Un juez ha reconocido el derecho de Patrizia Reggiani (68 años), conocida como la viuda negra de Italia, a cobrar una pensión anual de un millón de euros procedentes de la herencia de su exmarido Maurizio Gucci, el mismo que ella mandó asesinar. Tras 16 años en la en la prisión de San Vittore en Milán por instigar el asesinato, y después convertirse en una mujer libre, Reggiani se dispone ahora a recibir ese dinero con carácter retroactivo. De entrada le corresponden 24 millones por los atrasos. Cuando Gucci y su esposa se divorciaron en 1985 (10 años después sería asesinado), firmaron un acuerdo en el que el empresario se comprometía a pagar a su exmujer 1,1 millones de francos suizos (un millón de euros) cada año, durante toda su vida. Después del homicidio las dos únicas hijas de matrimonio Alessandra (40) y Allegra (35), y herederas únicas de todo el patrimonio de su padre, se negaron a que su progenitora recibiera la cantidad estipulada durante su separación.

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Al margen de toda moralidad y del deseo de las hijas, la sentencia del tribunal de Apelación de St. Moritz lo deja claro: "El pago para toda la vida a favor de Patrizia Reggiani es fruto de un acuerdo previo al homicidio y no ha prescrito con el asesinato. El comportamiento, penalmente sancionado, de Reggiani es en este caso irrelevante". Es decir, que el que ella contratara a un sicario para que le pegara un tiro en la cabeza a su marido es otro asunto diferente al del dinero. Una cosa no invalida la otra. Alessandra y Allegra no se lo van a poner nada fácil a su madre y ya han asegurado que están dispuestas a llevar el caso hasta el Tribunal Supremo.

Maurizio Gucci y Patrizia Reggiani

Un ataque de celos llevó a Patrizia Reggiani hace 22 años (en 1995) a planear y ordenar el asesinato de la cabeza más visible de la famosa marca de moda italiana. En 1995 cuando Mauricio atravesaba el portal de su domicilio en su vivienda de Milán recibió el impacto de tres balas en su cabeza. Su muerte conmocionó a todo el país. Tras varios meses de investigaciones para aclarecer el suceso se descubrió que la mujer de la que llevaba diez años separado había ordenado su homicidio contratando a un pistolero a través de su vidente, Pina Auriemma. Gucci acaba de comenzar una relación sentimental con Paola Franchi y Reggiani no quería perder sus privilegios y que el apellido pasara a la nueva pareja de su exmarido. Por eso ordenó su muerte. Durante el juicio Paola confesó que había recibido muchas llamadas amenazantes de Patrizia.

La viuda negra en el funeral de su esposo

Fue condenada a 26 de años de cárcel, pero por su buena conducta se le rebajó la pena y ha cumplido diez menos. Durante su cautiverio pasó los días cuidando de sus plantas y de un hurón llamado Bambi. En 2014, Patrizia Reggiani obtuvo la libertad condicional con la exigencia de cumplir con algunos trabajos sociales. Alegó que ella nunca había trabajado y que no iba a ponerse a hacerlo ahora, por lo que su labor social fue sustituida por un puesto de asesora en la firma de lujo, BoArt. Desde entonces vive en una elegante villa en el centro de Milán.

UNA MUJER REPUDIADA POR LOS GUCCI

A Rodolfo Gucci, padre de Maurizio Gucci, nunca le gustó su nuera Patrizia Reggiani. La novia de su hijo no pertenecía a la alta sociedad milanesa y había nacido de una camarera y un empresario transportista. A pesar de pertenecer a una familia humilde y a ser considerada una cazafortunas, logró conquistar el corazón de su amado. "Conocí a Maurizio en una fiesta y se enamoró locamente. Yo era excitante y diferente", aseguró Reggiani en una entrevista hace unos años. Se casaron en 1972 y ella comenzó a moverse como pez en el agua en su nuevo estatus.

En 1983 murió Rodolfo y Patrizia empujó a su marido a hacerse con el control de la empresa. Este fue el principio del fin de su matrimonio, ya que las peleas entre los primos y los tíos por hacerse con el poder dinamitaron la relación. Tanto que decidieron separarse en 1990. Solo tres años más tarde Maurizio vendía la empresa a Tom Ford por 120 millones de dólares porque su fortuna empezó a decrecer. De hecho, lo que más le dolió a la viuda negra fue precisamente perder la firma de ropa. "No debía haberme hecho algo así", dijo.