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Ana Aznar Botella (44 años), hija del expresidente José María Aznar (72) y de la exalcaldesa Ana Botella (72), creció en el epicentro del poder político español. Sin embargo, ha construido una trayectoria que discurre lejos de los focos que acompañaron su infancia en La Moncloa.

Psicóloga infantil, investigadora, conferenciante y autora, Ana ha preferido siempre la discreción a la exposición pública.

Paradójicamente, ha sido su propia profesión la que la ha llevado a hablar con una franqueza inusual sobre su vida personal, su maternidad y los desafíos que ha afrontado en la crianza de sus cuatro hijos junto a su marido, Alejandro Agag (55).

Ana Aznar junto a sus padres y tres de sus cuatro hijos en una imagen captada en 2011. Gtres

Su participación reciente en el programa Tras el Telón ha permitido conocer su faceta más íntima. Aznar repasa sus primeros años como madre, una etapa marcada por la distancia y la soledad.

Vivía entonces en Londres, lejos de su entorno cercano, y afrontaba la crianza de sus hijos sin la red de apoyo que había conocido en España.

Describe ese período como exigente, lleno de momentos de aislamiento que, según explica, la obligaron a fortalecerse y a aprender a sostenerse a sí misma.

"Cuando los tuve, lo que más recuerdo es tener momentos de mucha soledad. Los gestioné como pude, con momentos mejores y peores, pero me hice más fuerte, aprendí a estar sola...".

Ser madre joven, admite Ana Aznar, tiene una parte positiva. Ahora lo ve claramente, en perspectiva: "Ahora mis hijos son mayores, algunos ya adolescentes, y yo soy joven y me queda mucho tiempo para disfrutar con ellos, acompañarles en su vida...".

Reconoce que en casa ha impuesto límites, que son fundamentales. En su opinión, la ausencia de límites no se traduce en libertad, sino en desorientación. Incluso llega a afirmar que muchos niños interpretan esa falta de contención como una forma de desamor.

Ana Aznar junto a su marido, tras dar a luz a su hijo Alonso. Gtres

Para Aznar, marcar líneas rojas es una herramienta esencial para enseñar a gestionar la frustración, una habilidad que considera imprescindible para la vida adulta.

A su modo de ver, esas líneas rojas deben marcarse porque "se tienen que acostumbrar a que la vida no es siempre como quieren, gestionar la frustración, porque si no te dicen que no a nada, no tienes frustración".

En su reflexión aparece un elemento que atraviesa a muchas madres: la culpa. La psicóloga la define como un sentimiento "criminal", omnipresente y paralizante.

"Soy madre de cuatro de diferentes edades y pienso mucho en eso. Cuando eran pequeños tuve mucho sentimiento de culpa y luego, gracias a mi trabajo, he penado mucho en eso y cada vez que me machaco a mí misma me pregunto, ¿qué he hecho mal?", explica Ana.

Y abunda: "Y si no he hecho nada mal, lo saco de mi cabeza. También quitas mucho la culpa explicándoles las cosas, colocándoles en tu vida... Hay que decirles que son nuestra prioridad, pero que no son lo único en nuestra vida y que hacemos lo que podemos".

Explica que una de las claves es comunicar a los hijos cómo encajan en la vida de sus padres. No se trata de relegarlos, sino de explicarles que, aunque son una prioridad, no son el único eje de la existencia adulta. Esa transparencia, afirma, reduce la presión y ayuda a los niños a comprender la complejidad del mundo real.

En esa línea, Ana rememora una anécdota junto a sus hijos: "Cuando empezaron a tener teléfono me mandaban mensajes diciéndome que les llamara urgente. Entonces estaba en una reunión y tenía que salir. O de repente me llamaban y no contestaba..."

"Oye, yo os quiero muchísimo, pero no estoy las 24 horas del día sentada, con el teléfono en la mano, esperando que me llaméis. De eso se tienen que dar cuenta y hay que decírselo. Para nosotros son lo más especial, pero no son lo único", asevera la hija de José María Aznar.

Concluye Ana Aznar que, como madre, repite los mismos patrones que emplearon sus padres con ella: "A los padres no los entiendes hasta que no eres madre. El amor hacia un hijo y lo que estás dispuesto a hacer, hasta que no lo tienes, no lo sabes. Ni tampoco los esfuerzos y sacrificios que tus padres han hecho".