La historia hay que contarla como se merece; con todo lujo de detalles. Resulta que hace unas semanas un servidor recogió, raudo, uno de los mayores errores en directo -si no el que más- de Eva González (38 años) como conductora de La Voz Senior. La mujer, bellísima, esbelta, sin un pero que la descienda de un podio que cada día asfixia más -¿esta mujer veranea, se excede, come mierdas varias, ¡no, no, no!-, llegaba Eva al plató de los asaltos -esa suerte de elección en la que cada coach selecciona a los mejores-. La presentadora se equivocó; dijo "el último asalto" cuando era el primero... y las redes, el planeta y el mundo la quemaron en la plaza pública de los adalides de lo correcto.

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Juro por Dios que escribí con algo parecido a la mala conciencia -fíjate, yo, que me he educado en la premisa de que la verdad no te arruine una buena historia-. Resulta que yo tiré carnaza, hice leña del árbol caído cuando Eva salió, radiante, y soltó -qué penas- lo que sigue: "Bienvenidos a los ÚLTIMOS asaltos de La Voz Senior". Yo, recogiendo el nerviosismo de la red, la agitación mezclada con la incertidumbre, hablé de "error garrafal". En ese momento, se pusieron en contacto conmigo desde Antena 3 para hacerme ver que, ay mi mala baba, el patinazo no había sido de Eva. ¡Nada que ver! 

La presentadora durante el último programa del concurso. Atresmedia

Sin entrar en excesivos detalles, la cosa es que, al no ser un directo y ante un grueso de grabación, en el montaje hubo un error y se emitió lo que no debería por parte de la presentadora que, vaya cosas, grabó los dos programas, Los Asaltos, presumiblemente, con la misma ropa, un atuendo en blanco roto que confundió. Sea como fuere, ¡nunca fue suyo el error! Aquí un servidor, ante un fallo técnico, se arrodilla y humaniza. Bah, bah, bah, hasta ahí el Jesús bueno, comprensible y comido por el zen. Sin embargo, este miércoles he vuelto a poner La Voz Senior. 

Rollo a eso de las 22:54 horas de la noche, segundo arriba, segundo abajo. Palabrita del niño Jesús que purificado, límpido, sin mal rollo ante el análisis televisivo. Como recién echao al mundo. Sale Eva, esta vez con un vestido brilli brilli largo, gris y con raja sexy a uno de los lados, y vocifera, la insensata: "Bienvenidos, coaches, público, a la gran final de La Voz Senior". Bah, no he oído bien. Imposible, calla, calla, calla, demonio... después de aquello de hace unos días... ¿quién se cree esto?

En este momento, al segundo, mi pareja, desde la cocina haciendo unas pechugas, me lo pregunta tibiamente -sabe que, como lo haga con energía y delectación, me lanzo sin miedo a darle a la tecla de publicar. Él no conoce el nervio, discúlpalo-: "¿Ha dicho la gran final? Yo he oído eso". Al quite, un wasap: "Otra vez, tío". El problema es que como ha sido a primerísima hora del programa, después justo de El Hormiguero, y, seamos francos, no los mueven el mismo número de masas... el resbalón de Eva se ha quedado deslucido por Twitter. ¡Pero ha existido! 

Recuerdo, al punto, que cuando publiqué el primer patinazo de Eva me hicieron ver muy claro que eso fue un error de montaje, que ella no tuvo nada ver en el tema al no ser un espacio en directo. Entonces, me pregunto yo aquí, en mi noche desangelada: ¿puede ser que a la cadena le vaya la marcha y, hups, deje errores para crear morbo? Juro por mi familia -y por ese hombre que comparte mi vida- que lo llega a creer. Si no, ¿porqué no se la protege más? Apostillo con lo mismo de entonces: ¿es que los programas no se supervisan antes por varios ojos? Digo, ¿eh?, solo digo. 

Por cierto, no me puedo ir con hablar del atuendo estrafalario de Paulina Rubio (48). De rojo pasión, con una suerte de escafandra estrafalaria, la coach ha llamado poderosamente la pasión. Ay, amor mío, ¿dónde quedó lo tradicional? Por cierto, ¡¡¡paren máquinas!!! ¿Es Paulina de verdad esa señora? Que me quiten mi sueldo durante... No, el sueldo no. El caso es que Paulina está muy operada, tiene, de hecho, un problema con la cirugía. ¡Hay que quererse, mujer! ¡Menudo mensaje lanzas a la sociedad! Termino de escribir y cojo el móvil, flagelándome:  "Doctora Barba, ¿para cuándo un hueco". 

[Más información: El insultante papel de David Bustamante en La Voz Senior: solo cobra por sonreír]