenio sentó de maravilla a Eastwood, que comenzó a regalarnos obras maestras cada dos por tres. La primera fue esta adaptación de la novela de Dennis Lehane. El guion de Brian Helgeland sentó de maravilla al director, que logró una obra maestra sobre el peso del pasado, los traumas, el silencio y la culpa. Una pena que tuviera que enfrentarse en los Oscar con el fenómeno El retorno del rey, porque merecía más que las dos estatuillas que lograron Sean Penn y Tim Robbins por sus increíbles interpretaciones.

Clint Eastwood en el rodaje de Mystic River.

'Million Dollar Baby' (2004)

No pasaba nada, Clint Eastwood se desquitaría de su derrota un año después gracias a esta nueva obra maestra, dolorosa y brillante, que usa el boxeo para hablarnos de la entrañable relación de un maestro y su pupila y terminar convertida en el alegato más brillante, valiente y hermoso que ha dado el cine en favor de la eutanasia.