El lunes por la mañana las cámaras estaban puestas en el gran número de asistentes a la misa funeral de Montserrat Caballé, con personajes de la talla de la reina Sofía (79) o Pedro Sánchez (46). Pero al amparo del anonimato propio de su puesto había un personaje que consiguió pasar desapercibido: el padre Apeles (52).

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Informaciones publicadas este miércoles en La Vanguardia aseguraban que el clérigo había oficiado la misa cuando tenía prohibido intervenir en celebraciones públicas en la diócesis de Barcelona. Unos datos que el padre Apeles considera "inexactos": "Yo no fui quien presidió la celebración, sino que estaba el padre Ángel (81), de los mensajeros. Yo simplemente asistí como admirador de Caballé, con quien he tenido algún trato", explicaba el clérigo a JALEOS.

El padre Ángel llegando al funeral de Montserrat. Gtres.

También ha querido dejar claro que, aunque él no ofició la ceremonia, podría haberlo hecho ya que sobre él no pesa ninguna prohibición. "Yo solo tuve una sanción canónica hace 20 años en Madrid de Rouco Varela (82). Pero, a parte de eso, no tengo absolutamente nada más. Por lo tanto no tengo prohibido oficiar nada". 

El sacerdote explica que, aunque él habría estado encantado de presidir la misa en honor a la soprano, no lo hizo porque la familia "pidió que fuera el padre Ángel". El clérigo comenta que "el día de la misa asistía en el presbiterio, que es donde están los presbíteros, me coloqué en el lugar que me dijeron, y luego me dijeron que diera la comunión, que es lo que hice". 

Niega, además, haber sido él quien se ofreciera en ese momento (otro detalle que se ha hecho público este miércoles): "Si tienes fotos verás que encima del altar habría cuatro copones (los copones son como esa especie de cálices donde dentro están las hostias consagrados). Éramos cuatro curas y había cuatro copones, y a mi me dijeron: 'De la comunión en este extremo', y la di donde me dijeron, que era al lado del féretro". 

No obstante, lo que sí afirma es que dio la comunión en la mano: "Sí, tengo la costumbre de darla siempre en la lengua para evitar que se caiga. De hecho, a una señora estuvo a punto de que se le cayera, se le quedó en el vestido y tuve que volver a recogerla". 

El padre Apeles era un gran admirador de Montserrat Caballé, a quien había seguido a lo largo de toda su trayectoria profesional, y se ha visto muy afectado por la muerte de la soprano. Sin embargo, piensa que la artista no ha recibido el reconocimiento que se merecía: "Yo le dije precisamente a la hija el día antes: 'Yo creo que una persona como Monsterrat Caballé, siendo una persona de esta importancia musical y para nuestra ciudad y país, creo que se le debería de haber hecho otro tipo de funeral'. 

Concretamente, el clérigo tenía una propuesta que ya compartió a través de sus redes sociales el día anterior a la misa: "Yo hubiese encontrado mucho mejor que se hubiese hecho una capilla ardiente en el Teatro de Liceo o en el Ayuntamiento de Barcelona, y luego una misa en la Sagrada Familia o en Santa María del Mar, lugares donde ella había cantado incluso para el Papa. Una misa hecha, además, a la altura musicalmente: con un coro, una orquesta".  

Pero la soprano y su familia no querían que su funeral fuera tan multitundiario y público como propone Apeles: "Me dijo la hija que había sido precisamente Montserrat la que había pedido una ceremonia así y que no quería ni ser mostrada (de ahí que el ataúd estuviera cerrado)", explica el sacerdote.