Ya va quedando muy poco para que Supervivientes comience su cuenta atrás. Cada vez son menos los concursantes y percibo unos gélidos huecos en la palapa que anuncian la entrada en un ecuador que nos va a dejar huérfanos a los que nos gusta este reality. Y me da pena, no lo puedo evitar. Diré que la gala doce del concurso me ha gustado bastante, pese a que he experimentado un sentimiento que no creía que existiese en mi catálogo: he echado de menos a José Antonio Avilés. Sí, algo se nos fue a todos con él. Veo que el programa anda cojo sin sus fantasmadas y alaridos de periodista aguerrido.  

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Ay, Avilés, dejas una plaza tan grande como la paz que se respira sin ti. Reconozco que a veces demasiada tranquilidad para un concurso como este que se alimenta tanto de la jarana. Hay tres cosas que destaco de la gala de este jueves: una prueba de recompensa bastante polémica -una vez más se han saltado las normas para que los concursantes coman-, el nacimiento de una prohibida historia de amor/roneo/flirteo entre dos concursantes y, aquí viene lo gordo, la gran bronca que han protagonizado Hugo Sierra (46 años) e Ivana en directo después de haber roto su relación hace unos días. 

Ivana hablando de Hugo en la palapa. Mediaset

No sé por qué, pero esta historia me ha tenido enganchado el tiempo que ha durado. Y no será porque me la haya creído, nada que ver. Precisamente, creo que por eso: porque siempre la he visto oportunista y marcada por los tempos televisivos. El amor nunca existió: fueron dos seres que se necesitaron y que se echaron a los brazos del otro para satisfacer sus necesidades, y no solo a nivel de deseo sexual. Aquello nunca hubo por dónde cogerlo, nadie se lo creyó y miraron para otro lado mientras rumiaban. Él, ex de Adara Molinero (26) y despechado cuando pisó la isla, engatusó a Ivana, y a los tres días de concurso ya estaban protagonizando escenas tórridas que tan solo se creían ellos. Y ni siquiera eso. 

Ojo, que no quiero decir que Ivana fuera la típica chica pusilánime y sin personalidad que cae en el yugo de Hugo, no, nada que ver: ella es lista y sabe que está en un concurso y que esto le iba a beneficiar. Por eso mismo no me creo esta historia, porque él la deja de un día para otro y sin dar explicaciones y el amor se acabó de súbito, tan pronto como pareció llegar. Así, como por ensalmo se esfumó. Qué caprichoso es el corazón, ¿verdad? El caso es que Ivana es muy larga y a oportunista no la gana nadie. 

Vale, tú me dejas como lo has hecho delante de toda España, pero tranquilo que yo me voy a cobrar la venganza a mi manera. Y así lo está haciendo: humillando a Hugo en directo, llorando como alma que lleva el diablo ese desgarro sentimental. Haciéndose la lamentatriz de Jeremías. Diciendo por las esquinas que no entiende nada, que Hugo es un desalmado, que cómo puede prometerle amor eterno y, de pronto, dejarla en la cuneta sentimental. Y él, frío como un témpano, se equivoca al congelar el gesto en medio del chaparrón: usa un lenguaje que entiendo machista y desafortunado que lo va a arramblar en el concurso. No le favorece ese papel de macho alfa y sin sentimientos, e Ivana se relame por dentro porque sabe que va a acabar con él. 

"Que no quiero volver con ella, si no lo quiere entender que no lo entienda", se refuerza él sacando pecho mientras ella interpreta su mejor papel: "No conozco a Hugo, no sé quién es. Nunca me importó la diferencia de edad, pero la madurez no va en la edad. Cómo quieres que esté si te dicen que te quieren y a los dos días te dejan". Sublime interpretación. Ya lo dije hace unos días: Ivana gana el concurso, pero no porque la gente se la crea, en absoluto: se llevará 200.000 euros porque Hugo no ha jugado bien sus cartas y uno siempre empatiza más con el dejado. 

Rocío Flores y Albert Barranco, muy sonrientes, en la palapa de Honduras. Mediaset

¡Más cosas! Creo que entre Rocío Flores (23) y Albert Barranco algo ha florecido en la isla de Honduras. Y no me refiero solo a la amistad de la que hacen gala. No, ahí existe algo más. Les cuento que por culpa de una prueba Barranco está luciendo en taparrabos estos días y en tanga. Algo que parece incomodar de manera exagerada a Rocío. Es mencionarle a Albert y se ruboriza de manera escandalosa, se miran y no pueden evitar ponerse nerviosos. Ella se enfada con él y lo hace como cualquier zángana enamorada. Sí, sí, ya sé que ella tiene novio fuera. Pero, ¡quién no ha caído alguna vez en la tela de araña de los amores imposibles y prohibidos! Ahí lo dejo. 

Y me despido hablando de la prueba de recompensa de este jueves. No me ha parecido nada bien que la organización haya dado hasta dos oportunidades a los concursantes para que se coman, cual hienas, una gigantesca lasaña. No lo veo bien porque no se la merecían. Las pruebas están para respetarlas y si a la mínima pena que nos den vamos a ser laxos con las normas, ¡mal vamos! ¿Y qué me dicen de que Rocío, pese al castigo de no comer caliente durante tres días, haya podido disfrutar de la lasaña! Muy feo que se amañe una prueba para tenerles el estómago lleno. Yo no lo veo bien y parece que parte de Twitter tampoco. La esencia de Supervivientes se ha perdido. 

SALVADOS: Jorge y Elena

EXPULSADA: Yiya

NOMINADOS: Hugo, Jorge e Ivana

[Más información: Avilés, ¡por fin en su casa! La expulsión de Supervivientes de la que ni sus peloteos e inventos le han salvado]